Con una propuesta minimalista, la popular ópera "Tosca" está de regreso

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| Periodista Radio: Joel Poblete

El Teatro Municipal de Santiago está presentando una nueva producción, creada originalmente en 1998 para la Ópera de Stuttgart.

Con una propuesta minimalista, la popular ópera
 Edison Araya
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Incluir "Tosca" en una temporada de ópera es siempre un excelente imán para el público. Desde su estreno en 1900, esta obra maestra compuesta por Giacomo Puccini no sólo ha sido reconocida como una de las cimas del autor y uno de los hitos de la historia del género en Italia, sino además como una de las más populares del repertorio universal.

Su partitura incluye algunos de los pasajes más conocidos para tenor -las arias "Recondita armonia" y "E lucevan le stelle"- y soprano -"Vissi d'arte"- y ya es parte de la cultura popular, utilizada desde la publicidad al cine: Entre las películas de la última década donde ha sido parte de la banda sonora figuran desde un título nominado al Oscar como "Milk" hasta un filme de James Bond, "Quantum of Solace" -el mismo que tuvo escenas filmadas en el norte de Chile-, donde una representación de la ópera era parte de una llamativa escena.

Con un libreto a cargo de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, la misma dupla con la que Puccini daría vida a otros tres trabajos que ayudaron a cimentar su fama -"Manon Lescaut", "La bohème" y "Madama Butterfly"-, el argumento se inspira en la obra teatral homónima de Victorien Sardou y transcurre a lo largo de tres actos en la Roma de 1800, centrándose en el amor de una conocida cantante de ópera, Floria Tosca, por el pintor Mario Cavaradossi, amenazado por la sombra de circunstancias políticas y el implacable jefe de policía Scarpia, quien también está atraído por la diva.

El hecho de que la protagonista sea una soprano y haya sido parte fundamental del repertorio de sopranos tan legendarias como Maria Callas hace aún más inevitable que las más grandes intérpretes de esa cuerda sueñen con cantarla algún día, así como el personaje de Cavaradossi nunca ha dejado de atraer a estrellas como Plácido Domingo y Luciano Pavarotti, entre otros.

 

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Foto: Edison Araya

¿El culpable? Puccini y su maravillosa música, que pasa del lirismo más efusivo a sones amenazantes y tonos melancólicos, al servicio de una trama melodramática y de gran potencial teatral, que alcanza un clímax de enorme expresividad en el intenso y por momentos desbordado segundo acto.

Y por supuesto que el cariño de las audiencias hacia "Tosca" también se ha replicado con las audiencias de nuestro país. Desde su debut en Chile en 1901, poco más de un año después del estreno mundial, el Teatro Municipal de Santiago la ha ofrecido a su público en más de 50 temporadas, la más reciente en 2011, contando a lo largo de más de un siglo con ilustres intérpretes, incluyendo a dos de los protagonistas de la primera representación de este título, la soprano Hariclea Darclée y el barítono Eugenio Giraldoni.

Y ahora, siete años después, está de regreso en ese escenario como tercer título de su actual temporada lírica, en una nueva producción, con siete funciones y dos repartos distintos; el primero de ellos, el llamado elenco internacional, debutó este pasado viernes.

Este retorno de "Tosca" fue en el marco de un nuevo montaje, originalmente creado hace 20 años para la Ópera de Stuttgart por uno de los directores de escena más reconocidos de la actualidad a nivel internacional, el alemán Willy Decker, quien ha realizado producciones para prestigiosos escenarios, incluyendo el Festival de Salzburgo, donde en 2005 debutó su trabajo más mediático, la versión de "La traviata" protagonizada por la diva rusa Anna Netrebko, la misma versión que en 2010 se presentaría en el Metropolitan Opera House de Nueva York.

A sus 67 años, Decker se mantiene activo y vigente, pero no visitó Chile para esta reposición, que en representación suya fue montada bajo la supervisión del también germano Stefan Heinrichs.

La propuesta de Decker, alejada del rupturismo incluso polémico de otros trabajos suyos, es muy efectiva en lo teatral y fiel al argumento original, sin tomarse mayores licencias puntuales que quizás un perfil más violento para los esbirros de Scarpia o que el cuadro de la Magdalena que pinta Cavaradossi sea trasladado a las habitaciones del jefe de la policía, aunque en su afán de concentrarse en los acontecimientos para extraer el mayor potencial dramático de la trama, opta por un minimalismo que se expresa a través de un suelo inclinado y la casi total ausencia de escenografía más que algunos elementos u objetos como los materiales del pintor en el primer acto o la mesa de Scarpia en el segundo.

 

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Foto: Edison Araya

Tratándose de una ópera en la que cada acto transcurre en una locación real de la capital italiana, es entendible que los más puristas extrañarán los detalles que permitan reconocer la iglesia Sant'Andrea della Valle en el primero (apenas aparece la imagen de la Madonna), el Palazzo Farnese en el segundo o uno de los símbolos turísticos de Roma, el Castel Sant'Angelo, en el tercero, del que ni siquiera se divisa su icónico ángel, tal vez reemplazado por Decker, en una de sus pocas decisiones más personales, por el pequeño pastor que normalmente canta fuera de escena y ahora aparece en el escenario precisamente ataviado como si fuera un ángel.

Aunque no aparezcan esos elementos reconocibles, Decker no traiciona la historia original ni la época en que transcurre, como lo confirma el logrado vestuario diseñado por el mismo realizador de la escenografía, Wolfgang Gussmann, supervisado en Chile por Constanze Schuster.

