Carney admite que Canadá ha evaluado el riesgo de una invasión estadounidense

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Aunque es una posibilidad "extremadamente remota, sería irresponsable no prepararse", dijo el primer ministro.

La estimación local es que, dada la disparidad militar, el país caería en cuestión de días y quedaría obligado a recurrir a métodos de guerra irregular.

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Aunque no desahucia el afán de alcanzar un acuerdo con Trump, Carney mantiene su estrategia de diversificar relaciones económicas, tecnológicas y de defensa con Europa y otros socios.

El primer ministro Mark Carney reconoció que su Gobierno ha evaluado la posibilidad -"extremadamente remota"- de que Estados Unidos desate una acción militar contra Canadá, dadas las repetidas declaraciones de Donald Trump a favor de convertir a su país en el "estado 51" de EE.UU.

En una entrevista publicada por The New York Times, Carney calificó dicha eventual como un "extreme tail risk", expresión utilizada en gestión de riesgos para denominar acontecimientos de muy baja probabilidad, pero de consecuencias potencialmente muy graves.

"Creo que en estos cargos uno tiene la responsabilidad de analizar riesgos extremos", explicó Carney: "Es simplemente gestión de riesgos. No es el escenario base, pero sería irresponsable no prepararse", argumentó.

El primer ministro evitó, sin embargo, ahondar en qué consistió ese análisis.

Sus declaraciones coinciden, sin embargo, con informaciones conocidas en enero según las cuales las Fuerzas Armadas canadienses elaboraron, por primera vez en un siglo, un modelo teórico sobre cómo responder a una hipotética invasión estadounidense.

Tal ejercicio -que los responsables canadienses recalcaron que no constituía un plan operacional-, preveía que Canadá, dada la enorme superioridad militar estadounidense, podría perder sus principales posiciones terrestres y marítimas en cuestión de días, y tendría que recurrir a métodos de guerra irregular: emboscadas, sabotajes, ataques con drones y acciones de pequeñas unidades militares o de civiles armados, inspiradas en tácticas utilizadas en Afganistán.

La hipótesis surgió después de que Trump planteara repetidamente convertir Canadá en el "estado 51" de EE.UU., aunque los responsables citados entonces consideraban improbable una invasión, y destacaban que la cooperación entre los ejércitos de ambos países continuaba siendo positiva.

Mal vecino

En este contexto, el reconocimiento de Carney llega en medio de un fuerte deterioro de las relaciones: tras la suspensión de las negociaciones comerciales en agosto, Washington impuso aranceles del 50 por ciento sobre productos canadienses (por valor de 27.600 millones de dólares canadienses) y Ottawa respondió el 8 de septiembre con gravámenes de entre 15 y 50 por ciento sobre un volumen equivalente de importaciones estadounidenses.

Pese a todo, Carney aseguró a The New York Times que habla "frecuentemente" con Trump, y que ambos han conversado en varias ocasiones desde que las negociaciones comerciales se suspendieron el mes pasado.

"Desde mi perspectiva, tenemos una buena relación en el sentido de que podemos levantar el teléfono y hablar entre nosotros de los asuntos", afirmó Carney, quien insistió en que todavía existe la posibilidad de alcanzar un acuerdo comercial mutuamente beneficioso.

Al mismo tiempo, Ottawa está acelerando su estrategia para reducir su dependencia estratégica de Estados Unidos, desde el sistema de satélites Starlink hasta la revisión de compra prevista de cazas F-35, mientras busca diversificar sus relaciones económicas, tecnológicas y de defensa con Europa y otros socios.