Laboristas exigieron que Blair deje el Gobierno antes del fin de su período
El mandatario británico enfrenta una rebelión en su propio partido, donde creen que la guerra contra Irak les valió perder un importante cantidad de votantes.
Irak puede ser finalmente la tumba política del primer ministro británico, Tony Blair, sobre quien aumentan las presiones dentro de su propio partido para que dimita en un plazo máximo de un año.
Blair hizo el jueves 5 de mayo historia para el laborismo al obtener el tercer mandato consecutivo en las urnas, algo que sólo había conseguido antes la conservadora Margaret Thatcher, pero aquélla puede haber sido sólo una victoria pírrica para el ambicioso político.
El primer ministro enfrenta una rebelión en su propia colectividad, donde lo culpan de la pérdida de votos en los comicios generales, que atribuyen a su tozuda decisión de ir a la guerra contra Irak pese al sentir de la mayoría del pueblo británico.
El carácter histórico del triunfo laborista no oculta el hecho que se obtuvo con el menor porcentaje de voto popular -36,1 por ciento- registrado nunca por un partido que ha ganado una mayoría parlamentaria en Reino Unido.
La indignación con Blair no se limita a los conocidos rebeldes del ala izquierda del partido, que nunca toleraron lo que percibían como tozudez, arrogancia y desprecio a los modos parlamentarios de su líder, sino que se extendió a algunos de quienes hasta ahora le habían sido fieles.
Muchos de ellos, si no perdieron su escaño, su fidelidad al líder recortó peligrosamente la mayoría en su respectiva circunscripción, y no parecen dispuestos a asumir más riesgos.
Blair dejó, sin embargo, bien claro antes de las elecciones que planeaba acabar su tercer mandato, y, según el dominical The Observer, parece mantener esa idea.
Su plan actual es plantearle al partido, a partir de julio de 2008, que dirima el futuro liderazgo, lo que le permitiría seguir al frente hasta que se resolviese su sucesión.
Esos planes no pueden sino irritar al ministro de Economía, Gordon Brown, que tuvo un papel clave en la victoria del jueves y que está impaciente por suceder a Blair, algo que reclama un número cada vez mayor de sus correligionarios.
Al menos 30 de un centenar de diputados parlamentarios laboristas encuestados por el dominical The Sunday Times expresaron su impaciencia por ver a Blair dejar finalmente el número 10 de Downing Street, su residencia oficial.
Este sábado un influyente laborista, el ex ministro de Asuntos Exteriores Robin Cook, que dimitió en su día por la guerra contra Irak, pidió al primer ministro que se retirase antes de las elecciones locales del próximo año en beneficio del partido.
Casi uno de cada tres electores que votaron al Partido Liberal Demócrata confesaron a los encuestadores que habrían seguido fieles al Partido Laborista si no hubiese sido por la guerra contra Irak.
El descontento se refleja también, según The Observer, en la oposición que encuentra Blair este fin de semana en algunos de sus nombramientos de altos cargos.
El viceprimer ministro, John Prescott, el titular del Interior, Charles Clarke, y la ministra de Educación, Ruth Kelly, todos ellos confirmados el viernes 6 de mayo en sus cargos, desafiaron supuestamente al primer ministro cuando trató de colocar en el Gobierno a algunos de sus peones "reformistas". (EFE)