El drama de las guerrilleras colombianas obligadas a renunciar a sus hijos

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Autor: Cooperativa.cl

Tras décadas de conflicto, es casi imposible saber cuántos niños han nacido de madres guerrilleras.

Estas son cinco historias que hablan de la vida y de la muerte, de la guerra y de la deserción, pero ante todo de la esperanza.

El drama de las guerrilleras colombianas obligadas a renunciar a sus hijos
 Sudamerica Hoy

Ellas también han sido víctimas de la guerra.

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María solo tuvo a su hija cerca por unos tres meses; Carmen incluso menos: 40 días. Teresa perdió dos: a uno por un aborto forzado, a otra porque se la quitaron. A Elena le tocó entregar su bebé a su madre, pero a la abuela se lo arrebataron después y ya no volvió a saber su paradero. Como Alicia, que pasó siete años buscando al suyo.

Estas son cinco historias que hablan de la vida y de la muerte, de la guerra y de la deserción, pero ante todo de la esperanza.

Son los relatos de cinco ex guerrilleras colombianas que fueron obligadas a renunciar a los hijos que tuvieron cuando militaban en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y en el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Dos de ellas han logrado recuperarlos. Las otras tres siguen peleando esa batalla.

Y para ninguna de ellas se ha tratado de un proceso fácil. Entre otras cosas porque pese a haberse desmovilizado y formar parte de programas de reintegración, su pasado sigue siendo una carga muy pesada.

Es un pasado vinculado a un conflicto que por cinco décadas ha dejado 5,7 millones de víctimas de desplazamiento forzado, 220.000 muertos, más de 25.000 desaparecidos y casi 30.000 secuestrados.

Sin embargo, al escuchar las historias de estas mujeres, cuyos nombres reales no revelamos para resguardar su privacidad, es claro que ellas también han sido víctimas de la guerra.

Tras décadas de conflicto, es casi imposible saber cuántos niños han nacido de madres guerrilleras y lo que ha pasado con cada uno de ellos.

En estos momentos en que las FARC y el gobierno hablan de paz, cabe preguntarse si reunir a estas madres con sus hijos tendrá algún espacio en sus agendas.

María: "Despegarse de los hijos es algo muy duro"

María accedió a conversar con BBC Mundo lejos de su casa. Tras un largo viaje, nos encontramos en Medellín, en el occidente del país.

No era como me la imaginaba. Me sorprendió lo frágil y femenina que se ve. Traía a un bebé en brazos: el hijo que tuvo después de desmovilizarse.

María fue reclutada por las FARC cuando tenía 13 años. A los 17 años, tras enamorarse de uno de sus compañeros, quedó embarazada. Lo primero que pensó fue que "obviamente" tenía que abortar.

"Le pedí mucho a Dios que no me fuera a pasar eso. La verdad es que yo lo quería tener. Sentí un poco de felicidad porque iba a tener un bebé", señala María.

"A la mayoría de mujeres les toca abortar por obligación (...) Cuando uno queda embarazada, esa es siempre la opción que tiene (...) Me tocó ver a muchas mujeres de cinco meses, seis meses abortar", indica.

"Lo escondí hasta los siete meses porque ya se me notaba mucho. Después avisé. Me dijeron que ya era muy riesgoso (abortar) porque de pronto me podía morir".

Parto

Unas dos semanas antes de cumplir los nueve meses, relata María, fue enviada con un compañero a una finca abandonada.

"Él hacía lo que yo le decía, le pedí que calentara agua. Sentía unas ganas de hacer mucha fuerza y empecé a sentir que ella venía saliendo hasta que hice la última fuerza y salió. Una enfermera me había explicado cómo cortar el cordón umbilical, me había dado una tijera y un hilo blanco para hacerlo. La bañé con agua caliente y eso fue todo".

"Al principio me dio mucho miedo porque nació moradita, casi no respiraba. No sabía qué hacer, lo primero que se me ocurrió fue levantarla un poquito para que reaccionara. Cuando lloró sentí una felicidad, la vi tan bonita. Fue un momento muy bonito. Estaba feliz de tener a mi niña", recuerda María.

