Olas de calor: Guía para salvar tus plantas y jardines este verano
Las altas temperaturas y la radiación extrema obligan a replantear el riego y el manejo del jardín, regar más no siempre es la solución.
La llegada del verano y las olas de calor asociadas al cambio climático han transformado el cuidado de jardines y huertos en un desafío. Cuando los termómetros superan los 30 grados, las plantas no solo sufren en su apariencia, sino que experimentan cambios fisiológicos que pueden llevarlas a la muerte si no se interviene a tiempo.
Para entender cómo protegerlas, primero hay que comprender qué les sucede biológicamente. Christel Oberpaur, directora de la carrera de Agronomía de la Universidad Santo Tomás, sede Santiago, aclara que el rango de crecimiento para la mayoría de las especies oscila cuando hay entre 18°C a 26°C.
Según explicó la académica, el mecanismo de defensa de la planta ante el calor extremo es paradójico, deja de alimentarse para no perder agua: "Cuando se superan estas temperaturas durante el día, a las plantas se les dificulta absorber agua por las raíces, aunque haya humedad suficiente".
Esto debe a que: "Para evitar la deshidratación reaccionan cerrando sus estomas -los poros ubicados mayormente en las hojas-, lo que frena la fotosíntesis y afecta su crecimiento y desarrollo" aclara la dirrectora de carrera.
Los dueños de jardines deben estar atentos a las señales visuales. Oberpaur detalla que uno de los efectos más visibles es que las hojas se tornan lacias durante el día, recuperándose parcialmente por la noche. En casos más graves, aparecen manchas amarillentas o secas indicando quemaduras en el follaje o frutos.
Si el calor persiste, la planta sacrificará sus partes más débiles, disminuyendo el tamaño de sus hojas para reducir la transpiración y eliminando las hojas dañadas.
Existe la creencia popular de que a mayor calor, se debe regar con mucha más frecuencia, pero los expertos advierten que la técnica es lo más importante. Un error frecuente es regar cuando las plantas están expuestas al sol y mojar sus hojas.
"Al sol, las gotas de agua se comportan como lupas, lo que puede intensificar la radiación y quemar aún más las hojas. Es preferible regar al atardecer o muy temprano en la mañana, de tal modo que el follaje esté seco cuando salga el sol".
Además, el riego superficial y diario suele ser insuficiente porque no llega a las raíces profundas. La recomendación es enfática: "Es preferible regar con menor frecuencia, pero de manera profunda, considerando el tipo de suelo. En términos generales, regar cada dos a cuatro días puede ser adecuado, dependiendo de la especie y del sustrato".
Las plantas cultivadas en maceteros enfrentan un riesgo adicional: el sobrecalentamiento. Oberpaur señala que el material y color del macetero son determinantes, ya que "a las raíces no les gusta el calor, ya que se aceleran sus tasas respiratorias y gastan más azúcares, debilitando la planta".
Para mitigar esto, la experta sugiere privilegiar recipientes de colores claros, por sobre los plásticos oscuros, que absorben mayor temperatura. Una técnica efectiva es enterrar parcialmente los maceteros en el suelo, lo que ayuda a regular la temperatura de las raíces.
Finalmente, respecto a las plantas de interior, son mucho más sensibles a la radiación directa que las especies de exterior. Por ello, se debe evitar ubicarlas en zonas donde reciban sol directo durante las horas de mayor intensidad térmica.