La columna de Pelotazo: El modelo Federer

El tenista suizo consiguió su octavo Wimbledon y lo hizo con una campaña mejor que en los siete anteriores. Un tipo que no tiene techo.

Imagina que eres un tenista exitoso.

A los 21 años ganas Wimbledon.

A los 22 años ganas Australia y Wimbledon por segunda vez.

A los 23 años ganas el US Open y Wimbledon por tercera vez.

A los 24 años ganas el US Open por segunda vez, Australia por segunda vez y Wimbledon por cuarta vez.

A los 25 años ganas el US Open por tercera vez, Australia por tercera vez y Wimbledon por quinta vez.

A los 26 años ganas el US Open por cuarta vez.

A los 27 años ganas el US Open por quinta vez, Roland Garros por primera vez y Wimbledon por sexta vez.

A los 28 años ganas Australia por cuarta vez.

A los 29 años no ganas ningún Grand Slam por primera vez en nueve años y algunos expertos hablan de lo lógico que es que haya una curva descendente en tu rendimiento.

A los 30 años ganas Wimbledon por séptima vez y le sonríes a los expertos.

Entre los 31 y 34 años vives tu mayor sequía en los Grand Slam, donde pierdes tres finales, y ahora sí los expertos sentencian el descenso de tu carrera.

Sin embargo, con 35 años ganas Australia por quinta vez y Wimbledon por octava vez.

Hoy miras hacia atrás y eres el más ganador de Grand Slams con 19 coronas y nadie se atreve a vaticinar nada con tu futuro.

Cómo no va a ser notable que después de ganar todo esto te emociones con un título… ¡si tienes tantos! Porque lloraste en Londres y lo vio todo el mundo. Te ovacionaron y es para seguir aplaudiendo.

Es la gracia de ser un grande del tenis, para muchos el mejor de la historia, y ya uno de los mejores deportistas de todos los tiempos.

Esto no acaba. Dijiste tras la final ante el croata Marin Cilic: "Quiero volver el próximo año, espero que no haya sido mi último partido en este estadio. Después de la semifinal del 2016 no pensé que estaría aquí, pero siempre hay que creer que se puede llegar a la cima".

En esa última parte de la frase hay mucho de enseñanza. Confiar en los medios de cada uno y creerse capaz de alcanzar la meta. En todo ámbito de la vida. A final de cuentas lo que haces en el deporte, es un modelo a seguir para todos, sin importar que seamos tenistas.

Hace unos años el técnico Josep Guardiola hablaba de "reinventarse en el éxito" a propósito del Barcelona: ese equipo que ganaba y no se cansaba de ganar. Contigo pasa algo semejante. Cuando pareciera que se acaba la película, hay más acción para deleitar a los fanáticos.

Y como uno siempre se puede perfeccionar, este último Wimbledon fue mejor que los siete anteriores. ¿Por qué? Porque no cediste ningún set, marca que no lograba nadie desde Bjorn Borg desde 1976.

Gracias Roger Federer, por lo que vimos, por lo que vemos y por lo que veremos.

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