Pero la felicidad de ver a su hija con vida duró muy poco. "Había muchas compañeras que ya habían tenido bebés. Yo les preguntaba cómo era eso y me decían que era muy difícil porque aunque usted no lo crea cuando uno los tiene en la barriga, uno los empieza a querer. Despegarse de ellos es algo muy duro".

Entrega

Después de tres meses, lo inevitable sucedió.

"Ese recuerdo siempre lo tengo presente en mi mente. El comandante nos había dicho que teníamos que entregarla, que no nos podía dar más tiempo, que nos teníamos que deshacer de ella como fuera. Pasamos por donde vivía una señora con la que mi compañero ya había hablado. La señora se encariñó con la niña y llegó el día que tocaba entregarla. Yo se la dejé a él (...) para que lo hiciera. Lo esperé lejos, yo no fui capaz. Lloré cuatro días. Fue muy difícil, fue algo muy duro. No había opciones como para decir: la busco y me deserto".

Esa es la hija que María está buscando. Ella cree saber dónde está, pero explica que se trata de una zona en la que las FARC son muy activas. Sería extremadamente arriesgado acercarse.

Por un tiempo, estuvo en comunicación telefónica con la señora que recibió a la niña. María le pidió que la dejara conocerla. "Al principio me dijo que sí, pero después me fue engañando y no volvió a responder mis llamadas", cuenta.

María le dijo que su intención no era quitársela, sino pasar tiempo con ella.

De acuerdo con María, la mujer le dio diferentes versiones. "Primero me dijo que no la tenía, que el grupo se la había quitado, después me dijo que el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar la tenía" y posteriormente le aseguró que ese organismo "se la había entregado".

"Un abogado me dijo que si eso había pasado no había nada que hacer", cuenta bajando la mirada. Pero en segundos la vuelve a subir y añade: "Seguiré en la búsqueda hasta el día en que la encuentre o vea que no hay más opciones. Todavía tengo la esperanza de que algún día la podré conocer y estar con ella".

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Las autoridades buscan que más mujeres se desmovilicen. (Foto: EFE)

Elena: "Es un sufrimiento que uno lleva todo el tiempo"

En el occidente de Colombia, BBC Mundo se reunió con Elena, una joven de piel canela y hermoso cabello negro. Ella fue combatiente del ELN.

Elena llegó a nuestra cita con su madre, pues evita salir sola. Pese a haberse desmovilizado hace varios años, todavía tiene miedo.

Cuando tenía 13 años, miembros del ELN llegaron a su casa, cuando su madre no estaba, y se la llevaron.

Para evitar abusos de otros compañeros del grupo, Elena comenzó una relación con un guerrillero de rango superior. Quedó embarazada cuando tenía 15 años.

El ELN le permitió dar a luz, pero estaba claro que tenía que renunciar a su bebé. Dos meses después de tenerlo, sus compañeros se lo quitaron y se lo entregaron a su madre. Obligaron a Elena a regresar al campamento.

Dos años después, "gente" que Elena cree es parte del grupo guerrillero se lo "arrebató" a su madre.

"Este es un sufrimiento que uno lleva todo el tiempo. Tengo muchos recuerdos de mi niño y cuando me vuelva a encontrar con él, le contaré muchas cosas: todo lo que he luchado por él. Todavía no me doy por vencida, yo sé que lo voy a lograr. Sé que voy a estar con mi hijo así sea una sola vez, un día, una noche, yo sé que voy a estar con él. Y ese día, va a ser sólo para él, no me va a importar ni mi pareja ni mis otros hijos. Me voy a dedicar a contarle todo lo que he recorrido y lo que he tenido que sufrir, que soportar, con tal de que él estuviera vivo", relata entre sollozos.

"Yo quiero a mi bebé (...) Le pido a Dios todos los días y todas las noches que de tanto sufrimiento, de tantas cosas que viví en el grupo armado, que sea lo único que me regale: volver a encontrarme con mi niño otra vez".

