Los países del G7, "a un milímetro" de acordar la reforma del sistema fiscal global

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Las economías más desarrolladas del planeta negocian fijar un tipo mínimo de tributación para las multinacionales e imponer reglas para que los gigantes digitales paguen donde obtienen beneficios.

Coinciden en que no es solo una necesidad para los expansivos programas de recuperación pospandemia, sino que también encarna el regreso de los grandes consensos globales.

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Las economías más desarrolladas del planeta, reunidas en el G7, se hallan cerca de alcanzar un acuerdo que siente unos nuevos pilares para la fiscalidad internacional, reduzca la competencia entre países por ofrecer ventajas impositivas y obligue a los gigantes digitales a tributar donde obtienen beneficios.

Si Reino Unido, como anfitrión de la reunión de los ministros de Finanzas del G7 hoy y mañana en Londres, se declaraba estos días "optimista" sobre un pacto, las primeras declaraciones de los responsables presentes en la cita reforzaron esa impresión.

"Estamos a un milímetro de un acuerdo histórico", subrayó a la BBC el titular francés de Finanzas, Bruno Le Maire, cuyo país ha sido uno de los que más ha peleado por la reforma desde el comienzo de las negociaciones, hace ocho años.

De cumplirse las perspectivas, el G7 acordaría los llamados "dos pilares" de la reforma: por un lado se fijaría un tipo mínimo de tributación para las multinacionales, y por el otro, se impondrían unas reglas para que los gigantes de la economía digital paguen por sus beneficios en los países donde los obtienen, y no sólo donde tienen su sede física.

Precisamente, el Reino Unido es el país de los siete del grupo que más reticencias ha mostrado a establecer un impuesto mínimo común para las empresas.

Si Estados Unidos comenzó proponiendo un tipo mínimo del 21 %, arrastrado por la intención del presidente Joe Biden de elevarlo en su país, luego lo bajó al 15 %, que para París sería solo un "punto de partida".

Ese porcentaje "es la cuestión más importante y la mayor dificultad, y es donde ahora mismo más se está negociando", señaló Le Maire, que recordó que para su país es necesario que el tipo mínimo sea "algo creíble y realmente eficaz".

De igual forma, descartó que se vaya a eximir a algunos de los gigantes de internet de la llamada "tasa digital", ya que a su juicio "nadie entendería que de estas grandes compañías que están haciendo enormes beneficios unas paguen y otras no".

NECESIDAD DE CONSENSOS

Tras la oscura etapa para el multilateralismo que supuso la Presidencia de Donald Trump en EE.UU., los países del G7 coinciden ahora en que la reforma fiscal no es solo una necesidad para los expansivos programas de recuperación pospandemia, sino que también encarna el regreso de los grandes consensos globales.

"Si somos capaces hoy o mañana de llegar a un acuerdo, querrá decir que por primera vez en muchos años el G7, los países occidentales, podemos acordar algo para el siglo XXI", reiteró Le Maire.

Su homólogo británico, Rishi Sunak, lo puso aún más claro en su intervención en la reunión: "Oportunidades para hacer reformas duraderas como ésta no llegan muy a menudo".

"No podemos seguir confiando en un sistema tributario que fue diseñado en gran medida en la década de 1920", remarcó el ministro británico, convencido de que "oportunidades para impulsar reformas como esta no se presentan muy a menudo".

Las discusiones técnicas se llevan a cabo en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con más de 140 países y jurisdicciones implicados. Las decisiones allí se toman por consenso, por lo que teóricamente cualquiera de las partes podría bloquear la situación, pero si el G7 llegase a un acuerdo, sería un fuerte espaldarazo.

Pero también será fundamental ver qué sucede en el G20 (donde también participan economías emergentes como China, India o Brasil), que organiza un encuentro de ministros de Finanzas el 9 y el 10 de julio en Venecia (Italia).

Estos días se debaten también en Londres medidas para implicar a las empresas privadas en el combate contra el cambio climático.

El Reino Unido, que acogerá en otoño la próxima cumbre del clima COP26, quiere que las compañías participen en el objetivo de cero emisiones netas, para lo que estudia obligarlas a declarar con transparencia cómo afectan sus actividades o inversiones al medioambiente.

"La transición a las cero emisiones será una de los sucesos económicos que definirán la próxima década y que transformarán nuestras sociedades futuras. Necesitamos comenzar el trabajo práctico y tangible para hacerlo real", dijo Sunak ante los delegados del G7.