Jóvenes se lucieron en "A mi Maestro", el memorable concierto dirigido por Gustavo Dudamel y dedicado a José Antonio Abreu

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- Periodista Radio: Joel Poblete

Con obras de Wagner, Beethoven y Tchaikovsky, talentosos artistas chilenos se unieron a colegas de algunas de las principales orquestas del mundo.

 CorpArtes/Fiebre Media

El maestro Dudamel en el escenario.

Un verdadero privilegio ha tenido el público melómano chileno este 2018: En menos de cuatro meses, uno de los directores de orquesta más célebres y solicitados de la actualidad, Gustavo Dudamel, ha estado en dos oportunidades dirigiendo conciertos en nuestro país.

En marzo, en el Municipal de Santiago -el mismo escenario donde su batuta se lució por primera vez en Chile, con un concierto privado en 2011- el maestro venezolano estuvo al frente del muy esperado debut local de una de las orquestas más prestigiosas a nivel mundial: la Filarmónica de Viena, y la noche del jueves 28, ahora en CorpArtes, ofreció un memorable concierto, con características muy especiales, llamado "A mi Maestro".

¿Por qué fue tan significativo? De partida, por el contexto: cuando vino con la Filarmónica de Viena fue en el marco de la gira sudamericana de la legendaria agrupación y apenas estuvo de pasada por Santiago; en esta oportunidad, en cambio, Dudamel vino exclusivamente a Chile y permaneció dos semanas en la capital ensayando, y no con una orquesta con la que vino de visita, sino con una especialmente conformada para la ocasión, con músicos locales de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile (FOJI).

 

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A ellos se unieron 30 artistas invitados desde otras seis formaciones, algunas de ellas entre las más afamadas internacionalmente, como las Filarmónicas de Los Angeles -donde Dudamel es titular-, Berlín y Viena, la Sinfónica de Gotemburgo, la Sinfónica Nacional Simón Bolívar -la misma a la que el maestro venezolano ha hecho famosa y dirigido en todo el mundo, y la Nacional Juvenil de Venezuela, además de una docena de artistas de la Orquesta Música para la Integración de Venezolanos en Chile, integrada por inmigrantes de ese país.

La iniciativa, fruto de una alianza entre Fundación CorpArtes y la Fundación Gustavo Dudamel, tenía como objetivo homenajear a una figura fundamental en la difusión de la música clásica, primero en su natal Venezuela y posteriormente a nivel latinoamericano y mundial: José Antonio Abreu, quien falleció a los 79 años el pasado 24 de marzo, apenas un par de semanas después del concierto en el Municipal de Santiago de Dudamel, quien siempre lo reconoció como su gran mentor e inspiración.

Entre los muchos méritos de Abreu destaca especialmente el haber fundado hace más de cuatro décadas el Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas Juveniles, Infantiles y Pre-Infantiles de Venezuela, más popularmente conocido como "el Sistema"; inspirado en la pionera labor que desarrolló el fallecido maestro chileno Jorge Peña Hen al crear en 1964 la primera orquesta sinfónica infantil de Chile y Latinoamérica, el venezolano inspiró a su vez la creación de organizaciones similares en distintas naciones, en las que se educa e instruye a talentosos niños y jóvenes que a menudo son de escasos recursos y no provienen de las capitales de sus respectivos países, pero consiguen así cumplir con sus sueños a través de la música.

En Chile, guiada inicialmente por el entusiasmo y entrega del ya desaparecido maestro Fernando Rosas, la FOJI ha sabido preservar este legado y enseñanza, y de seguro los más de 70 jóvenes chilenos que en estos días tuvieron la posibilidad de ensayar durante dos semanas dirigidos por Dudamel y junto a sus colegas de otros países, y finalmente tocar la noche del jueves en el concierto, de seguro no podrán olvidar jamás tan valiosa y trascendente experiencia.

