Peregrinos de todo el mundo llegaron a Jerusalén para participar en el Vía Crucis

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Autor: Cooperativa.cl

El Patriarca de Jerusalen, Fuad Twal, ha liderado la procesión este año.

Por cerca de una hora y media los creyentes recorren 14 estaciones.

Peregrinos de todo el mundo y palestinos cristianos recorrieron este viernes los pasos de Jesús hacia la cruz, en un Viernes Santo que este año ha coincidido con el inicio de la Pascua judía o "Pesaj".

ImagenEl patriarca latino de la ciudad, Fuad Twal, y el custodio franciscano de Tierra Santa, Pierre Battista Pizaballa, han sido los encargados de liderar la procesión, que se inició cerca del mediodía, a lo largo de las 14 estaciones.

La actividad se inició en la parte baja de la ciudad vieja de Jerusalén, desde donde salieron los peregrinos con dos grandes cruces de madera de olivo, única iconografía de la Semana Santa de Jerusalén.

"Me siento superfeliz, lo recibo como un regalo de Dios, es la oportunidad que Dios me ha dado conocer esta tierra, estoy tan contenta y tan agradecida con el Señor", dijo a Efe Luz Amparo Montoya Escobar, una colombiana que participó en el recorrido por primera vez a pesar de que vive en Israel desde hace varios años.

Por su parte Gloria Helena Moncada, otra colombiana que "reincide" por tercer año en la procesión, afirmó que "estar aquí es una emoción tan grande que no se puede describir" y agregó que  "estamos en la ciudad santa de Jesús, donde dio los pasos él, es un privilegio de dios estar acá y todo el mundo que tenga la oportunidad de venir a la ciudad santa de Jesús debe hacerlo".

La procesión, que apenas dura hora y media, llega hasta el Santo Sepulcro, que alberga las últimas estaciones del Vía Crucis y donde tienen lugar las últimas plegarias.

El Vía Crucis se celebra a la misma hora a la que los musulmanes acuden en masa a la mezquita de Al-Aksa para las oraciones del viernes y, este año, coincide, además, con el inicio de la Pascua judía, lo que se ha traducido en las pequeñas calles de la ciudad antigua en un incesante flujo de personas cada una con sus atavíos religiosos e indumentarias típicas.