Los Ríos: Una región que seduce

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Autor: Cooperativa.cl

La proliferación de actividades y servicios turísticos se han incrementado en los últimos años, especialmente en comunas más olvidadas como Panguipulli.

Desde deporte aventura a actividades culturales, pasando por centros termales y comida exótica se puede disfrutar en la zona.

Las termas de Coñaripe son unas de las más representativas de la zona.

A pesar de ser una de las dos más nuevas del país, la gente de Los Ríos está orgullosa de su región. Cuando alguien la confunde con Los Lagos o La Araucanía, los residentes no tardan en corregir. Ellos dicen "Los Ríos". La región de los espesos bosques, montañas, de los ríos y lagos. El hogar de la selva valdiviana. El territorio con la mayor concentración de termas en Sudamérica. Un lugar que gracias a su unidad y visión logró hace seis años trazar su propio futuro.

Fue convertida en región en 2007 con un total de 12 comunas y Valdivia como su capital. Período de tiempo en el que ha logrado marcar presencia, ya que la proliferación de actividades y servicios turísticos se han incrementado en los últimos años, especialmente en comunas más olvidadas como Panguipulli. Además de las reconocidas termas, allí conviven hoy el deporte aventura, la artesanía, los grandes saltos de agua, actividades culturales, reminiscencia mapuche, jabalíes y ciervos en estado salvaje. También la gastronomía fina.

El chef René Delgado y su señora Teófila supieron combinar éstos dos últimos puntos. Hace ocho años emprendieron un negocio inédito en el sector de Pucura de la localidad de Coñaripe. Gracias a los estudios culinarios de Don René, como suelen llamarle sus clientes, y la experiencia ganada viviendo en la Patagonia Argentina, crearon Ahumados Pucura, una picada en base a carnes exóticas de Jabalí salvaje, ciervo rojo y salmón ahumado.

Productos de alto nivel gastronómico que son acompañados por las diez variedades de salsas que prepara René. Su especialidad, según él mismo reconoce. "En el jabalí y en el ciervo no tenemos competencia, tanto en los jamones como en la comida elaborada. En cada comida, el plato va con un trozo de jabalí, un trozo de medallón de lomo de ciervo, y nueve o diez salsas regionales para saborizar las carnes, tanto saladas como agridulces. Y acompañadas con papas a la crema gratinadas con crema y queso".

No es un restorán, aclara René, es una casa transformada con pocas mesas para que dos o tres familias puedan disfrutar de los sabores de la zona. En la decoración, destaca un gran jabalí disecado y astas de ciervos, que sirven de base para una gran lámpara en el comedor y también como trofeo de caza.

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El jabalí fue introducido desde Alemania hace unos sesenta años. En el 2014 son una plaga y una de las especies que más daño causa a la biota nativa, así como a la producción agropecuaria. René se sustenta de ellos gracias a un grupo joven de caza. "Ellos me llaman para empezar a negociar y posteriormente empezar a faenar al animal. Primero es el desvicerado, después el desposte y después viene la etapa de elaboración. Ahí viene una etapa de oreo, después salado, después ahumado, posteriormente nuevamente salado, lavado y oreado. Luego va a la etapa de laminación y hacemos los jamones enfrascados en aceite de oliva y aceite de maravilla".

En la actualidad, la apertura de negocios gastronómicos de carácter familiar, nacidos desde el esfuerzo y atendidos por sus propietarios se han ido forjando con el fin de entregar un completo servicio turístico en la región y en cualquier época del año.

Al caso de don René, se suma el de Nelda Trafipán, quien es propietaria del Hospedaje Rural y Restaurante Catemu en Liquiñe. Desde 2003 ha desarrollado una carta a partir de sabores tradicionales mezclados con lo más representativo de la comida mapuche: Empanadas de queso y queso con changle –hongo característico de la zona- hechas con masa de katuto -el pan mapuche en base a trigo molido- son el tentempié perfecto para abrir una velada.

En postres destaca el denominado "Catemu", una copa dulce creada por Nelda y su familia que se rellena con copos de merengue con harina tostada. Todos bañados en una salsa de frutos de arrayán. Los turistas más osados también pueden probar el kuchen de piñones y el jugo del mismo fruto.

Un fortín mapuche

La importancia de la zona en la historia del país se hace notar en los vestigios de la conquista española y la resistencia mapuche que siguen apareciendo. El último hallazgo tomó lugar en Pucura y constituye uno de los bastiones de lucha de la etnia mapuche.

