Columna de Aldo Schiappacasse: La pesadilla del Chico Díaz

El comentarista de Al Aire Libre en Cooperativa analizó el VAR.

Dejemos las cosas en claro: yo soy partidario del video arbitraje. Me parece que el sistema debería permitir que el fútbol se acercara más a la justicia y que se eliminaran los grandes yerros referiles, aquellos que arruinaron más de una fiesta y avergonzaron a la FIFA y a la transparencia del sistema.

Dirimir viendo una pantalla suponía clausurar el sendero a la sospecha y ponerle candado a todos los escándalos.

Pero tras el partido con Camerún, donde caímos de cuerpo presente al VAR, sólo escuché a mi alrededor, en la tribuna de prensa, un lamento unánime: "esto va a matar al fútbol". Más allá de la estruendosa exageración, habrá que conceder que sumió en una suerte de anticlímax, de gozo interrumpido, de suspenso malsano.

Me podrán decir que, fría y desapasionadamente, las decisiones fueron acertadas y que Eduardo Vargas tenía el brazo izquierdo en posición de adelanto en el primer gol, pero eso está en el mínimo margen de error de guardalíneas que cada día hacen mejor su trabajo. Era una sutileza tan fina, que en mi criterio no califica para revisión en video a no ser que los árbitros de caseta quisieran protagonismo.

En la brillante, maciza, contundente y a ratos deslumbrante victoria de Chile sobre el campeón africano hubo gente que quedó mal, atragantada, irritada y malhumorada. El Chico Díaz, por ejemplo. El portaaviones del relato en Cooperativa fue obligado a retractarse de un grito de gol que es y será su pequeña obra de arte en cada partido. Después de desgarrar su garganta en un prolongado éxtasis, debió desandar el camino por un centímetro debatible que los video-jueces dirimieron. Y en el del epílogo fue aún peor, porque para efectos del relato, de la progresión dramática, del efecto gozoso y orgásmico de la construcción oral del gol, el protagonista era Alexis, la entrada ancha a la historia, la sentencia del partido y la conclusión epopéyica de tanta desperdicio frente al arco.

Eso es una pequeña obra, con estructura, clímax y desenlace, que durante años ha sido la esencia misma del fútbol y su tradición. Interrumpirlo, cortarlo, fracturarlo para enviarlo a un trámite, a una ventanilla donde lo timbrarán con actitud funcionaria es, efectivamente, la muerte del fútbol como más nos gusta.

Habrá alguna vez en que desde arriba corrijan un error grosero y flagrante. Lo que hicieron los árbitros en este Chile 2-Camerún 0 fue matar la pasión. Y todos sabemos lo que eso significa. El final de muchas cosas. Y en Zúrich, estoy seguro, no es eso lo que andaban buscando.

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