Lograda producción para el estreno en Chile de ópera "Lulú"

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| Periodista Digital: Joel Poblete

Con una atractiva puesta en escena y una sólida entrega musical, una de las obras fundamentales del repertorio lírico del siglo XX se está presentando al fin en el Teatro Municipal de Santiago. Este sábado es la última función.

Lograda producción para el estreno en Chile de ópera
 Marcela González Guillen
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Es curioso como al tiempo que recientes producciones de óperas tan populares en el repertorio como "Las bodas de Fígaro", "Don Giovanni" y "Tosca" no han conseguido el consenso y entusiasmo del público y la crítica en lo ofrecido últimamente en el Teatro Municipal de Santiago, sean los estrenos en Chile de títulos del siglo pasado, menos "clásicos" y masivos y en buena medida más complejos y demandantes, los que han conseguido resultados más contundentes y memorables. Así ha ocurrido por ejemplo en las temporadas líricas de la última década con partituras como "Ariadna en Naxos" de Strauss en 2011, "Billy Budd" de Britten en 2013, "La carrera de un libertino" de Stravinsky en 2015 o "Auge y caída de la ciudad de Mahagonny", de Weill, en 2016. Y así ha estado pasando nuevamente en los últimos días con "Lulú", de Alban Berg, uno de los trabajos fundamentales en el repertorio operístico del siglo XX, que al fin tuvo su debut en nuestro país este pasado miércoles 22, como cuarto título de la temporada lírica 2018 del Municipal, y ha continuado ofreciendo funciones que no han carecido de obstáculos y dificultades, llegando a su fin este sábado 1 de septiembre.

Y no es un mérito menor: por sus demandas musicales y escénicas, a pesar de su importancia, esta pieza no se representa tan a menudo como se podría esperar, y sin ir más lejos, en Sudamérica sólo se ha ofrecido en Argentina, en el Teatro Colón de Buenos Aires (en 1965 y 1993) y hace sólo seis años en Brasil, en el Teatro Amazonas de Manaos. 

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Marcela González Guillen

A 18 años del debut en ese mismo escenario de "Wozzeck", la otra ópera del compositor austriaco, "Lulú" llegó al Municipal precedida por muchas expectativas, y desde hace bastante tiempo flotaba en el ambiente musical local la necesidad de que alguna vez se escenificara acá. Se trata de una obra compleja y fascinante, basada en dos obras del dramaturgo alemán Frank Wedekind (de cuya muerte este año se cumplen ya 100 años), "El espíritu de la tierra" (1895) y "La caja de Pandora" (1902), con un libreto del propio Berg, quien inició la composición en 1928, tres años después de ese "Wozzeck" que fuera la primera de sus dos contribuciones a la escena operística.

La protagonista homónima es una joven misteriosa, introvertida e indescifrable, cuya historia parte en Alemania, pasa a París y concluye en Londres, y alrededor de la cual deambulan distintos amantes, pretendientes, maridos y muertes, para desembocar en un sombrío y trágico desenlace que hasta incluye al legendario Jack el Destripador. Entremedio, Lulu caerá en la prostitución y no sólo será el objeto de deseo para los hombres, sino también para una mujer, la condesa Geschwitz.

La obra mezcla el retrato social con la mirada psicológica al universo femenino, que raya en la sátira y la parodia, entrelazando situaciones absurdas, humor negro y cruel con melodrama, tragedia y mucho erotismo. Más allá de su argumento no muy convencional para públicos más tradicionales, si "Lulú" es una obra maestra es gracias a la partitura de Berg, en la que el autor continuó desarrollando y expandiendo el estilo de la llamada "Segunda Escuela de Viena" impulsada por su maestro Arnold Schoenberg y señalando un nuevo rumbo para la música posterior al romanticismo. Lamentablemente, el proceso de composición se vio truncado con la muerte del compositor cuando aún faltaba el tercer acto de la obra, que se estrenó póstuma e inconclusa en 1937, dos años después de fallecido Berg. Y como su viuda, Helene, no estaba dispuesta a permitir que otro colega finalizara la partitura, hubo que esperar más de cuatro décadas, cuando ella ya había fallecido, para que esto sucediera: el tercer acto fue al fin terminado por el también vienés Fredrich Cerha, y la versión completa se estrenó en 1979 en el Palais Garnier de París. 

