La columna de Aldo Schiappacasse: El Conde Drácula en Martes 13

El comentarista de Al Aire Libre visitó el castillo de Vlad Tepes, el personaje en cuya leyenda se inspiró Bram Stoker para escribir Drácula.

Aldo Schiappacasse

A cuatro horas y media de Cluj está el Castillo de Drácula, la atracción turística más grande de Transilvania, que convoca a casi un millón de turistas al año a Rumania. La historia de Vlad “El Empalador” es todo un contrasentido para los locales, pues se trata de una leyenda con pocos visos de realidad, pero que rinde dividendos económicos evidentes.

Vlad Tepes existió en realidad en el siglo XV, y combatió con ferocidad a los invasores otomanos.

Hizo fama por su costumbre de empalar -clavar en grandes estacas estando vivos- a sus adversarios, además de sufrir una triste saga de pérdidas familiares. Fue el escritor irlandés Bram Stroker quien tomó la leyenda y la transformó en Drácula (1897), la más terrorífica de las novelas de la era moderna, que fue llevada al cine en innumerables oportunidades, convirtiendo al personaje en un vampiro inmortal, que muta en muciélago, se alimenta de sangre y no puede ver la luz del día.

Para matarlo se requiere de una estaca en el corazón o una bala de plata y para repelerlo de agua bendita o una tira de ajos.

El castillo estaba repleto el día domingo. De niños y ancianos de todas las nacionalidades, que recorrían sus estrechos pasillos en busca de vestigios de la leyenda. Hay vestimentas y elementos de tortura, obviamente, pero la fortaleza medioeval que se esconde en medio de un hermoso paisaje a los pies de los Cárpatos sólo acogió a Vlad Tepes por unas pocas noches durante la guerra.

En las afueras una feria artesanal vende todo tipo de memorabilia, incluyendo estacas y falsas balas de plata, por cierto. Y los restaurantes están llenos de visitantes ávidos de esta mezcla de ficción y realidad, que ha servido para atraer nuevos turistas en una zona donde la depredación forestal y el cambio climático hacen su labor con evidente eficiencia. 

Hay otra fortaleza -Poenari- del siglo XIII que se promociona como el verdadero hogar del Conde Draculea, pero está en ruinas y, en los últimos días, ha requerido de protección policial porque hay osos merodeando, lo que es un verdadero peligro contra el cual de nada sirven los crucifijos.

Aquí, a la Transilvania profunda, ha llegado la selección para jugar un amistoso contra un cuadro agónico. Rumania ya no es la potencia de la época de Hagi, que llegó a tres mundiales consecutivos y eliminó a la Argentina sin Maradona en el 94. Acaba de perder casi toda opción de clasificar al Mundial de Rusia tras caer frente a Polonia con triplete de Lewandowski y la prensa local apuesta por la salida del técnico alemán Christoph Daum tras el duelo contra Chile de esta semana.

 Que, dicho sea de paso, se juega un martes 13. 

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