Grupo de actores exiliados chilenos en Suecia celebra 25 años

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Autor: Cooperativa.cl

Teatro Sandino, bajo la conducción del ex MIR Igor Cantillana, ha recorrido varios países de Europa y desarrolla una serie de obras sociales en el país escandinavo y en apoyo a los inmigrantes.

Movido por la convicción de que es posible un mundo distinto y la necesidad de reivindicar un espacio diferenciado en la sociedad sueca para los inmigrantes latinos, Teatro Sandino cumple 25 años como grupo con voz propia en la escena de este país escandinavo.

 

Teatro Sandino fue fundado por Igor Cantillana, el actor chileno que huyó a Suecia en 1977, tras dos años en reclusión en cárceles y centros de torturas en Chile por pertenecer al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). En 1978 creó la Academia de Teatro para Jóvenes Latinoamericanos, grupo que en 1979 cambió a su nombre definitivo, en homenaje a la revolución nicaragüense.

 

En su larga trayectoria, la compañía ha hecho giras por España, Cuba, Nicaragua, Argentina y Uruguay, y presentado unas 40 obras, la última, en el teatro nacional sueco Dramaten, "El festín de los viejos", sobre los problemas de muchos de los 45.000 chilenos que llegaron a Suecia huyendo de la dictadura de Augusto Pinochet.

 

"La existencia de un grupo así tiene importancia simbólica, no estética. Mantenerse 25 años es una hazaña, tiene que ver con la voluntad de defender el derecho a existir con lo que uno sabe hacer y a crear una sociedad mejor sobre la escena", expresó Cantillana.

 

El dramaturgo mantiene su agradecimiento a Suecia, pero también un discurso crítico por no haber integrado a los inmigrantes, agobiados por problemas como la desocupación, y en la que existen "una cultura oficial y otra de inmigrantes, sin relación, sin acceso a los mismos recursos".

 

Teatro y compromiso político se han unido en otros proyectos que Cantillana ha impulsado también para buscar financiamiento, después que Teatro Sandino dejara de recibir subvenciones en la década de 1980 al convertirse en un grupo sueco más, con actores e idioma nativos.

 

Durante 16 años ha ayudado a rehabilitar a jóvenes inmigrantes con problemas de droga y delincuencia, que en vez de ir a una institución social quedaban a su cargo y recibían vivienda, dinero y formación a través del cine, música y teatro, que en algunas oportunidades funcionó con éxito, como el caso del rapero DJ Méndez, estrella en Chile y Suecia.

 

Tres días a la semana, durante los últimos ocho años, Cantillana visita alguna cárcel de Estocolmo para ensayar con grupos que ha montado allí y que hacen seis estrenos anuales; y si consigue fondos, pondrá en marcha el Proyecto Moliére 2005, que contratará a seis ex presos en un año para hacer una gira por Suecia con obras del autor francés.

 

La idea del teatro como terapia la ha vivido en su carne propia. Recién llegado al centro de torturas Tres Alamos, tras pasar por la Academia de Guerra de la Fuerza Aérea en Chile (FACh), alguien lo reconoció y lo animó a enseñar teatro.

 

El se negó, porque lo consideraba inapropiado, pero acabó aceptando y, con 20 presos más, puso en marcha "Antígona", de Sófocles, un texto que se sabía de memoria.

 

Así nació el TETA (Teatro Experimental de Tres Alamos), que durante meses involucró hasta medio centenar de personas que hacían funciones todos los viernes.

 

"Sentíamos que habíamos ganado una gran batalla de resistencia para recuperar la humanidad perdida en la tortura. Nunca antes el teatro me había mostrado su fuerza social y terapéutica de manera tan nítida", recuerda.

 

Liberado en agosto de 1975, Cantillana volvió a la lucha clandestina, pero la dirección del MIR lo sacó de Chile dos años después, cuando su vida corría peligro.

 

Con sus muertos y sus fantasmas, llegó a un campo de refugiados en Suecia, donde se sintió "expulsado del mundo, no existía", hasta que decidió empezar a "luchar con el idioma".

 

Así lo narra en su testimonio, uno de los 35.000 del Informe sobre Prisión Política y Tortura de la Comisión Valech, que le reconcilia consigo mismo tras negarse antes a testificar para una demanda contra Pinochet en Suecia, porque le daba vergüenza hacer de víctima, cuando "había sobrevivido y bien".

 

Ahora ha asumido que la única forma de vivir de verdad es "de cara a la realidad, en contacto con nuestra historia. Pensar es recordar, recordar es doloroso, pero no hay alternativa", manifiesta. (EFE)