Brasil fue poco amistoso en su visita a Hong Kong
Jugando a media máquina, y con Ronaldinho Gaúcho, Robinho y Roberto Carlos como figuras, los campeones del mundo batieron por un categórico 7-1 al seleccionado asiático.
La selección brasileña de fútbol abrió la temporada con una fácil goleada por 7-1, en un partido amistoso jugado a media máquina ante un inocente combinado Hong Kong, que mostró como única virtud su extraordinaria velocidad.
Fue demasiado fácil para los campeones del mundo, que disputaron su primer encuentro del año en el Hong Kong Stadium ante un rival sin ninguna tradición, con muy pocas ideas y con jugadores que parecen servir más para los 100 metros planos que para el fútbol.
En los primeros 10 minutos, el portero local Fan Chun Yip demostró que sabe del oficio y despejó con acierto envenenados remates de Robinho, Ricardo Oliveira, Ronaldinho Gaúcho y Roberto Carlos.
Pero la resistencia del meta terminó en el minuto 20, cuando Robinho lanzó un preciso centro que Lucio conectó de cabeza para anotar el primero.
Diez minutos después fue Roberto Carlos quien anotó con uno de sus clásicos furibundos remates, y sobre el final de la primera etapa Ricardo Oliveira marcó el tercero, con un disparo suave y colocado.
En el segundo tiempo Brasil siguió mandando con comodidad, sin arriesgar las piernas y con el tridente Ronaldinho-Robinho-Roberto Carlos amenazando constantemente.
Ronaldinho, a los 50', tras una pared con Robinho, marcó el cuarto gol con un precioso tiro de emboquillada, y siete minutos después Oliveira anotó el segundo de su cuenta personal.
El ritmo fue decayendo con los cambios que ambos equipos hicieron en la última media hora, en la que los locales ya no corrieron y los brasileños se conformaron con unas pocas acciones de riesgo de Robinho, quien colaboró con la goleada al marcar de cabeza en el minuto 77.
Un minuto después, Alex convirtió en gol un penal sobre Julio Baptista, y a cuatro del final, cuando parecía todo dicho, Lee Sze Ming desató la sonrisa de los asiáticos al enviar el balón al fondo de la red brasileña tras una sucesión de confusos rebotes.
Aunque poco aportó para el fútbol, el partido sirvió para llenar más aún las arcas de los patrocinadores de la selección brasileña, que recibieron un millón de dólares por el encuentro.
El carácter comercial de este amistoso fue criticado hasta por el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, quien consideró el encuentro como una especie de "máquina traga-monedas".
El seleccionador brasileño, Carlos Alberto Parreira, hizo otra lectura y afirmó que estos 90 minutos en suelo chino sirvieron para comprobar el estado de algunos jugadores, como Emerson y Lucio, que regresaron al equipo después de meses, y para experimentar con Robinho como titular, en vez de Ronaldo. (Agencia)