Jueza encabezó primeras pesquisas sobre el incendio del Pequeño Cottolengo

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Autor: Cooperativa.cl

Efectivos de la Brigada de Homicidios y de otras unidades especializadas de la Policía de Investigaciones realizaron peritajes en el pabellón Juan XXIII, al interior del recinto del Pequeño Cottolengo de Cerrillos para establecer las causas del incendio que el domingo costó la vida de cinco adultos con problemas mentales. La magistrada subrogante del Décimoquinto Juzgado del Crimen de Santiago, Lidia Bruna, dirigió las diligencias.

Sin embargo, la magistrada no quiso revelar a los periodistas las pesquisas que ordenó. Hasta el lugar de la tragedia llegó también el alcalde de Cerrillos, Alejando Alamendares, quien ofreció ayuda de primera necesidad a la congregación religiosa Don Orione. Por su parte, Roberto Huerta, comandante del Cuerpo de Bomberos de Maipú, describió las difícultades que los voluntarios enfrentaron en el siniestro, lo que significó una demora de 20 minutos desde el momento de constituirse en el lugar. Huerta responsabilizó a la ausencia de accesos. "Esto habría sido controlado en menor tiempo y su propagación habría sido detenida mucho antes si hubiese habido un acceso más cercano al interior, a la nave central. Hay más o menos 100 a 120 metros. Toda la labor nuestra ser ealizó en un comienzo desde los patios y las calles hacia el interior", afirmó el oficial bomberil. Por otra parte, el padre Gustavo Valencia, provincial de la obra de la Congregación Don Orione y director de recinto precisó que los accesos existen, pero Bomberos no se percató de ellos debido a la magnitud de las llamas en ese momento. Sin embargo, precisó que la muerte de los internos se debió al derrumbe del techo donde comenzó el fuego y no a la tardanza de la acción bomberil. "No fue por falta de preocupación o asistencia. Luego que se sacó a la mayoría de los niños cayó el techo. Incluso un vecino y las auxiliares, que son como mamás de los niños, quisieron entrar, pero no fue posible. Hubo que sujetarlas", aclaró el sacerdote. Al día siguiente de la tragedia los voluntarios del Pequeño Cottolengo no se resignan y aseguran que los marcará para siempre. "Los niños lloraban, gritaban desesperados. Muchos de ellos, horas después del incendio, querían acostarse en sus camas quemadas y había que sujetarlos entre seis a siete personas. Ellos querían retornar a su habitat natural", relataron. Algunos familiares de las víctimas también llegaron al lugar siniestrado para conversar con los sacerdotes. En tanto, facultativos del Servicio Médico Legal están a la espera de decidir si se practican exámenes de ADN para evitar errores en la entrega de los cuerpos, lo que emoraría el trámite entre siete y 10 días.