Después de tener al hijo que busca, Elena quedó embarazada en dos oportunidades. En ambos casos fue víctima de abusos de un comandante. Cuando tenía seis meses de embarazo la obligaron a abortar y el tercer niño, asegura, nació a los ocho meses, pero se "lo mataron".

Tras desmovilizarse, Elena inició una familia. Pero -enfatiza- nunca dejará de buscar a su primer hijo.

Teresa: "Legalmente, mi hija es mi hija"

BBC Mundo viajó al estado del Meta, en el centro del país, para conocer la historia de Teresa.

Impecable. Así se veía Teresa cuando la entrevistamos. Nos contó que las FARC la obligaron a formar parte del grupo cuando tenía 14 años, después de que mataron a su madre. "Las FARC acabaron con mi niñez, con mi juventud", cuenta.

A los 16 años quedó embarazada y decidió esconderlo.

"Sentí miedo, es un delito quedar embarazada. Se califica como un incumplimiento premeditado de orden y una insubordinación. Son dos delitos que conllevan al consejo revolucionario de guerra o a recibir unas sanciones muy drásticas", señala.

Cuando sus superiores se dieron cuenta de su embarazo, ya era demasiado tarde para hacerla abortar. Pocas semanas después de dar a luz a una niña, la obligaron a firmar un "papel" para entregarle la niña a una familia que ellos conocían.

"Pensé que iban a buscar a un familiar mío, pero no lo hicieron. Cuando menos pensé llegó esa gente al campamento por la niña (...) No los conocía. Los había visto de paso, nunca tuve un diálogo con ellos, una cercanía".

Teresa volvió a quedar embarazada, pero en esa oportunidad la organización la castigó drásticamente. "Me hicieron abortar a los ocho meses de embarazo. Era un niño", le dice a BBC Mundo.

En 2009, se desmovilizó y empezó a buscar a su hija. La encontró con las mismas personas a las que las FARC se la entregaron.

El primer contacto, cuenta Teresa, fue positivo. Le permitieron compartir con la niña y hubo tiempo para explicarle que tenía dos mamás, algo que la pequeña encontró fascinante.

Batalla legal

Sin embargo, con el paso de los días hubo un cambio de actitud por parte de la familia y ahora Teresa está en medio de una compleja batalla legal para que le permitan ver a su hija.

"Después de que ellos se dieron cuenta de que yo quería a mi hija empezaron a hacer papeles para adoptarla, pero a mi hija la tengo registrada con mis dos apellidos. Legalmente, mi hija es mi hija".

La última vez que la vio fue hace tres años, en una audiencia.

"Me han puesto muchos obstáculos para no estar con ella", señala Teresa.

"(Una funcionaria) dice que no tengo derecho sobre la niña porque '¿qué ejemplo le voy a dar sabiendo que tengo pensamientos subversivos?' y que una persona como yo, que estuvo en las FARC, no tiene derecho a tenerla. Ha habido muchas mentiras en ese proceso. Dice que la abandoné, que la regalé, algo que nunca hice porque para mí un hijo no se regala".

"De corazón les digo que se pongan en mi lugar, yo no regalé a mi hija, me la quitaron. Yo tenía 16 años, me obligaron a hacerlo. Si todo un ejército no se puede enfrentar (y derrotar) a las FARC ¿cómo iba a hacer yo, sola, para enfrentarme a ellos y haberles impedido que me hicieran entregar a mi hija? Pónganse en mi lugar, ayúdenme (a recuperarla)", le suplica Teresa a las autoridades.

Carmen: "Me preocupaba (...) que me fuera a rechazar"

Carmen recibió a BBC Mundo en su casa, en Bogotá.

Tras 23 años de militar en las FARC, Carmen se desmovilizó en 2008 e inició la búsqueda del hijo que tuvo cuando estaba en la guerrilla.

Después del parto, las FARC le permitieron estar con su hijo por cuarenta días. Después de ese periodo, Carmen y su pareja, también miembro del grupo, le entregaron el niño a una familia que conocían.

