"Somos cinco mil": la última canción de Víctor Jara en el Estadio Chile

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Autor: Cooperativa.cl

Horas antes de su muerte en el Estadio Chile, Víctor Jara escribió la canción "Somos cinco mil", que recientemente fue musicalizada gracias a la inteligencia artificial.

El 11 de septiembre de 1973, los golpistas entraron a la antigua Universidad Técnica del Estado (UTE) y detuvieron a 600 personas, entre ellas Víctor Jara.

El cantautor realizó una presentación la noche del 10, pero al día siguiente fue detenido y trasladado al Estadio Chile, donde encerraron a más de 5.000 prisioneros.

Testimonios que presenciaron la escena relataron cómo desde ese momento el músico fue objeto de insultos, amenazas y golpizas.

"Somos cinco mil" de Víctor Jara

A Jara lo torturaron y le cortaron los dedos y la lengua para que nunca más pudiese hacer lo que más quería: tocar y cantar.

El abogado y profesor de Derecho UTE Boris Navia, que fue detenido junto con Jara, ha contado en varias ocasiones que, antes de que dos soldados se lo llevaran, el artista alcanzó a escribir unos versos en una libreta.

"Estadio Chile" o también conocida como "Somos cinco mil", fue su última canción, con versos como "Canto, qué mal me sales/cuando tengo que cantar espanto" y que recientemente se musicalizó y agregó la voz de Jara gracias a la inteligencia artificial.

Fue asesinado cuatro días después, el 16 de septiembre de 1973 a los 40 años, y su cuerpo fue hallado sin vida cerca del Cementerio Metropolitano, conmocionando a la sociedad chilena.

Letra de "Somos cinco mil"

Víctor Jara escribió en Estadio Chile este poema:

Somos cinco mil aquí.
En esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil.
¿Cuántos somos en total en las ciudades y en todo el país?
Somos aquí diez mil manos que siembran y hacen andar las fábricas.

¡Cuánta humanidad con hambre, frío, pánico, dolor, presión moral, terror y locura!
Seis de los nuestros se perdieron en el espacio de las estrellas. Un muerto, un golpeado como jamás creí se podría golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores, uno saltando al vacío, otro golpeándose la cabeza contra el muro, pero todos con la mirada fija de la muerte.

¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!
Llevan a cabo sus planes con precisión artera sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroísmo.

¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y trabajo?

En estas cuatro murallas sólo existe un número que no progresa.
Que lentamente querrá la muerte.

Pero de pronto me golpea la consciencia
y veo esta marea sin latido
y veo el pulso de las máquinas
y los militares mostrando su rostro de matrona lleno de dulzura.

¿Y México, Cuba, y el mundo?
¡Qué griten esta ignominia!

Somos diez mil manos que no producen.
¿Cuántos somos en toda la patria?

La sangre del Compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas.
Así golpeará nuestro puño nuevamente.

Canto, que mal me sales
cuando tengo que cantar espanto.
Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto.
De verme entre tantos y tantos momentos del infinito
en que el silencio y el grito son las metas de este canto.

Lo que nunca vi, lo que he sentido y lo que siento hará brotar el momento...