Los Prisioneros en el Estadio Nacional: un reencuentro con todos sus éxitos
Nos vemos en diez años más. Con esta frase Jorge González dio por terminado anoche el concierto de Los Prisioneros en el Estadio Nacional luego de casi tres horas en las que no quedó ninguno de los éxitos del grupo fuera del repertorio. Las cerca de sesenta mil personas que desde temprano llenaron el recinto recibieron con una ovación al trío compuesto además por Miguel Tapia y Claudio Narea, quienes iniciaron el esperado show con uno de sus temas emblemáticos: La voz de los ochenta.
El recital se dividió en tres partes. La primera estuvo dedicada fundamentalmente a sus inicios con canciones como Brigada de negro, Mentalidad Televisiva, No necesitamos banderas y Quién mató a Marilyn, más otras posteriores como Por qué los ricos y Jugar a la guerra, que fue presentada con un ácido comentario de González sobre los empresarios que se disfrazan de militares. Un momento particularmente emotivo de esta primera parte se vivió cuando Los Prisioneros interpretaron Paramar, uno de los temas más recordados de su disco debut, La voz de los ochenta. En ese momento el estadio se iluminó con miles de antorchas mientras el público coreaba la canción. Luego de un pequeño intervalo se inició la segunda parte en la que la batería convencional fue reemplazada por una electrónica y se sumaron dos teclados: uno a cargo de González y el otro a cargo de Claudio Narea. Este segmento electrónico, que incluyó también bases programadas, se inició con una fría versión de Muevan las Industrias. Sin embargo, el entusiasmo y el calor regresaron con temas como Tren al sur y Estrechez de corazón, interpretados por primera vez por Narea, quien no participó del disco Corazones donde estaban incluidos originalmente. El segmento incluyó también el mayor de todos los éxitos del grupo: El baile de los que sobran, seguido con entusiasta solemnidad por los asistentes. La intensidad no bajó en la tercera parte del recital. Más relajado, Jorge González se tomó el tiempo para enviar algunos mensajes políticos. Llamó a no dejarse engañar por el cambio y a no votar por Lavín, recordando que cuando el Estadio Nacional fue un centro de detención y tortura el actual alcalde de Santiago no se preocupó de los problemas reales de la gente. Luego, mientras interpretaba Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos improvisó frases en contra de ése país y su intervención militar en Afganistán, defendió a la colonia árabe en Chile y cuestionó el apoyo del Gobierno a la lucha antiterrorista encabezada por los norteamericanos. Fue uno de los pocos momentos de experimentación, porque la mayoría de las letras de sus canciones respetaron sus versiones originales. Entre los temas de éste último tramo del concierto estuvieron We are sudamerican rockers, Corazones rojos, Lo estamos pasando muy bien, Quieren dinero dedicada a ellos mismos-, Sexo , Maldito Sudaca y Nunca quedas mal con nadie. Dos veces regresaron al escenario. La mayor sorpresa fue la inclusión de un tema que permaneció inédito hasta la aparición del compilado Ni por la razón ni por la fuerza, titulado Mal de Parkinson. A esa altura, todo era una fiesta, y los músicos respondían con el humor torpe que siempre los caracterizó al insistente pedido de el abrazo por parte de un público que deseaba ver sellada la reconciliación entre González y Narea. Sólo al final se despidieron los tres abrazados ante una nueva ovación de los asistentes. Hoy a las 21 horas realizan el segundo concierto de reencuentro luego de doce años. Una vez cumplido este compromiso decidirán sus próximos pasos. Según declaraciones de su manager, Carlos Fonseca, hay muchos ofrecimientos, entre ellos uno para que formen parte del show del próximo Festival de Viña del Mar.