Angélica Chincolef creció jugando a la escondida en un fortín. Una zanja de tierra de diez metros de profundidad emplazada entre árboles que muchas veces no permitían el paso de la luz. Su madre y su abuelo le inculcaron el respeto por ese extraño pedazo de tierra reflejo de la resistencia mapuche, de su estrategia y defensa al ataque de los españoles. De hecho, es uno de los últimos fortines que quedan en la zona que mantiene su trazado original.

Un espacio que hoy se abre a la comunidad como un vestigio invaluable de la historia chilena. Tierras testigos de batallas, decapitaciones y mucha sangre. "Lo abrimos hace como un mes y estamos tratando de restaurarlo y mantenerlo para dar a conocer que tenemos un fuerte mapuche. Para que vean que nuestro pueblo también es inteligente", dice Angélica.

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Por muchos años mantuvieron el fuerte del patio de su hogar bajo un estricto secreto. Su abuelo no quería que el mundo conociera de su existencia por el miedo a las reacciones. Hoy es su nieta quien se decidió a abrir la historia. Con estudios en turismo, y apoyada por su padre, reconoció la importancia de éste lugar para el país: "Es un patrimonio familiar y a la vez un patrimonio de nuestro pueblo mapuche".

Originalmente la zanja tenía unos diez metros de profundidad, en la actualidad son cerca de dos. Y es que las hojas de los árboles que se encuentran en los alrededores cayeron al interior del trazado formando capas y capas que hoy elevan su superficie. Por esta razón, uno de los objetivos de Angélica, su padre y el resto de la familia es restaurar el lugar, quitar las hojas y dejar el fortín lo más parecido a como lo construyeron sus antepasados. "Lo que nosotros queremos ofrecer es contar la historia y más adelante tener un lugar aquí para comer. Un fogón con comida casera para contar la historia de nuestro pueblo".

Educar a través de la cultura

La apertura artística de Panguipulli está creciendo. Desde 2011 funciona la Casona Cultural Panguipulli, un espacio de encuentro para las artes y la cultura único en la zona. Fue la corporación Amigos de Panguipulli la que rescató y restauró una antigua casona capuchina de 1.200 metros cuadrados que se alza desde 1947 como el lugar perfecto para la comunidad.

Allí conviven talleres formativos de música, danza y auto cuidado; el deporte, la capacitación para micro empresarios, la Orquesta Sinfónica de Panguipulli, el cine, el teatro y las artes plásticas. Todo para conseguir el desarrollo de la comuna a través de la cultura y la educación. "Buscamos aportar desde los pequeños de sólo meses vida con un programa que se llama 'Vive la música' hasta los adultos mayores con los coros, con el teatro. Buscamos aportar a la vida familiar, aportar al desarrollo de la comuna a largo plazo", subraya Pamela Calsow, directora cultural y jefa de proyectos.

Es una casa antigua constituida de dos partes: la estructura principal conformada por la gran casona y una anexa que años atrás sirvió como convento. "Cuando partimos iniciamos como comité una encuesta de qué es lo que quería la gente y la gente quería que llegara cine y teatro. Empezamos a buscar el lugar y a este, la casona cultural, la iban a demoler y logramos que nos la dieran en comodato y la habilitamos como un centro cultural".

En pocos años de funcionamiento ya se logran ver frutos del trabajo realizado. Si antes era la música ranchera la que más se escuchaba con un 40 por ciento de las preferencias, en la actualidad sólo se escucha un 24 por ciento de ésta. "Las familias urbanas de Panguipulli escuchan un 24 por ciento de música clásica y un 12 por ciento de folclor. Así que lo que queremos hacer ahora es un poco fusionar. Estamos fusionando folclor con la música clásica".

La casona tiene un promedio de 20 mil visitantes al año. Y gracias al sentido de pertenencia que se ha generado con la comunidad ahora tienen en carpeta la construcción de una sala de cine y teatro de última generación.

Artesanía de madera muerta

Trabajar la artesanía en madera es uno de los oficios más comunes en la zona. Gran parte de las bandejas, platos, ensaladeras y asientos mapuches que se venden en mercados de otras ciudades provienen desde este rincón, siendo reconocidos, en su mayoría, por la calidad.

La artesanía de los hermanos Vera llama la atención desde el valle y pueblo de Liquiñe. Su principal característica es que es fabricada con madera muerta, es decir a partir de raulí, mañío, laurel o castaño que han caído de manera natural y pasan meses o tal vez años en ese estado. Hace 15 años Raúl Vera vio allí una oportunidad, más tarde se la transmitió a su hermano Roberto.

