Hombre que amenazó a niños en Vitacura aseguró que actuó "por un estrés fulminante"

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- Periodista Digital:
Redacción Cooperativa

Reconoció ante el Ministerio Público haberlos golpeado y obligado a subir a su vehículo, así como descartó las versiones de un supuesto bullying entre las víctimas y su hijo.

Aseveró que su intención era "hablar con ellos, retarlos para provocarles un escarmiento, de cierta forma ‘aleccionarlos’ para que no lo hicieran más".

 ATON (Referencial)

El empresario Andrés Arrieta, actualmente en prisión preventiva por golpear, amenazar y obligar a subir a su camioneta a un grupo de jóvenes que jugaba al conocido "rin raja" (toca el timbre y corre), aseguró en su declaración a la Fiscalía que actuó bajo un "estrés fulminante".

De acuerdo a lo publicado por Meganoticias, el hombre renunció a su derecho a guardar silencio y declaró voluntariamente ante el Ministerio Público sobre lo ocurrido la noche del 10 de julio.

En su declaración, reconoció haber golpeado a los menores y obligado a subir a su vehículo, descartando -además- las versiones de un supuesto bullying entre las víctimas y sus hijos.

"Lo primero que deseo expresar al prestar esta declaración son mis más sinceras disculpas a cada uno de los jóvenes que son víctimas en esta causa y, por su puesto, a sus padres y familias, por el temor y la angustia que debieron experimentar como consecuencia de mi actuar", comenzó su declaración, según consignó dicho medio.

Arrieta manifestó que lo ocurrido esa noche fue un episodio aislado y apuntó encontrarse "profundamente arrepentido".

Relató que en ese momento se encontraba con alta carga laboral y familiar: realizó un viaje de trabajo a China, su esposa enfrentó un problema de salud, su hijo mayor se cambió de universidad y él sufría de una lesión muscular que le impedía realizar deporte. Además, dormía entre cinco y seis horas al día de manera interrumpida porque debía mantener comunicaciones con proveedores ubicados en Asia.

"No quiero justificar en estos antecedentes mi actuar, pero son factores que sin duda me afectaron y afectaron mi comportamiento en un arrebato que nunca antes había tenido; fui preso, como muchas personas, de una situación de estrés fulminante que gatilló mi erróneo comportamiento (...) Lo digo para que se entienda en qué estado estaba, no para justificarme, ya que entiendo que lo hice está mal", aseveró.

"Me nublé, simplemente actué de la peor manera posible"

El empresario relató que alrededor de las 23:50 horas escuchó a un grupo de jóvenes gritando hacia el interior de su casa y tocaron por segunda vez el timbre. Fue en ese momento en el que reconoció haber perdido el control, cuando se subió a su camioneta para buscar a los menores.

"Desde ese instante, derechamente me nublé y estaba muy contrariado. No lo pensé, no lo planifiqué; yo no salí de mi casa con un plan ni con un objetivo determinado, simplemente actué de la peor manera posible", afirmó.

Su propósito, aseguró, era "hablar con ellos, retarlos para provocarles un escarmiento, de cierta forma 'aleccionarlos' para que no lo hicieran más".

Arrieta encontró dos jóvenes primero, en la esquina de Los Molinos con Avenida Padre Hurtado. Se produjo un forcejeo y hubo golpes por su parte, para luego hacerlos subir a la camioneta. Una vez dentro, inició una discusión y les preguntó dónde estaba el resto del grupo, que encontró corriendo hacia San Damián.

El empresario admitió que durante el forcejeo golpeó a uno de los adolescentes: "Al tratar de arrancar, yo le di una patada o zancadilla para que no huyera y se cayó al suelo". Agregó que la víctima fue auxiliada por los otros jóvenes y cree que él mismo también cooperó para levantarlo, aunque manifestó no recordarlo con precisión.

Por otro lado, señaló que mientras se encontraba en un semáforo en rojo en la intersección de Padre Hurtado con Monseñor Escrivá de Balaguer, dos adolescentes que viajaban atrás abrieron una puerta de la camioneta y huyeron corriendo, lo que lo hizo reaccionar, aseguró.

