Turquía conmemora fallido golpe de 2016: consolidó el poder de Erdogan
El puente sobre el río Bósforo es uno de los escenarios principales de las actividades oficiales.
Turquía conmemora este 15 de julio el décimo aniversario del intento de golpe de Estado de 2016, una fallida asonada que fue seguida de una enorme represión que acabó por consolidar el poder casi absoluto del presidente Recep Tayyip Erdogan, quien está en el poder desde agosto de 2014.
Fue pasadas las 22:00 horas del 15 de julio de 2016 cuando una columna de tanques salió a las calles de Estambul y bloqueó el puente sobre el Bósforo, con los militares rebeldes anunciando que buscaban deponer a Erdogan. Apenas mediodía después, todo había terminado, la policía había restablecido el orden y el mandatario describía el movimiento como "un regalo de Dios".
Una década más tarde, el gobierno celebra el acontecimiento, efectivamente, como un hito en la formación del espíritu nacional que propugna, reivindicando la memoria de los 253 civiles que fallecieron esa noche. De hecho, sus nombres, biografías y fotografías adornan una plaza en Estambul, un parque en Ankara y protagonizan exposiciones en los seis aeropuertos más importantes de Turquía.
Además, se programaron una marcha por el puente del Bósforo en el que tuvieron lugar los enfrentamientos mejor documentados entre tanques y civiles; y durante la noche, en el mismo puente, 1.500 drones protagonizarán un espectáculo de luces.
La cofradía tras el golpe
Ankara atribuye el golpe a las redes secretas de una cofradía islamista infiltrada en el Ejército, dirigida por el influyente predicador Fethullah Gülen, exiliado en Estados Unidos y fallecido en 2024.
Gülen negó toda relación con el golpe, pero era un hecho conocido que el teólogo, cuyos seguidores en la justicia y el gobierno central habían sido durante una década larga la vanguardia del movimiento islamista de Erdogan, tenía toda la intención de hacerse con el poder, tras enfrentarse a su antiguo aliado a partir de 2014.
La asonada permitió a Erdogan -quien ejercerá hasta 2028- proclamar el estado de emergencia y lanzar amplias purgas no solo en el Ejército, sino sobre todo en la policía, tribunales y los funcionarios estatales, destituyendo a más de 100.000 empleados de la administración.
El impulso también le ayudó a ganar el referendo constitucional de 2017, que concentró prácticamente todo el poder en manos del presidente, un sistema que "es la raíz de los actuales problemas de derechos humanos, justicia y libertad", aseguró a la agencia EFE el antiguo fiscal y exdiputado Ilhan Cihaner, quien fue el primero en investigar el movimiento de Gülen.
Un Estado paralelo y la purga posterior
Gülen, nacido en 1941 en la provincia de Erzurum (en la Turquía oriental), empezó a construir su red de seguidores en la década de 1960, especialmente financiando academias de formación complementaria para preparar a jóvenes para los exámenes de funcionariado y facilitarles el ingreso en la administración pública.
La red de antiguos alumnos de estas academias, fieles seguidores del gurú, se mantenía en secreto, pero tras la victoria electoral del partido de Erdogan, el islamista AKP, en 2002, empezó a copar una gran cantidad de altos cargos, especialmente en la policía, pero también la enseñanza, formando lo que el gobierno hoy describe como "un Estado paralelo".
Diez años después del golpe, 127.000 acusados han sido condenados, y actualmente unos 10.000 siguen cumpliendo condena.
La mayoría de los funcionarios destituidos tenían algún vínculo con el movimiento islamista, aunque en muchos casos bastaba una relación indirecta o incluso involuntaria, como escolarizar a sus hijos en centros financiados por la cofradía o tener una cuenta en un banco controlado por el grupo.
"El intento de golpe llevado a cabo por los miembros de FETÖ tuvo como objetivo no solo las instituciones del Estado, el orden democrático y el gobierno legítimamente elegido, sino también la voluntad del pueblo turco y el futuro del país", recordó en Santiago la embajada turca.
"Aquella noche, millones de ciudadanos turcos, independientemente de sus ideas políticas, origen o estilo de vida, se unieron en torno a valores comunes y defendieron su Estado, su democracia y su independencia", celebró el embajador Ahmet İhsan Kızıltan.