Niña que murió al caer desde piso 13 revive debate sobre seguridad en edificios

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Autor: Cooperativa.cl

La muerte de una menor de cuatro años, que este fin de semana cayó al vacío desde su departamento del piso 13 de un edificio de la comuna de San Miguel, repuso en la preocupación pública el tema de la medidas de seguridad que deben tomarse en las construcciones de altura para evitar accidentes, sobre todo de niños.

La pequeña Carolina Aravena Vargas, de cuatro años de edad, quien cayó al vacío tras perder el equilibro mientras se encontraba de pie sobre su cama, a sólo 50 centímetros de la ventana abierta de su dormitorio. Hace cuatro meses, el menor José Antonio Beltrán, de 11 años, cayó al caer desde el piso 15 de un inmueble de la avenida Colón en la comuna de Las Condes. El secretario regional metropolitano de la Vivienda, Luis Eduardo Bresciani, dijo que la legislación chilena al respecto "es bastante imprecisa respecto a la altura mínima a la que deben instalarse las ventanas y barandas. La ley fija un mínimo de 95 centímetros, que es bastante, pero uno quisiera que todo estuviera absolutamente normado para evitar este tipo de tragedias". Por su parte, el ingeniero Erik Clark, experto en prevención de riesgos de la Universidad de Santiago, comentó que los seguros no representan garantía alguna si hay un mueble cercano a la ventana -como una cama, una mesa o una silla- porque el niño puede abrir el seguro. "Lo recomendable, según normas internacionales, es que cualquier departamento ubicado desde el piso dos hacia arriba debe contar con malla de seguridad. Eso es como el uso del cinturón de seguridad en los autores. Debe ser así", añadió el experto. El sistema de mallas protectoras llegó hace unos cuantos años a Chile y poco a poco los dueños de departamentos los han ido adquiriendo por un valor aproximado de 20 mil pesos en cada ventana o balcón. La empresaria brasileña Vanessa Walker, quien inició el negocio en nuestro país hace nueve años, dijo que "de a poco se fue abriendo el mercado, pero el principal marketing que tenemos es de boca a boca. La gente empieza a darse cuenta que existe una alternativa para la protección de los niños en los edificios". Lamentó que todavía haya barrios donde no se conoce este sistema, "que está mucho más desarrollado en la parte oriente de la ciudad. También instalamos mucho en Viña del Mar, Algarrobo y más al norte", según la empresaria. Sin embargo, una apreciación visual de los edificios de la ciudad revela que el uso de estas mallas protectoras, que son casi invisibles y pueden soportar incluso el peso de una persona adulta, está aún muy poco masificado.