El terremoto de Chile que acabó con la vida de cientos de personas y dejó sin hogar a medio millón de familias, también fracturó la imagen que el mundo tenía del país, aseguraron analistas consultados por EFE.
Hasta hace unos días, Chile se preparaba para celebrar sus 200 años como nación independiente y hace apenas un mes había ingresado a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el llamado "club de los países ricos", y los expertos pronosticaban que sería el primero de América Latina en dejar atrás la recesión económica.
Pero la tragedia del pasado 27 de febrero dejó al descubierto una profunda brecha social que, veinte años después del régimen militar, los sucesivos Gobiernos de la Concertación no han conseguido cerrar.
"Chile ya estaba dividido antes del terremoto. Hay heridas abiertas desde la época de la dictadura y otras más cercanas, como la marginación hacia los grupos minoritarios", explicó Sergio Laurenti, director ejecutivo de Amnistía Internacional.
Tras el temblor, la ciudad de Concepción fue presa del pillaje, mientras que en Santiago cundía el temor al desabastecimiento y en algunas zonas rurales los pobladores se organizaban para defenderse de los saqueadores.
"Además de los daños lamentables, el terremoto dejó al descubierto la profunda brecha social que existe en el país, un nivel de desigualdad profunda que tiene que ver con un modelo de desarrollo excluyente", manifestó por su parte el director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), José Jara.
Desigualdad
Según el último informe sobre Igualdad de Ingreso y Desarrollo Humano de la ONU, Chile ocupa el puesto 110 de un total de 124 países.
"Las escenas de saqueo revelan que este comportamiento escandaloso está basado en una división muy profunda de la sociedad, la división que genera la pobreza, que es una forma muy básica de violación de los derechos humanos", aseguró por su parte el portavoz en Chile de Amnistía Internacional.
Por otra parte, para observadores, la competencia de las autoridades tras el terremoto quedó en tela de juicio por no haber alertado a tiempo del peligro del tsunami que arrasó con las localidades costeras, la falla generalizada en las comunicaciones y las dudas para recurrir a los militares para frenar los actos de vandalismo.
"La indecisión del Gobierno no sólo dejó espacio para que la violencia floreciera. También dio ocasión para que generales y almirantes, levemente ensoberbecidos por la demanda ciudadana, abandonaran sus deberes y se comportaran de una manera inaceptable", aseguró Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales.
Para el cientista político Patricio Navia, "inevitablemente, la memoria histórica del terremoto del Bicentenario quedará asociada tanto a la destrucción provocada por la catástrofe y el maremoto, como a las imágenes de los saqueos del día siguiente".