Irán: reformistas se unen en torno a Rafsanyani para evitar triunfo de la "línea dura"
Los iraníes deben elegir este viernes, en segunda vuelta, entre el ex presidente iraní y Mahmud Ahmadinayad, quien -según muchos- podría implantaron un régimen similar al de los talibanes en Afganistán.
Irán celebra este viernes una segunda vuelta de las presidenciales en una cita electoral sin precedentes en la que el ex presidente conservador Ali Akbar Hachemi Rafsanyani, "reconvertido" en dirigente de centro, se enfrentará al ex alcalde radical de Teherán, Mahmud Ahmadinayad, que se presenta a sí mismo como "defensor de los pobres".
En la primera vuelta, el que fuera presidente entre 1989 y 1997 obtuvo el 21 por ciento de los votos, mientras que Ahmadinayad, de 49 años, superó sorprendentemente al principal candidato aperturista, Mehdi Karroubi, y terminó en segundo lugar con el 19,5 por ciento de los sufragios.
El auge del ex alcalde de Teherán causó tal sorpresa que desde el primer momento surgieron sospechas de un fraude que presuntamente tendría como "motores" a los sectores más conservadores, liderados por el guía supremo Ali Jamenei, el hombre en torno el cual pivota todo el sistema iraní.
Una semana después, el desenlace se presenta muy reñido. El último sondeo divulgado por la agencia estudiantil de noticias ISNA pronostica un virtual empate entre los dos candidatos.
En lo que parece una versión persa de la movilización de la sociedad francesa a favor de Jacques Chirac después de que el ultraderechista Jean-Marie Le Pen alcanzase la segunda vuelta en los comicios de 2002, el presidente Mohamed Jatami y sus aliados reformistas y liberales pidieron a la población que participe de forma masiva para contrarrestar la importante base electoral de Ahmadineyad.
La economía, eje de la campaña
El tema predominante de la disputa es la cuestión económica. De cara a esta elección presidenciañ, Rafsanyani, de 71 años y hasta la fecha presidente del poderoso e influyente Consejo de Determinación, agudizó su novedoso perfil centrista.
Su objetivo es captar el apoyo de los reformistas desencantados y de la clase media, a la que prometió prosperidad económica y una distensión de las relaciones con el exterior encaminadas a abrir el país a nuevos inversores.
Pero también destapó su tinte más tradicionalista para llegar a los más desfavorecidos, a quienes ha prometido un incremento en los subsidios de desempleo.
Entre los más desfavorecidos cuajó, sin embargo, el discurso de Ahmadinayad, quien se comprometió a luchar contra la corrupción y la discriminación, y a repartir la riqueza.
"Voto del miedo"
El segundo factor que puede inclinar la ajustada balanza hacia uno de los dos lados es el denominado "voto del miedo".
Muchos sectores de la sociedad, en especial las mujeres y las clases más acomodadas, temen que la pasión de Ahmadinayad por los principios islamistas lo conduzca a desarrollar un régimen de corte radical religioso similar al que implantaron los talibanes en Afganistán.
En ese ambiente de división, con una campaña en la que no han faltado burlas e insultos a los candidatos a través del móvil y el correo electrónico, más de 47 millones de iraníes están llamados a elegir al sustituto de Jatami, que ha estado al frente del poder durante los ocho años consecutivos que permite la Constitución.
El proceso se encuentra también bajo la influencia de circunstancias particularmente complicadas, debido a la gran presión occidental contra el programa nuclear iraní y la actitud agresiva de EE.UU. hacia Teherán, cuyo régimen desea cambiar.
La de este viernes será la primera vez que se celebra una segunda ronda electoral desde que se impuso la Revolución Islámica del ayatolá Rujola Jomeini en 1979 tras el derrocamiento del 'sha' Reza Pahlevi. (Agencias)