A Carmen le daban permiso para visitarlo cada tres, cinco meses, hasta que cumplió tres años. Debido a la penetración del ejército en la zona, fue transferida a otra área y perdió contacto con su hijo.

Carmen, quien asegura que cuando quedó encinta por primera vez los embarazos estaban permitidos en las FARC, se volvió a reunir con su hijo 24 años después de dar a luz. Ese encuentro se produjo en 2010.

"Una persona del programa de desmovilizados me llevó a la emisora del ejército, Colombia Stereo, y allí un señor (...) me dejó que dirigiera un mensaje a la zona donde yo imaginaba que estaba mi hijo", le cuenta a BBC Mundo.

Semanas después, Carmen recibió la llamada de un miembro del ejército para que acudiera nuevamente a la estación de radio.

"Me presenté y ese día escuché su voz. Pero no me dejaron hablar con él. Ese día sentí algo tan grande que yo les quería arrebatar el teléfono. Quería decirle que yo era su madre. A él le hacían unas preguntas, a mí me llamaron para constatar si era él y había una pregunta clave que iba a definir si era mi hijo. Me llamaron para que hiciera la pregunta, cuando la respondió les dije: 'Es él, no hay duda'", relata con la voz entrecortada.

"Hicieron todos los trámites para que nos reuniéramos. Fue como si lo hubiera acabado de tener otra vez. Una felicidad muy grande la que sentí ese día, no podía creer que eso se estaba dando o por lo menos que él me aceptara. Entre las cosas que más me preocupaba era que él nunca me fuera a aceptar, que me fuera a rechazar".

Reencuentro

Pero su único hijo no la rechazó. Carmen le pidió a la familia que lo crió que nunca le ocultaran quiénes eran sus padres biológicos y por qué tuvieron que dejarlo. "Uno no puede estar en el monte con niños, los que más sufren son ellos", asegura.

Fue así como su hijo conoció su origen desde pequeño.

"Me empezaron a contar desde los 7 años aproximadamente. A los 12 años me terminaron de contar la historia completa. Cada año, cuando cumplía años, mi mama se ponía a llorar y me contaba partes. Primero me dijo que yo no era hijo de ella, después me dijo que me contaría la historia de mis papás y de cómo llegué (a su hogar). Y así, año tras año, me fue contando la historia", recuerda el joven en conversación con BBC Mundo.

"No les guardo rencor, yo les agradezco por haberme dejado allá. Nunca tuve nada en contra de ellos. Reconozco que no es fácil dejar un hijo con una familia que no es la de uno. En gran parte lo que soy hoy en día se lo debo a ellos por haberme dejado en el seno de esa familia".

El día de reencontrarse con su madre llegó cuando un pariente de él, tras escuchar el mensaje de Carmen, lo contactó. El joven llamó a la estación y después de responder varias preguntas para confirmar que realmente era la persona que estaban buscando, se organizó la reunión.

"Llegamos al hotel (...) A ella la tenían en un cuarto pequeño. Me dijeron que esperara cinco minutos en la sala. Esperé y se produjo el encuentro. Yo salí corriendo, nos abrazamos, ella se puso a llorar, yo lloré pero poquito. Fue algo muy emocionante", señala el joven.

"Me dijo que estaba feliz de haberme encontrado, que la perdonara. Yo le dije que no tenía que pedirme perdón".

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Las mujeres que se han desmovilizado estuvieron en los grupos armados en promedio 14 años, entre los 12 y los 26 años. (Foto: EFE)

Alicia: "Los cuatro decidimos venirnos"

En el centro del país, BBC Mundo conoció a Alicia, una mujer que integró las filas de las FARC por 15 años y que tuvo a sus dos hijos dentro de la organización.

En medio de un operativo "tenaz", Alicia tuvo que dejar a su primer hijo, de dos meses, con el encargado del área. Él se lo entregó a "una señora".