 

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Y si ya todo lo que rodeaba al concierto tenía características de auténtico hito cultural para la escena musical de nuestro país, el resultado artístico también estuvo a la altura y superó toda expectativa.

No siempre las fusiones orquestales que integran músicos de distintas formaciones consiguen resultados tan energéticos e inspirados como el que se pudo apreciar en el concierto del jueves, que no sólo pudo ser apreciado por el público presente en CorpArtes, sino además fue transmitido en directo por Canal 13C y además por streaming a través de una decena de distintas plataformas.

Ante una audiencia expectante, el director venezolano -quien hace pocos días recibió además en La Moneda la Orden al Mérito Pablo Neruda- inició la velada con sentidas palabras dirigidas a su querido maestro: "Hoy estamos unidos aquí porque tú nos uniste", comenzó, y al finalizar dijo "Honor y gloria eterna a José Antonio Abreu".

Dudamel vino por primera vez a Chile en 1995 como violinista y uno de las decenas de jóvenes integrantes de la Sinfónica Nacional Simón Bolívar, pero ha sido su triunfal faceta de director la que los espectadores chilenos han tenido el lujo de poder apreciar ya en tres oportunidades: primero, los afortunados que logramos estar en el concierto privado de 2011 donde brindó una notable e inolvidable versión de la exigente Séptima Sinfonía de Mahler, en marzo pasado quienes asistieron a sus interpretaciones de Brahms junto a la Filarmónica de Viena, y ahora en esta nueva actuación, con un programa particularmente atractivo, integrado por obras de Wagner, Beethoven y Tchaikovsky.

 

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A sus 37 años, hace ya un buen tiempo que Dudamel demostró que es mucho más que un fenómeno mediático, y es definitivamente un gran director. Su simpatía y carisma en el escenario son sólo el punto de partida para una conducción de enorme calidad, intensidad y dinamismo.Guía a la orquesta con gestos firmes, enérgicos y precisos, sin excesos o exageraciones grandilocuentes, y en esta oportunidad obtuvo brillantes resultados, más aún considerando que se trataba de una agrupación formada especialmente para la ocasión, en un repertorio que no por ser muy conocido deja de presentar exigencias. Los jóvenes músicos respondieron muy bien, en particular las cuerdas y bronces, y la excelente acústica de CorpArtes también fue un gran aliado.

Ya desde la primera parte del programa, con la sutil y delicada entrega del bellísimo y sublime preludio de la ópera "Lohengrin", de Wagner, seguida de inmediato, sin interrupción ni esperar aplausos y en una interesante transición, por una vibrante versión de la Séptima Sinfonía de Beethoven, los espectadores cayeron rendidos ante el sonido fluido, rotundo y dúctil que supo extraer a sus músicos Dudamel.

Y tal como era esperar, luego del intermedio la Cuarta Sinfonía de Tchaikovsky, obra escogida especialmente por el cariño que le tenía el maestro Abreu a la partitura, desató el fervor de los presentes; sin exagerar, puede que sea una de las versiones más electrizantes de esta partitura que se hayan ofrecido en Chile, y si quizás en el vertiginoso movimiento final fue ineludible que Dudamel y sus músicos se dejaran llevar por el frenesí sonoro, el resultado final fue tan impactante que no fue de extrañar que las ovaciones fueran particularmente entusiastas, incluso aclamando a los visiblemente contentos y conmovidos músicos como verdaderos rockstars.

Entre los aplausos y gritos de "bravo", a Dudamel le entregaron un ramo de flores, y él tomó una de ellas y la dejó en el podio, haciendo el ademán de saludar a las alturas a su querido maestro.

Un concierto verdaderamente memorable y emotivo, y su alcance no se queda ahí, porque este viernes habrá una segunda función, en la que la FOJI, la Fundación CorpArtes y la Fundación Gustavo Dudamel se preocuparon especialmente de que su público esté compuesto por niños y jóvenes músicos de orquestas invitados no sólo de Santiago, sino además de distintas regiones del país.