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Profesor hizo clases por 17 años sin saber leer ni escribir

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Autor: Cooperativa.cl

John Corcoran contó a los 77 años cómo sobrevivió mintiendo y fingiendo.

Profesor hizo clases por 17 años sin saber leer ni escribir
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El profesor estadounidense John Corcoran hizo clases a alumnos de enseñanza media desde los años 60. Ahora tiene 77 años y contó un secreto que lo atormentó por más de 40 años.

En un podcast de la BBC, el maestro confesó que no sabía leer ni escribir hasta los 48 años. En ese momento finalmente dejó de ser analfabeto y pudo ir a reuniones sin tener miedo a que sus colegas lo descubrieran.

El jubilado maestro californiano contó cómo llegó a hacer clases entre 1961 y 1978 a adolescentes sin tener la herramienta más básica de todas. Ahora tiene una fundación para combatir el analfabetismo.

Estos son algunos de los párrafos: 

"Tardé un tiempo antes de poder hablar, pero fui a la escuela con muchas esperanzas de aprender a leer como mis hermanas. Al comienzo, las cosas iban bien porque no nos exigían mayor cosa".

"Luego llegó a segundo básico cuando se suponía que debíamos aprender a leer. Para mí era como abrir un diario en chino que, al mirarlo, no podía entender lo que eran esas líneas. A los seis, siete, ocho años no sabía cómo articular el problema".

"En la escuela terminé sentado en la 'fila de los tontos' con un grupo de niños que tenían problemas de lectura. No supe cómo llegué a parar allí. No sabía cómo salir de eso y definitivamente no sabía qué preguntas hacer".

"Para cuando llegué a quinto básico, básicamente me di por vencido en cuanto a la lectura. Me despertaba cada mañana, me vestía, iba a la escuela como si fuera a la guerra. Era un ambiente hostil y tenía que encontrar cómo sobrevivir".

"Quería ser un atleta y tenía las habilidades para serlo, también tenía habilidad matemática. Podía contar dinero y dar el cambio antes de ir a la escuela y aprendí las tablas de multiplicación".

"Podía escribir mi nombre y había algunas palabras que podía recordar, pero no podía componer una oración. Estaba en secundaria y mi lectura era la de alguien en segundo o tercer grado. Nunca le dije a nadie que no sabía leer".

"Cuando tomaba un examen miraba la hoja de otro, o pasaba mi hoja para que alguien más contestara por mí. Era bastante fácil, trampa de aficionado. Cuando entré a la universidad con una beca completa de atletismo, fue otra la historia".

"Pertenecía a un grupo social universitario que tenía copias de antiguos exámenes. Esa fue una manera de hacer trampa. Intenté tomar clases con un compañero, alguien que me pudiera ayudar. Había profesores que daban el mismo examen año tras año. Había traspasado la línea. Ya no era simplemente un estudiante tramposo, era un criminal".

"Mis profesores y padres me dijeron que las personas con títulos universitarios obtenían mejores empleos, vivían mejor y eso es lo que yo creía. Mi única motivación era tener ese cartón. Ya fuera por ósmosis, con oraciones o, tal vez, por un milagro algún día aprendería a leer".

"Así que me gradué de la universidad y, cuando lo logré, había escasez de profesores y me ofrecieron un trabajo. Fue la cosa más ilógica que te pudieras imaginar. Acababa de salir de la jaula de los leones para entrar de nuevo a burlarme de ellos".

"Enseñé diferentes cursos. Fue entrenador de deportes. Enseñé estudios sociales. Enseñé mecanografía. Podía escribir a máquina 65 palabras por minuto pero no sabía lo que estaba escribiendo".

"Nunca escribí en la pizarra y no había una sola palabra impresa en el salón. Veíamos un montón de películas y teníamos muchas discusiones. Recuerdo lo temeroso que estaba. Ni siquiera podía pasar lista".

"Mi esposa me escuchó tratando de leer el libro infantil y fue la primera vez que se dio cuenta. Le había estado pidiendo que escribiera una cantidad de cosas por mí, que me ayudara escribiendo cosas para la universidad y, de pronto, se percató de lo profundo y severo que era el problema.

"Tuve una tutora voluntaria de 65 años. No era una maestra, era simplemente una persona que amaba la lectura y creía que nadie podía pasar por la vida sin poder leer. Viví 48 años en la oscuridad. Finalmente pude deshacerme de esta soga en mi cuello".

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