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Marcela González Guillen

Con elementos del lenguaje dodecafónico iniciado por Schoenberg, en "Lulú" desarrolla la atonalidad tan característica del expresionismo alemán, y también el demandante estilo que exige a sus cantantes mezclar a menudo el canto con los diálogos hablados. Por lo mismo, no es una obra fácil para quienes no están acostumbrados a este repertorio, y además es muy demandante para público e intérpretes, porque se extiende a lo largo de más de tres horas. Pero es absolutamente imprescindible si se quiere entender la evolución de la música durante la primera mitad del siglo XX, y a nivel teatral es muy estimulante y ofrece enormes oportunidades en lo teatral, lo que está muy bien aprovechado en este montaje del Municipal, que no sólo supera las expectativas, sino además a mi juicio en lo musical y escénico y considerando las enormes dificultades de montar un título como este, es una de las producciones de ópera más atractivas y elaboradas que se han ofrecido ahí en mucho tiempo y puede ser considerada uno de los hitos culturales del año.

Como tantas otras expresiones artísticas, la dirección escénica en ópera ha sido tradicionalmente un terreno dominado por los hombres, y por lo mismo no es de extrañar que en el Municipal no haya sido muy frecuente contar con mujeres al frente, salvo contadas excepciones, por ejemplo en los años 80 y 90 Sarah Ventura, Angela Zabrsa y Marga Niec, o en décadas más recientes sopranos que han pasado a ser directoras de escena como la legendaria Renata Scotto o la chilena Miryam Singer o el año pasado la francesa Frédérique Lombart, reponiendo la puesta en escena original de Jerôme Savary para "La cenicienta", de Rossini. Pero sin desmerecer los méritos de ninguna de ellas, puede que ninguna haya enfrentado un desafío tan grande como la artista parisina Mariame Clément, quien fue la encargada del concepto teatral en esta "Lulú". 

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Marcela González Guillen

Desde 2004 Clément ha estado dirigiendo producciones en escenarios tan reconocidos como la Ópera de París, el Festival de Glyndebourne y la Royal Opera House de Londres. Debutando en una obra tan difícil y compleja como "Lulú", que además de tener distintas capas, matices y detalles para ser interpretada, tiene una considerable extensión y diversos cambios de escena, el trabajo de la directora es muy atractivo, y en su conjunto, en medio de varias decepciones en el aspecto teatral en las recientes temporadas del Municipal, es una de las propuestas más interesantes de los últimos años en ese escenario. Los movimientos escénicos fueron fluidos con buen trabajo actoral de los cantantes, los cambios de escenografía dinámicos, y el concepto mismo, que transita entre la estética de circo, lo sórdido y patético, la comedia de situaciones, la parodia en la fiesta en París donde los invitados parecen simios, y la idea de reemplazar el retrato de Lulú por la célebre y controvertida pintura de Courbet "El origen del mundo", a modo de símbolo de cómo la protagonista es vista y representada por los hombres que la rodean. Fue muy valioso que una obra como esta, con una protagonista que puede encarnar tantos aspectos del universo femenino que justo en estos tiempos actuales se están revisando, revisitando y reinterpretando, haya tenido un montaje precisamente a cargo de una mujer.

En la entrega de Clément, con la complicidad del chileno Ricardo Castro en la iluminación, destaca especialmente el talento de la diseñadora alemana Julia Hansen, quien además de un logrado y variado vestuario desarrolló una escenografía efectiva y que contribuyó a los distintos ambientes, desde los interiores en habitaciones amobladas hasta la desoladora escena final, pasando por una gigantografía de la sala del propio Municipal, casi a modo de "teatro en el teatro" o una suerte de espejo que involucraba al propio público en lo que estaba aconteciendo en el escenario. Y por supuesto, los elementos circenses, muy bien apoyados por los actores figurantes y comparsas a través de movimientos coreográficos a cargo del director del Ballet Nacional Chileno, BANCH, el francés Mathieu Guilhaumon.