"Que los jóvenes se bajaran como que me hizo cambiar el switch y entrar en razón, me preocupé mucho por los jóvenes que se habían bajado y a esas alturas ya era consciente de que mi actuar era desproporcionado", afirmó, agregando que comenzó a dimensionar que su actuar fue "absolutamente equivocado e irracional".

Asimismo, aseveró que le explicó a las víctimas su propósito: "Les di mi nombre completo para que entendieran que no corrían peligro y que el único motivo por el cual los había subido a la camioneta era para darles una 'lección'".

El empresario explicó que posteriormente encontró a otro grupo en la calle Mar Jónico, pero que estos no se subieron al auto sino ques caminaron junto a él mientras avanzaba lentamente. Finalmente, solicitaron ser llevados hasta el local "El Taki", ubicado cerca de su domicilio.

Durante este último trayecto, señaló que algunos jóvenes le pidieron disculpas por las molestias y, al llegar, se despidieron dándose la mano y se tomaron una fotografía, la que -afirmó- tenía como finalidad que "todos entendieran que la situación había terminado y que no corrían peligro".

"No tuve la intención de llevarme a esos niños"

Arrieta aseveró que no tuvo intención de llevarse ni retener a las víctimas. Reconoció que les habló en tono fuerte, los trató de "muy mala manera" y que existió un forcejeo que "jamás debió ocurrir".

"Mi intención era que entendieran que no debían andar por la calle molestando y que entendieran que estaban alterando la tranquilidad de los vecinos, para luego llevarlos a una comisaría o incluso después a sus casas (...) En ningún momento, ni por un segundo, tuve la intención de llevarme a esos niños, retenerlos u ocultarlos", sostuvo.

Asimismo, señaló que el hecho ocurrió en un radio de pocas cuadras y las cámaras de su domicilio muestras que entre su salida y regreso transcurrieron alrededor de 16 minutos.

"Entiendo que cometí una barbaridad, pero fue una barbaridad motivada por un impulso absolutamente irracional y equivocado para persuadirlos de que lo que estaban haciendo no era algo bueno, no para llevármelos", agregó.

Bullying y arma de fuego incautada

El Ministerio Público también le consultó sobre la versión de que el hecho fuera motivado por un supuesto bullying a sus hijos por parte de las víctimas.

No obstante, descartó esa versión y aseguró que no conocía a los jóvenes antes de aquella noche. Afirmó que entendía que alguno de ellos había estado anteriormente en su vivienda porque uno de sus hijos conocía a uno de los adolescentes, pero sostuvo que personalmente no los había visto.

Asimismo, agregó que las víctimas estudiaban en el Colegio San Esteban, mientras que sus hijos menores en el Colegio Manquehue.

Igualmente, abordó el hallazgo de una pistola Norinco calibre 9 milímetros, que se encontraba guardada en una caja fuerte bajo su cama, de la que afirmó no había sido utilizada en al menos cuatro años.

Arrieta señaló que la mantenía para defensa personal y protección en su calidad de reservista del Ejército, afirmando que el arma se encuentra inscrita a su nombre para mantenerla en su domicilio, sin autorización para portarla fuera de este.

Negó haberla sacado esa noche, así como también haberles dicho a los jóvenes que portaba un arma.

Hacia el final de su declaración, Arrieta reflexionó: "Tengo tres hijos de edades similares a las de estos jóvenes y puedo comprender perfectamente el miedo que ellos sintieron y, especialmente, la angustia que experimentaron sus padres esa noche".

Asimismo, manifestó ante el Ministerio Público que, en caso de producirse un cambio en su situación procesal, podría cumplir una eventual medida cautelar en el domicilio de sus padres, en la comuna de San Fernando.

Lo anterior, explica, porque es consciente del temor que podría generar en los adolescentes y sus familias que regresara a su domicilio, debido a la cercanía con las casa de los afectados.