"Una fortaleza": Los recuerdos de una toma de liceo en Chile resuenan en Venecia
La chilena Alba Gaviraghi llegó a la Mostra con este corto, una de las pocas historias en español que se han colado en la competición Horizontes.
"Desde pequeña me vi envuelta en un espacio donde se podía todos los años protestar", aseguró la cineasta.
Sus recuerdos de una ocupación escolar han animado a la chilena Alba Gaviraghi a debutar en la dirección y rodar el corto "Una fortaleza", una íntima historia de mujeres con la que este jueves llegó al Festival de Venecia.
"'Una fortaleza' nace de mis vivencias más personales en la toma del Liceo 7 de Providencia, que es público y podríamos decir que emblemático en Chile. Desde pequeña me vi envuelta en un espacio donde se podía todos los años protestar", explicó a EFE la autora.
Este año, su cortometraje es una de las pocas historias en español que se han colado en la competición Horizontes de la Mostra veneciana, dedicada a las nuevas vanguardias cinematográficas.
Gaviraghi recrea esta "fortaleza" dentro de una escuela chilena ocupada por un grupo de liceanas en huelga, determinadas a mantener su atrincheramiento hasta que alguien escuche sus demandas.

Las jóvenes hacen vida en los pasillos y las aulas vacías, leen, charlan y fuman sentadas sobre sus pupitres, tienden sus uniformes en los patios o toman el sol en la azotea del colegio, mientras empiezan a intuir la vigilancia del mundo exterior.
Hasta que una de las colegialas, Antu (Antonia Pereira), es tentada por su madre a abandonar su huelga para que pueda asistir a su cumpleaños. La chica se debatirá entonces entre rendirse o sucumbir al poder de atracción de la protesta colectiva.
El cortometraje no incluye alusión alguna a la realidad chilena, ni siquiera pese a las protestas por los recortes presupuestarios del Presidente José Antonio Kast, porque la idea de la directora era centrarse en la esencia de la rebeldía.
"No quise acoplarme a un discurso específico de un contexto que tuviera una demanda o una lógica muy concreta, sino que me quise centrar en lo altamente rebelde, político, desobediente y disruptivo que es el hecho mismo de tomar un colegio", sostiene Gaviraghi.
"La historia hay que vivirla y luego pensarla"
No obstante, la realidad de un Estado que vigila toda forma de huelga o subversión acaba colándose sobre los tejados de la escuela para recordar a las niñas que están siendo observadas.
"El hecho mismo de decidir protestar, independiente de por qué lo estés haciendo, el hecho mismo de poner el cuerpo, de alejarte de tu casa, de no dormir en tu cama, de crear un nuevo mundo con tus amigas... Ahí para mí está lo político hoy por hoy", subraya.
La directora justifica la ausencia de referencias a la política contemporánea de su país y del continente sudamericano porque prefiere rehuir "las miradas aceleradas de la historia".
"Yo creo que la historia hay que vivirla y luego pensarla. O si no, una muchas veces se equivoca en la lectura que puede hacer hoy por hoy", defendió.
Gaviraghi, a sus 34 años, siempre se dedicó a la producción o a distintos roles en la industria cinematográfica, pero estos recuerdos le han llevado a ponerse por primera vez detrás de las cámaras. Y, así, ha conseguido colarse en uno de los festivales internacionales más importantes del planeta, la Mostra veneciana.
Ahora, la autora no solo espera que la selección de "Una fortaleza" en el certamen permita que la historia sea conocida, sino que también sirva de espaldarazo al largometraje que ya tiene casi listo y que estrenará "en breve" bajo el título "Las hijas únicas".