La apuesta del montaje al prescindir de la escenografía logra efectivamente concentrarse más en la acción escénica, casi cinematográfica en su ritmo, que desarrolló junto a sus libretistas ese gran hombre de teatro que fue Puccini, y se ve realzada en los movimientos y desplazamientos de los cantantes por la sugestiva iluminación del chileno Ricardo Castro, que se lució especialmente en el último acto, aunque en la mayor parte de la obra dio una sensación oscura, sombría, que también se vio reflejada en las tonalidades de los trajes de Gussmann.

En estricto rigor, la esencia teatral y dramática de la "Tosca" pucciniana se vio preservada y realzada sin distracciones ni licencias gratuitas, en un buen ejercicio teatral. Pero al parecer la noche del estreno esta despojada propuesta no terminó por convencer al público del Municipal, ya que mientras los solistas fueron aplaudidos con efusión al término del espectáculo, cuando el equipo escénico -Heinrichs, Schuster y Castro- apareció a saludar se oyeron unos cuantos sonoros abucheos.

Esto podría pasar como un hecho aislado y casi anecdótico, pero si se considera que los responsables del aspecto teatral también fueron abucheados en el estreno del "Don Giovanni" que inauguró la temporada en otra propuesta minimalista, es posible darse cuenta que una buena parte de los espectadores no está totalmente conforme con esta tendencia que hace ya un tiempo se ve en algunos de los más importantes escenarios mundiales incluyendo el Municipal. 

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Foto: Edison Araya

Tal vez algunos evocaban producciones de "Tosca" del teatro capitalino como las de Hugo de Ana montada en 1984 y 1988, o la escenografía del chileno Pablo Núñez que pudo verse en 1998, 2004 y 2011. Algunos dirán que las comparaciones son siempre injustas e innecesarias, y que todo esto es simple nostalgia e incapacidad de asumir los nuevos rumbos de la puesta en escena contemporánea, pero es prácticamente imposible no reconocer que esta tensión entre la audiencia del principal escenario operístico chileno y lo que se les está ofreciendo cada año se está haciendo cada vez más manifiesta.

En lo musical, al frente de la Filarmónica de Santiago estuvo su titular, el maestro ruso Konstantin Chudovsky, dirigiendo su primera "Tosca", en una lectura vigorosa en la que quizás se echó de menos más ese lirismo y pasión que caracterizan a Puccini, además como le ha pasado en otras ocasiones en obras líricas, la batuta no logró evitar que la masa orquestal tapara las voces de los solistas.

Muy bien estuvo en sus puntuales intervenciones el coro del Municipal dirigido por Jorge Klastornik, en especial en el siempre imponente y electrizante "Te Deum" que finaliza el primer acto, y debutó oficialmente con excelentes resultados Voces Blancas, el coro de niños del teatro, dirigido por Cecilia Barrientos.

Dos de los tres protagonistas de la ópera están debutando en Chile. La soprano estadounidense Melody Moore ha abordado el rol titular en escenarios como las Óperas de San Francisco y Los Angeles, y demostró una convincente compenetración vocal y actoral con el personaje, en particular en el exigente segundo acto, donde evitó los efectismos en los que caen algunas colegas, desplegó un acertado lenguaje corporal (en particular en su tensa interacción con Scarpia) y manejó muy bien su voz cálida, atractiva y de buenos agudos, entregando además una efectiva y contenida versión de su famoso momento solista "Vissi d'arte".

Por su parte, encarnando al pintor Mario Cavaradossi, el tenor italiano Leonardo Caimi, quien se ha especializado en papeles de Puccini y Verdi presentándose en teatros tan cotizados como la Scala de Milán, el Real de Madrid y el Colón de Buenos Aires, fue muy creíble en lo teatral como figura romántica y heroica, pero en lo vocal en un inicio no pareció tan contundente, en particular con la forma de emitir las notas agudas; sin embargo fue mejorando a lo largo de la función y culminó en un buen tercer acto, con una sentida entrega de su célebre "E lucevan le stelle".

El barítono azerí Elchin Azizov, quien debutara en Chile en 2011 como Amonasro en "Aida" de Verdi, interpreta aquí el primer Scarpia de su carrera, uno de los personaje más interesantes para su cuerda ya que siempre ofrece un enorme potencial dramático y psicológico; quizás por ser su primera vez en el rol, el cantante -quien en septiembre integrará el elenco del "Sansón y Dalila" que inaugurará la temporada 2018-2019 del Metropolitan Opera House de Nueva York- aún no profundiza del todo en la particular mezcla de siniestra amenaza, lascivia y refinamiento que puede representar el jefe de policía, pero de todos modos en general funcionó bien, tuvo una adecuada presencia escénica y su potente voz se adaptó sin complicaciones, si bien de todos modos también debió lidiar contra el implacable volumen orquestal, específicamente en el "Te Deum".

 

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Foto: Edison Araya

En los roles secundarios destacaron intérpretes locales: el bajo Jaime Mondaca fue un sólido Angelotti; el bajo barítono Sergio Gallardo encarnó dinámicamente al sacristán eludiendo en buena medida las caricaturas que se han hecho tradicionales en este personaje, aunque su timbre y el color de su voz conformaron un sonido algo áspero; el tenor Gonzalo Araya fue un eficaz Spoletta, papel que ya había cantado en esta ópera en 2011, y también estuvieron muy bien el barítono Eleomar Cuello como Sciarrone, el bajo David Gáez como el carcelero, y la niña Constanza Wilson, de bella y encantadora voz, interpretando al pastor del tercer acto que como ya se djijo, en esta ocasión era un "ángel".

Las próximas funciones del elenco internacional de "Tosca" serán este martes 17, jueves 19, sábado 21 y lunes 23, mientras este miércoles 18 debuta el elenco estelar, que se presentará además el viernes 20.

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