Leyenda del Santo Grial está basada en cáliz de la catedral de Valencia
La reliquia que inspiró durante siglos las numerosas leyendas y obras literarias en torno al Grial es el Santo Cáliz que se venera desde hace algo más de 700 años en la catedral de Valencia, sostiene el historiador alemán Michael Hesemann. En su libro "El descubrimiento del Santo Grial", publicado recientemente, Hesemann aporta pruebas topográficas e historiográficas que así lo apuntan.
"Nadie puede demostrar con total seguridad que se trate del mismo recipiente que usó Jesucristo en la última cena. Es una cuestión de fe", explicó Hesemann. El autor cree que el "Santo Catino" de Génova, la otra pieza reconocida por la Iglesia como posible Santo Grial, no puede considerarse como tal, pues es de procedencia árabe y no romana y está hecha de cristal, material que los judíos del tiempo de Cristo hubieran considerado "moderno y fuera de lugar". Además, la primera referencia al Grial en la tradición cristiana, que se debe a Antonio de Piacenza y data del siglo VI, habla de un recipiente de ónice, lo que para Hesemann habla a favor de la reliquia de Valencia, que es de calcedonia, un material similar. Así, tanto el "Perceval" (1180) de Chrétien de Troyes como el "Parzival" (1200-1210) de Wolfram von Eschenbach en el que se inspiraría Richard Wagner para escribir su famosa ópera "Parsifal", estrenada en 1882, son obras literarias inspiradas en ese objeto. Von Eschenbach menciona en su obra una "misteriosa inscripción" en la base del objeto sagrado que demuestra, para Hesemann, que el autor alemán se refería al Santo Cáliz de Valencia. La inscripción sólo se encuentra en ese cáliz y no en otros objetos reales (el vaso de plata de Antioquía, el cuenco de cristal de Glastonbury, relacionado con las leyendas artúricas) o de carácter mítico, como el caldero de los celtas, que en algún momento ocuparon para algunos el lugar del santo grial. La historia del Santo Cáliz con el que Jesús celebró la última cena y en el que José de Arimatea recogió su sangre se remonta a las primeras décadas de nuestra era, cuando el apóstol San Pedro lo llevó a Roma, donde permaneció hasta que en 258. Durante las persecuciones cristianas de esa época, el papa Sixto II fue ejecutado y su diácono Laurentius recibió el encargo de protegerlo. Laurentius lo llevó a la casa de sus padres en Loreto, en la provincia de Huesca. La reliquia permaneció oculta en una cueva de Huesca hasta que, en 394, se la llevaron a una iglesia de Jerusalén, de donde fue robada por los persas en 570, durante los saqueos de la ciudad santa, y llevada de nuevo a España a través del norte de Africa. La invasión musulmana de la península ibérica en 711 motivó que los "caballeros del grial" mantuvieran el cáliz oculto durante años en una cueva cerca de Yebra, hasta que en 1071 fue alojado en el monasterio oscense de San Juan de la Peña. Las cruzadas, la saga de los cátaros y los templarios y los caballeros de la corte del rey Arturo tuvieron al grial como referencia en los dos siglos siguientes. En 1399, el rey aragonés Martín "El humano" llevó el grial de San Juan de la Peña a Zaragoza; de ahí pasó a Barcelona, como lo demuestran documentos consultados por Hesemann en el archivo de la Corona de Aragón, y de ahí a la catedral de Valencia en 1347. (EFE)