Alicia no volvió a saber nada del niño, pero nunca perdió las esperanzas de recuperarlo. Por eso, asegura, luchó dentro del grupo para que le dijeran dónde lo tenían.

"Después de siete años, supe más o menos donde estaba", cuenta. Un compañero combatiente fue la clave para que se concretara un reencuentro.

A Alicia le permitieron pasar tres meses con su hijo, pero transcurrido ese periodo le ordenaron entregarlo y devolverse al campamento.

"No lo quise hacer. Ahí fue cuando tome la decisión (de desmovilizarme)", dice.
Alicia tuvo a su segundo hijo en medio de otro intenso operativo. Un mes después del parto, tuvo que dejárselo a una mujer en un pueblo cercano. Al año, lo recogió y lo dejó al cuidado de una familia que vivía en una zona a la que ella podía ir con regularidad. Su comandante le había dado permiso para visitarlo y, en oportunidades, para llevarlo al campamento por "una horita".

Cuando decidió desmovilizarse, "una muchacha" le hizo el favor de llevarlo a donde ella estaba. Alicia ya tenía en su poder a su primer hijo.

Fue así como, tras planificarlo y ejecutarlo muy cuidadosamente, Alicia, su esposo y sus dos hijos se desmovilizaron juntos.

"Los cuatro decidimos venirnos", señala con una sonrisa deslumbrante. "Es que tenerlos y volver a dejarlos es muy duro".

Inseparables

La ex guerrillera llevó al encuentro con BBC Mundo a sus dos hijos. Al preguntarle por qué los había traído, su respuesta fue contundente: "Siempre los llevo a donde voy, no los dejo en ninguna parte".

Mientras conversábamos con Alicia, los dos niños no dejaban de jugar. Al terminar la entrevista, nuestro micrófono fue parte de su entretenimiento. Nos contaron que uno quiere ser bombero y el otro, ganadero. Y hasta nos cantaron.

Le preguntamos al mayor de ellos si recordaba el día en que vio a su mamá por primera vez.

"Donde vivíamos había una señora que me cuidaba y un día llegó mi mamá en un motor con un señor. Me dijo que ella era mi mamá, pero yo le dije: 'Yo no la conozco' (...) Pensé y pensé un buen rato... Después nos fuimos a una finca donde mi mamá y mi papá vivían", cuenta el pequeño.

Al final les preguntamos si querían decir algo más. El niño mayor se acercó, agarró el micrófono y dijo: "Sí, algo corto: gracias mamá por todo lo que nos diste y cuando me recuperó, gracias por llevarme a la finca a conocer a mi hermano y a conocerte a ti".

Versión de las FARC

Camila Cienfuegos, miembro de la delegación de las FARC en los diálogos de paz con el gobierno, en entrevista con el periódico español GARA:

  • "Tener un hijo o hija produce dolor y angustia, no solo por la renuncia de verlos crecer, de criarlos, de incidir en su formación, sino por la suerte que corren, por la persecución constante, por la presión social de estigmatización y marginación, por la guerra mediática a la que se ven enfrentados sin la más mínima posibilidad de contrarrestarla. En definitiva, se tiene que renunciar a amar a los hijos e hijas, a sentirlos, protegerlos, para posibilitarle un pequeño espacio con las personas que las cuidan, en el anonimato y clandestinidad".
  • "Si a partir de los tres meses no se ha producido la interrupción (del embarazo) se deja continuar; igual si no hay condiciones de atención profesional que garanticen la seguridad de la combatiente. También ha ocurrido que la pareja tiene condiciones a través de sus familias de garantizar la estabilidad de sus hijo. En tal caso solicitan el permiso para un embarazo, y es determinación de los organismos superiores concederlo o no. Hay casos en los que por la confrontación misma la guerrillera queda embarazada, y es imposible interrumpirlo, así que es menos arriesgado seguir con el embarazo".
  • "Toda la guerrillerada ama profundamente a los niños y niñas, a los hijos de todos, porque son la expresión de cada uno de nosotros, son nuestros hijos, sobrinos, nietos".

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