Tópicos: Cultura

Viña 2002: un festival con cara nueva y un nivel disonante

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Autor: Cooperativa.cl

La desaparición de la antigua concha acústica y el estreno de un nuevo anfiteatro con un escenario imponente, fueron el marco donde se realizó la 43ª versión del Festival de Viña del Mar, que mantuvo la tendencia de los últimos años de satisfacer a un público masivo, que vibró con Cristian Castro, Ricardo Montaner, Juan Gabriel y Chayanne. La nota distinta, aunque no por ello alejada del gusto popular, vino de la mano de Los Jaivas y del argentino Fito Páez, quienes entregaron un show de una altura distinta a la que se suele exigir a los artistas que pisan la Quinta Vergara.

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Antonio Vodanovic fue más dueño que nunca del Festival, siendo acompañado cada noche por estrellas de Chile y Latinoamérica, de las cuales destacó en la noche final Cecilia Bolocco, que por momentos logró opacar la labor del animador estable. El público, por su parte, volvió a ser protagonista del certamen, repletando en cada jornada las aposentadurías del anfiteatro, aunque esta vez no como el temido "monstruo", sino como un grupo de espectadores que mantuvo una extraña obsecuencia ante los espectáculos que estuvieron sobre el escenario. Así, no hubo ningún artista, por mediocre que fuera su cometido, que se le impidiera hacer su espectáculo o fuese molestado por las pifias, por lo que no extrañó que para más del algún morboso se hiciera necesario rememorar las aciagas noches de Sergio Feíto o el grupo mexicano Onda Vaselina para dejar en alto el calificativo de "monstruo". Porque, en realidad, hubo varios números que pudieron tener peor suerte. Como por ejemplo la púber española Melody, quien a pesar de presentarse después de la pobre, pero llamativa presentación de Paulina Rubio, logró permanecer en el escenario con un show insulso, al que sólo lo salvó la interpretación del archirrepetido "Baile del Gorila". Algo parecido sucedió con la mexicana Patricia Manterola, que más allá de su voluptuoso físico, poco aportó para el nivel del espectáculo. Si de alaridos se trata, el público los derrochó en cada noche para alabar las presentaciones de Cristian Castro, Ricardo Montaner, Juan Gabriel y Chayanne, quienes dieron cuenta de una solidez incuestionable a la hora de subirse al escenario, aunque sus shows tuvieran una escasa cuota de sorpresa. Otros como La Ley también despertaron el fervor del público, aunque en el caso de ellos se destacó la intención de mostrar algo diferente a lo exhibido el año pasado. Así, el segmento unplugged de su concierto puso una pequeña cuota de distinción que tuvo su punto más alto en la interpretación de "El Duelo", con la participación de la cantante mexicana Ely Guerra. La propuesta nostálgica también encontró eco en el público, aunque las manifestaciones artísticas tuvieran distintos énfasis. Porque fue sorprendente la acogida que el temperamental público de la Quinta Vergara brindó a Buddy Richard, de quien muchos podrán cuestionar su calidad interpretativa, aunque pocos se atreverán a poner en tela de juicio su labor de compositor, quizás el mejor del rubro balada que exista en nuestro país, algo que quedó de manifiesto durante su participación en la "Noche Chilena". En el caso de Germán Casas, el primero en llevarse la Gaviota de Plata en este festival, no hay una distinción acabada de sus méritos artísticos, pero sí un valor incuestionable en la recopilación que hizo de éxitos que hicieron bailar a toda una generación en los años 60. Dentro de la parrilla de artistas que dieron vida a este evento conviene hacer una párrafo especial para lo propuesto por Javiera y Los Imposibles y Soledad, quienes refrescaron el ambiente de la Quinta Vergara con presentaciones concisas y de una potencia distinta a la que se les conocía. Otro que mostró una altura distinta fue Víctor Heredia, que imprimiéndole un tono más rockero a sus temas tradicionales, se ganó un lugar entre los números destacados del Festival. Pero si las actuaciones de este evento pudieran definirse a partir del nivel de convicción de una propuesta artística, los nombres que vienen a la boca son Los Jaivas y Fito Páez. La agrupación chilena, con más de 40 años de trayectoria, puso en escena un espectáculo de una potencia y calidez pocas veces vista en el certamen de la Ciudad Jardín. Interpretando temas de escasa aceptación en los medios de comunicación, como "La Poderosa Muerte", que se extiende por más de 10 minutos, la agrupación oriunda de la Quinta Región plasmó una actuación redonda y de alto nivel artístico, que en ningún caso dejó de lado el gusto masivo, como quedó reflejado en los miles de espectadores que aguardaron hasta más allá de las dos de la madrugada del lunes para observarlos. El argentino, en tanto, junto a los fanáticos que fueron a verlo, convirtieron su presentación en un verdadero recital, que sin ningún artilugio estético o coreográfico, desataron una