Singapur convierte en delito comer, molestar y poner música fuerte en la micro
El rico país asiático dispuso severos castigos para el "comportamiento disruptivo" a bordo del transporte público.
Ensuciar o plantar los pies sobre los asientos conllevará multas equivalentes a cientos de miles y hasta millones de pesos chilenos.
El Gobierno semiautocrático de la ciudad-Estado busca "fomentar el respeto entre los pasajeros".
A partir de este miércoles, Singapur multará con hasta 500 dólares singapurenses (373 mil pesos chilenos) a pasajeros de autobús que reproduzcan música a alto volumen, pongan sus pies en los asientos o coman o beban a bordo.
La economía más avanzada del Sudeste Asiático presume de tener uno de los sistemas de transporte público más modernos y controlados de la región, con una red de metro y de cercanías que dispone en estaciones y vagones de innumerables cámaras de vigilancia.
Las nuevas regulaciones convierten en delitos "las molestias y el comportamiento disruptivo", con la intención de "fomentar el respeto entre los pasajeros".
En esta línea, la Autoridad de Transporte Terrestre de la próspera ciudad-Estado también detalló castigos de hasta 5.000 dólares singapurenses (3,7 millones chilenos) para "los delitos más graves" como causar obstrucción, peligro o "ensuciar cualquier parte de un autobús público, intercambiador de autobuses o terminal".
En este país, el delito de vandalismo se castiga con hasta tres años de cárcel y ocho latigazos, mientras la venta de chicle está prohibida por considerarse "daño público".
Gobernado de manera semiautocrática por el Partido de Acción Popular (PAP) desde su independencia de Malasia en 1965, Singapur tiene uno de los PIB per cápita más altos del mundo y cuenta con estrictas normativas también para delitos como el narcotráfico, que castiga hasta con la horca.