Edil de Moscú quiere rescatar plan para desviar ríos siberianos y surtir Asia Central
El alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov, desató una polémica al resucitar un colosal proyecto soviético de desviar el curso de ríos siberianos para ayudar a países de Asia Central a hacer frente a las sequías y salvar el mar de Aral. En una carta al presidente ruso, Vladímir Putin, pidió estudiar las perspectivas de la construcción de un canal que uniese el río Obi, en Siberia occidental, con el mar de Aral.
El proyecto prevé construir un canal artificial de 2.550 kilómetros de largo y 200 metros de ancho para transportar anualmente a Kazajistán, Turkmenistán y Uzbekistán 30 kilómetros cúbicos de agua, un siete por ciento del caudal del Obi. Engendrada en los años 70, la idea de desviar los ríos siberianos fue desechada primero por Leonid Brezhnev y después por Mijaíl Gorbachov, por falta de medios y las críticas de numerosos científicos y ecologistas, que la tildaron de "demencial". Ahora Luzhkov, apoyado por algunos científicos, desenterró la idea con el argumento de que el canal terminaría con el grave déficit de agua en la zona centroasiática y, en particular, permitiría regar los campos en Uzbekistán, impulsando la industria agraria de ese país. El alcalde desata polémica cada vez que pisa el terreno político con extravagantes ideas, como de recuperar para Rusia la península ucraniana de Crimea o de restituir en Moscú un monumento al sangriento fundador del temible KGB soviético, Félix Dzerzhinski. En este caso, la idea parece tener un trasfondo geopolítico, para "atar" más a los países centroasiáticos, el antiguo patio trasero de Rusia por el que muestra creciente interés Estados Unidos, aunque en octubre pasado los presidentes de Kazajistán, Kirguizistán, Turkmenistán y Uzbekistán fueron los primeros en desempolvar el polémico proyecto. Cuando nació el proyecto tras la acelerada desecación del Aral por las irrigaciones descontroladas que fomentaron los jerarcas soviéticos en Asia Central para cultivar algodón, hasta la Academia de Ciencias de la URSS lo rechazó por irreal y "descabellado". En la actualidad la Fundación Internacional para la Salvación del mar de Aral (FISA) la advirtió que el proyecto exigiría al menos 16.000 millones de dólares y un siglo de espera para recuperar el nivel de las aguas de mar de hace 25 años. En las últimas décadas, el Mar de Aral ha perdido tanto terreno que los 68.000 kilómetros cuadrados de 1960 se han reducido a la cuarta parte, separados en dos lagos a punto de convertirse en tres. El informe de FISA alertó sobre las "profundas implicaciones ecológicas" del proyecto y señaló que la única forma de evitar la irreversible muerte del que fue el cuarto lago más grande del mundo es "ahorrar agua" y "controlar los recursos hídricos" de la región. Los adversarios del proyecto no excluyen que la construcción del canal requiera la inundación de grandes territorios tanto en Rusia como en Uzbekistán, dificulte la navegación en el Obi y convierta el Aral en un pantano. (EFE)