De la reacción a la prevención: cinco claves para fortalecer la convivencia escolar

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Autor: Cooperativa.cl

Frente al aumento de la conflictividad, especialistas proponen dejar atrás las respuestas reactivas y construir intencionadamente culturas de respeto y normas claras.

"La convivencia positiva también se enseña y se aprende, igual que sumar y restar", advierte la corporación Aptus.

El estado de la convivencia escolar se ha transformado en uno de los dolores de cabeza más complejos para las comunidades educativas del país. El aumento de los conflictos, el desgaste socioemocional y los ambientes tensionados en las aulas han encendido las alarmas, obligando a los colegios a buscar un giro urgente: pasar de la reacción a la prevención.

En esa línea, y en sintonía con las exigencias de la Ley 21.809 publicada en 2025, la corporación sin fines de lucro Aptus, dedicada a mejorar la calidad de la educación en sectores vulnerables, planteó la necesidad de mirar este desafío desde una perspectiva formativa, intencionada y sostenida en el tiempo.

"La convivencia positiva también se enseña y se aprende, igual que sumar y restar. No basta con reaccionar frente a los problemas; las escuelas necesitan construir intencionadamente culturas donde existan relaciones sanas, normas claras y adultos que modelen permanentemente el comportamiento esperado", explica Rosario Montes, especialista en formación socioemocional y convivencia escolar de Aptus.

Las 5 claves para el cambio en las aulas

Para avanzar hacia comunidades educativas más seguras, organizadas y propicias tanto para el bienestar como para el aprendizaje, los especialistas destacan cinco pilares fundamentales:

  1. Definir una visión de convivencia clara: Pasar del clásico enfoque de "lo que no se puede hacer" a visibilizar y promover activamente "lo que sí queremos que pase". Esto genera acuerdos institucionales coherentes y un mayor sentido de pertenencia.

  2. Construir relaciones de manera intencionada: Los vínculos sanos no nacen por generación espontánea. Se requiere abrir espacios de encuentro y escucha activa entre estudiantes, profesores y equipos directivos para prevenir la escalada de conflictos.

  3. Enseñar explícitamente el comportamiento esperado: Al igual que las matemáticas o el lenguaje, las conductas requieren modelamiento, práctica y retroalimentación constante en las rutinas del día a día.

  4. Crear un espacio seguro y organizado: Los entornos predecibles, las rutinas consistentes y las normas claras reducen la ansiedad y favorecen directamente el bienestar emocional de toda la comunidad.

  5. Modelar con el ejemplo: Los adultos son el primer espejo de los alumnos. El trato cotidiano de los docentes y directivos, así como su forma de resolver tensiones, define la verdadera cultura del establecimiento.

Desde Aptus insisten en que fortalecer estos aspectos no solo mitiga la violencia y mejora el clima interno, sino que impacta positivamente en el rendimiento académico y en la formación integral de los estudiantes.