Hoy ambos tallan madera aunque, como bien lo aclaran, con negocios aparte. Aunque comparten los procesos de creación de los productos, el espacio físico y también se ayudan el uno al otro con grandes pedidos de Santiago o Villarrica. Y es que su artesanía es parte de la cultura de la zona, casi un símbolo identitario que acapara la atención de los turistas por lo rústico y el gran taller emplazado en el terreno de su hogar.

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Cada cuarto atiborrado de restos de madera tiene un fin específico. Uno es el centro de elaboración y secado, otro sirve para el lijado exterior, otro para el interior y uno para impregnar la nueva pieza de madera en aceite de linaza y su posterior secado. El último sirve como tienda de exhibición de todos los productos que allí se fabrican.

Las ensaladeras son uno de los más demandados. Roberto Vera cuenta que tiene una gran lista de pedidos, cuyos productos se van haciendo semana a semana. "Las tablas, las ensaladeras y el plato de asado. Esos son los tres productos estrellas que tenemos, sobre todo la tabla de cortar carne. Hacemos tablas grandotas de hasta un metro".

La mayoría de la producción se hace en base a raulí, sobre el 90 por ciento. Las alternativas son varías: desde el lingue al castaño, dice Raúl, quien asegura que el color de la pieza de madera ya elaborada es cien por ciento natural. "Nosotros no teñimos la madera, si no todos los colores serían uniformes. Hay clientes que no les gustan las manchas. 'No, un plato manchado se ve feo', dicen. Viene un europeo y elige todos los platos que tienen manchas. Les gusta porque se ve más natural".

Ruta termal y senderismo

La mayor característica de la región son sus centros termales. Hay 14 establecidos y otros tantos que funcionan de manera más artesanal. Algunos resaltan por su arquitectura, otros por su relación con la naturaleza o por la calidad de sus piscinas, convirtiéndose en un destino obligado en cualquier época del año.

Las termas de Coñaripe funcionan desde 1991 y son el punto neurálgico de la ruta termal de Los Ríos. Los beneficios que tiene el agua termal para la salud son conocidos. Luis Rojas bien lo sabe y promociona desde ese lógica cada uno de los servicios que ofrece el centro que administra. "Tenemos la posibilidad de disfrutar de una piscina con fondo de barro, una piscina con hidromasaje, una piscina semi techada, tenemos piscina de agua fría, cajones de vapor y piscinas al aire libre con chorros de agua que le permiten darse un ejercicio de relajación en forma natural".

Están abiertas todo el año y a pesar de lo que se pudiese pensar, la época invernal presenta características únicas que la hacen más atractiva. "Los clientes disfrutan mucho más del agua termal cuando están en un piscina al aire libre, cuando está lloviendo, está cayendo agua nieve o está granizando. Esa mezcla de sensación más el entorno es muy relajante. La gente lo disfruta mucho".

Las termas Río Liquiñe, las Geométricas y las termas Vergara son otras de las que destacan. "La Región de Los Ríos es muy bella en verano, pero así como es bella en verano también es bella en invierno y recorrerla en este tiempo tiene algo adicional que colabora con el bienestar. En invierno no está la congestión del verano, se puede recorrer al ritmo que uno desee y por supuesto imbuirse en lo que es la magia, la naturaleza", dice el director regional de Sernatur Los Ríos, Pedro Burgos Vásquez.

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Antes del Parque Nacional Villarrica, se presentan como una opción de fácil acceso ocho senderos que tienen la particularidad de ser guiados por una asociación de guías locales, quienes, respectivamente, son dueños de cada terreno donde se encuentran las vertientes de agua, pasarelas y miradores.

Desde el "Sendero y Cascada de la Niña Encantada" se puede observar el Volcán Villarrica y todo el valle de Liquiñe. Es guiado por Francisco Fucha y el trekking dura aproximadamente una hora entre ida y vuelta. Bosque nativos, plantas medicinales, copihues, vertientes y un gran salto de agua como destino y punto final de la caminata, forman el recorrido que cuenta con todas las condiciones para hacerse en un día de lluvia o nieve.

"El recorrido es de un kilometro. Al llegar arriba lo principal es la caída de agua que llega a los pies del salto. Además de eso hay una historia relacionada con el nombre del sendero, hay una historia que se les cuenta a los visitantes".

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Si bien fue abierto y pensado como un sustento económico sólo en 2012 -antes sólo formaba parte del gran jardín de la familia Fucha- en un día de verano puede recibir hasta 80 visitantes, quienes para embarcarse en la travesía deben pagar 1.500 pesos. Equipo de seguridad, como bastones, polainas o capas en caso de lluvia o nieve son entregados por los dueños.