Blair decidió atacar Irak ocho meses antes de la invasión
El primer ministro británicó respaldó el plan de George W. Bush para derrocar a Husein desde mucho antes de lo que se suponía, según revela un documento confidencial filtrado a la prensa.
El primer ministro británico, Tony Blair, apoyó con ocho meses de anticipación la decisión del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, de atacar Irak, de acuerdo a un documento confidencial filtrado por el diario New York Times.
La carpeta, sellada con la advertencia "secreto y estrictamente personal", deja constancia de una reunión celebrada en el despacho oficial del premier en julio del 2002, en la que Blair propuso "un cambio de régimen" en Irak.
"Este documento es extremadamente sensible. No deberían hacerse más copias. Sólo debería mostrarse a quienes tengan la verdadera necesidad de conocer su contenido", se aprecia en la tapa de la transcripción.
Según el periódico, los papeles prueban que Blair se comprometió en secreto con Bush a respaldar el derrocamiento del dictador Sadam Husein, pese a ser advertido por el fiscal general británico, Peter Goldsmith, de la posible ilegalidad de esa acción.
Además, la filtración del texto se produce en un momento crítico para el primer ministro, cuando faltan sólo cuatro días para las elecciones generales y la oposición juega con poner en duda su integridad.
La reunión que cita el documento, a la que asistieron importantes ministros del Gabinete y altos mandos militares, tuvo lugar semanas después de que el jefe del Gobierno se entrevistara con Bush y apoyara sus planes de guerra, según el diario.
En los textos, el mandatario británico afirma que "si el contexto político es el apropiado, la gente apoyaría un cambio de régimen en Irak".
Blair argumentó que la cuestión fundamental era analizar "si el plan militar funcionaría y si tenemos la estrategia política para hacer que el proyecto militar funcione".
La estrategia política pasaba por demostrar que las armas de destrucción masiva del Gobierno de Bagdad suponían una amenaza tan grave para el mundo que se hacía necesaria una intervención militar inmediata.
Sin embargo, el ministro de Relaciones Exteriores, Jack Straw, advirtió a Blair que la justificación resultaba "poco convincente", porque "Sadam no estaba amenazando a su vecinos y tenía menos armas de destrucción masiva que Libia, Corea del Norte o Libia".
Straw sugirió entonces la posibilidad de "lograr" un ultimátum que involucrara a los inspectores de desarme de Naciones Unidas (ONU), con el fin de que pudiera apoyar "la justificación legal".
Blair respondió que "si Sadam rechazaba a los inspectores de ONU, se produciría una gran diferencia política y legal".
Al día siguiente de la reunión, el jefe del Ejecutivo compareció ante la Cámara de los Comunes y afirmó: "No hemos llegado a la fase de acción militar (...) no hemos adoptado ninguna decisión".
Hasta días antes del inicio de la guerra en Irak, el 20 de marzo del 2003, Blair mantuvo que Sadam Husein aún podía evitar la contienda si cumplía con las resoluciones del Consejo de Seguridad de ONU, aunque en privado, ya había decidido atacar. (EFE)