Tristeza, represión y tensión externa: el clima que deja la ola de protestas en Irán

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El aplastamiento de las protestas dejó un país sumido en la tristeza y la frustración, mientras familias denuncian abusos, el internet sigue cortado y el descontento permanece latente.

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Tras semanas de protestas masivas y una represión estatal de gran magnitud, Irán vive hoy una aparente calma marcada por la tristeza, el desencanto y el temor a un nuevo estallido social, mientras el Gobierno intenta contener la presión interna y evitar una eventual intervención de Estados Unidos.

Las movilizaciones, iniciadas el pasado 28 de diciembre por el colapso del rial iraní y la grave crisis económica, se extendieron rápidamente por todo el país con consignas directas contra el sistema político y el líder supremo, Ali Jameneí.

La respuesta del Estado incluyó el corte casi total de internet, el despliegue masivo de fuerzas de seguridad y una represión que, según organizaciones de derechos humanos, dejó más de 3.400 muertos.

"Es una depresión colectiva"

En Teherán, la sensación predominante entre la población es de agotamiento emocional. Marjan, ama de casa de 41 años, relató a EFE que la represión apagó una vez más la esperanza de un Irán con libertades básicas.

"Es una mezcla de tristeza, desesperanza e ira. Pensé que esta vez sería diferente", dijo.

Para ella, como para muchos manifestantes, el componente económico -una inflación cercana al 40%, desempleo y ausencia de perspectivas- había ampliado el apoyo social a las protestas, más allá de las movilizaciones feministas de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini.

Parham, ingeniero civil de 35 años, asegura que presenció disparos y una represión "brutal".

"El odio hacia el sistema es ahora mayor. Otro chispazo puede encender nuevas protestas", advirtió, aunque reconoce que continuar manifestándose en estas condiciones "sería suicidarse".

Cifras en disputa: muertos y detenidos

Las cifras oficiales siguen siendo escasas y contradictorias. Mientras ONG como Iran Human Rights y HRANA cifran los fallecidos entre 2.600 y 3.428 personas, las autoridades iraníes afirman no contar aún con un balance definitivo.

En cuanto a las detenciones, el Gobierno reconoció este viernes el arresto de 3.000 personas, a las que calificó de "terroristas", una cifra muy inferior a la estimada por HRANA, que habla de más de 19.000 detenidos pese al apagón informativo impuesto por el corte de internet.

Según fuentes oficiales, durante los disturbios se produjeron ataques a edificios públicos, bancos y el incendio de 53 mezquitas, versión que contrasta con la de organizaciones de derechos humanos, que denuncian uso excesivo de la fuerza y ejecuciones extrajudiciales.

Denuncias por cobros para entregar cuerpos

A la represión se sumaron graves denuncias humanitarias. La BBC Persian informó que familias de manifestantes fallecidos habrían sido obligadas a pagar entre 5.000 y 7.000 dólares para recuperar los cuerpos de sus seres queridos desde hospitales y morgues.

En un país donde muchos salarios mensuales no superan los 100 dólares, las exigencias serían inalcanzables. Testimonios recogidos por la cadena británica señalan incluso que algunos familiares forzaron morgues en Teherán para evitar que los cuerpos fueran enterrados sin su consentimiento.

Irán busca evitar una intervención de EE.UU.

En paralelo a la crisis interna, Teherán enfrenta una creciente presión internacional. El Gobierno iraní ha intensificado su diplomacia para disuadir una intervención de Estados Unidos, luego de las advertencias del presidente Donald Trump durante los días más duros de la represión.

El ministro de Exteriores, Abás Araqchí, advirtió a China y Arabia Saudí que una acción militar estadounidense "provocaría caos en toda la región", aunque en declaraciones a la cadena Fox aseguró que Irán "siempre ha buscado negociar".

Una postura similar expresó Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, quien afirmó que Teherán "no permanecerá pasivo" ante amenazas externas.

Las tensiones se producen meses después de la guerra de 12 días entre Israel e Irán, en la que Estados Unidos participó bombardeando instalaciones nucleares iraníes.

Aunque Irán acumula ya cuatro días sin protestas, la presencia policial sigue siendo intensa y el acceso a internet global continúa severamente restringido. Para muchos ciudadanos, la calma es solo aparente.

"Esto no se ha terminado", resume Marjan. "Irán lleva años protestando y lo volverá a hacer".

La historia reciente -con estallidos en 2017, 2019, 2022 y ahora en 2026- refuerza la idea de que, bajo la superficie, el descontento social sigue latente en la República Islámica.