Por otro lado, uno de los grandes atractivos que tendría originalmente el estreno de esta ópera era el regreso al foso orquestal del Municipal del Premio Nacional de Música 2012 Juan Pablo Izquierdo, quien aunque en los últimos años ha vuelto a dirigir a la orquesta de la que fuera titular en los años 80 y en la que actualmente es director emérito, la Filarmónica de Santiago, no había dirigido una ópera en ese escenario desde 1984. Y considerando la destacada labor que ha cumplido en su carrera difundiendo la música contemporánea, que volviera a dirigir un título lírico ahí y se tratara de la primera "Lulú" de su ilustre trayectoria, parecía indudablemente prometedor. Pero por problemas de salud el ya octogenario maestro debió abandonar el proyecto luego de un intenso período previo de preparación y ensayos, y por eso no queda más que elogiar el logro del director residente de la Filarmónica, Pedro-Pablo Prudencio, quien asumió el inmenso desafío de abordar la partitura a menos de tres semanas del estreno. Si bien Izquierdo pudo preparar a los músicos en el tiempo previo (y en el programa de sala de la obra el teatro le agradece y reconoce su esfuerzo), no deja de ser casi titánico el desafío de Prudencio, quien ha tenido un excelente año, considerando entre otros méritos su conducción en el estreno mundial de la ópera chilena "El Cristo de Elqui", también en el Municipal; abordando una partitura de tremenda exigencia, extensa, con contrastes sonoros y abruptos giros armónicos, el director y la Filarmónica obtuvieron ahora uno de los más completos desempeños de los últimos años. 

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Marcela González Guillen

En lo que respecta al elenco, que considera a 16 solistas, la mitad de ellos chilenos y en algunos casos representando más de un personaje, está encabezado por la soprano estadounidense Lauren Snouffer debutando en el rol titular, donde además de su físico atractivo muy adecuado al rol y buenas dotes escénicas luce una voz atractiva y bien dispuesta a las enormes demandas de Lulú, que incluyen repentinos ascensos al agudo, variedad de estilos y la transición entre el canto y el diálogo hablado tan característica de la ópera alemana posterior al período romántico. Por supuesto que al ser su primera vez en este papel, aún hay detalles que la cantante deberá ir desarrollando y perfeccionando, pero para ser su primer abordaje en este titulo, su desempeño es totalmente digno de aplausos.

El resto del reparto internacional estuvo muy bien cubierto por intérpretes como la mezzosoprano Michaela Selinger, en el rol de la condesa Geschwitz, incondicional y fiel enamorada de la protagonista; el tenor alemán Benjamin Bruns como Alwa, la mezzosoprano estadounidense Rebecca Jo Loeb (con tres roles, incluyendo al estudiante y un criado), el tenor coreano Robin Yujoong Kim como el pintor y su breve aparición como el "negro" de la última escena. Destacaron especialmente el bajo germano Jens Larsen, de imponente presencia y buena expresión vocal, en el muy particular papel del anciano Schigolch, y el bajo-barítono argentino Hernán Iturralde, quien como en anteriores actuaciones en el Municipal, casi siempre en roles en óperas del siglo XX, se confirmó como un excelente cantante y dúctil actor, asumiendo ahora los roles del domador de animales que abre la partitura, y además el atleta.

En cuanto al barítono alemán Stefan Heidemann, en dos personajes tan determinantes como el doctor Schön y Jack el destripador, en las últimas funciones lamentablemente ha estado aquejado de problemas de salud, y aunque por deferencia al público ha actuado igual en el escenario, no ha podido cumplir con su cometido, incluso en la penúltima función del jueves prácticamente realizó mímica en escena, por lo que es de esperar que en la última función este sábado sí pueda volver a cantar. En los restantes personajes, muy sólidos han estado los cantantes chilenos, que incluyen al bajo-barítono Arturo Espinosa, el tenor Gonzalo Araya, la soprano Carolina Grammelstorff, la mezzosoprano Evelyn Ramírez, el bajo-barítono Francisco Salgado, el bajo Jaime Mondaca, la soprano Cecilia Barrientos y el barítono Javier Weibel.

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