verdadera fiesta en la Quinta Vergara en la noche final, marcando uno de los puntos más altos de este certamen. Humor en extinción El humor, que en años anteriores escribió páginas legendarias en el certamen viñamarino, esta vez quedó relegado a un segundo plano, compartiendo protagonismo con diversos números de variedades. Así, en la noche inaugural del Festival, el rubro entretención corrió por cuenta de David & Dania, una pareja de ilusionistas que en un conciso show lograron cautivar al público con sus trucos y dejaron la vara alta para lo que vendría en los días posteriores. A la exigencia respondió bien Arturo Ruiz Tagle, humorista que ganó la edición 2001 del programa de Canal 13 "Nace una Estrella", que con una rutina de humor blanco e ingenioso se ganó los aplausos de la Quinta Vergara. La "Noche Chilena" no contempló un número de entretención para el público, aunque Tito Fernández asumió ese rol, y con un repertorio similar al que utilizó el año 2001 sacó risas de la galería. Los números de variedades volverían con Misha, un acróbata ruso que alguna vez fue parte del Circo del Sol, que no pudo repetir el atractivo número de David & Dania, a pesar de la pulcritud de su acto. Gloria Benavides, y su personaje la "Cuatro Dientes", se encargó de hacer noticia con el humor en la Quinta Vergara, luego de ganarse una Antorcha y una Gaviota, tras anunciar que su creación no volvería nunca más al Festival, debido a las razonables críticas periodísticas que encontraban muy repetido su show. Para el último día quedó guardado el número de variedades de mayor calidad del certamen. Ocho jóvenes del Circo Imperial de China deslumbraron a la Quinta Vergara con un número de acrobacia sobre una cama elástica, de alto nivel técnico. El Festival de los tiempos Si hubo un tema recurrente en esta versión del Festival de Viña del Mar fueron el de los tiempos de cada uno de los shows, lo que no sólo repercutió en las reacciones del público, sino que generó rechazo entre los propios artistas. En los primeros dos días, la organización hizo caso omiso a este ítem, por lo que no extrañó que en ambos días las presentaciones que estaban destinadas a cerrar cada jornada, Chocolate + Nietos del Futuro el miércoles y DJ Méndez el jueves, comenzaran pasadas las 02:30 de la madrugada (5:30 GMT). Esta situación hizo nacer en Antonio Vodanovic una actitud que se le conocía pero la cual no se había hecho tan evidente como en este año. Porque el animador, reservándose el derecho de decidir en qué momento cortar la transmisión de Canal 13, se despedía del público cuando el show que cerraba cada jornada no llegaba aún a la mitad de lo contemplado, dejando al invitado sin su anfitrión. El tema de los tiempos explotó definitivamente el viernes, en la "Noche Chilena", luego de que la reiterativa rutina de Tito Fernández se prolongara por 55 minutos, 35 más de los originalmente programados. Esto no sólo significó la abrupta suspensión del tema que tenía programado cantar la coanimadora Andrea Tessa, sino que significó que Illapu saliera al escenario, a concluir el show, muy cerca de las tres de la madrugada (06:00 GMT). No sirvieron las anticipadas aprehensiones integrantes del grupo chileno a que Vodanovic cortara las transmisiones televisivas, para que el animador se inhibiera de tal conducta. Incluso, Vodanovic sólo esperó un par de temas del grupo para situarse a un costado del escenario, lugar desde el cual azuzó al público para que pidiera la Antorcha, lo que le permitiría cerrar la transmisión televisiva e irse a descansar. La historia se reiteró con exactitud a la de los días anteriores. Después del quinto tema interpretado por Illapu, el animador hizo entrega de la Antorcha y se despidió, lo que generó la intervención de Roberto Márquez, líder del grupo, quien luego de la actuación, que se prolongó hasta cerca de las cuatro de la madrugada, calificó como "una falta de respeto" la actitud del anfitrión. La polémica jornada del viernes, sin embargo, tuvo sus consecuencias, pues a partir de ahí la organización tomó conciencia de los riesgos que se corrían y logró ceñirse con rigurosidad al programa estructurado oficialmente, lo que tuvo como principal perjudicado a Juan Gabriel, que redujo a la mitad un show pensado para dos horas, y en menor medida a Chayanne, quien el domingo realizó un show de sólo una hora. La recompensa para el puertorriqueño, sin embargo, estaba asegurada, pues el gran arraigo que aún tiene en nuestro país fue una de las razones esgrimidas por la organización para programarlo en la última noche del certamen, en reemplazo del británico Rod Stewart, quien desistió a última hora de participar en el Festival de Viña del Mar. Chayanne, sin embargo tuvo una débil respuesta a tal halago, pues en la jornada final no realizó cambio alguno al repertorio mostrado el día anterior, dando a entender la escasa preocupación que tuvo, principalmente, por el público que observó cada noche el certamen por televisión.

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