Jacques Chirac: luces y sombras de un animal político

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| Periodista Digital: RFI/Raphael Morán

Con su estilo amable, Chirac conquistó dos veces la presidencia francesa.

Su vida política estuvo marcada por las pruebas nucleares, su oposición a la guerra en Irak y los escándalos de corrupción.

Jacques Chirac: luces y sombras de un animal político
 EFE

Chirac en una ceremonia militar, en noviembre de 2006.

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"La aplanadora", "Supermentiroso" o "el camaleón", eran algunos de los apodos de Jacques Chirac, presidente francés de 1995 a 2007.

Fue en 1965 cuando inició su carrera política al ser elegido concejal de un pequeño municipio del centro de Francia en la región rural de Corrèze, cuna de la familia Chirac.

Con tan sólo 35 años Chirac se convirtió en el ministro más joven del gobierno conservador de Georges Pompidou y emprendió una carrera política relámpago que lo convirtió en diputado, ministro de Finanzas y luego primer ministro.

Su estilo bonachón era apreciado por los electores que lo catapultaron alcalde de París en 1975.

Pero detrás de esta máscara afable y provinciana se escondía un verdadero animal político. "La aplanadora" era el apodo que le dio el primer ministro de la época.

Chirac fue un producto de las escuelas elitistas francesas: nació en París y estudió en la Escuela Nacional de Administración (ENA), verdadera fábrica de dirigentes. En 1976 tomó la cabeza del nuevo partido de derecha a la agrupación por la República, el RPR, que le serviría de máquina de guerra electoral para conquistar el poder. Ese partido pasó a la historia por haber sido uno de los más corruptos de Francia.

El último presidente gaullista

Navegar entre las corrientes políticas ha sido la especialidad de Jacques Chirac, recuerda Catherine Clément, filósofa y amiga de Jacques Chirac. "Me hice amiga de Chirac porque vendimos el diario comunista L'Humanité en el mismo lugar en el metro Saint Sulpice. Yo lo hice 30 años después de él, pero teníamos este vínculo. Aunque él fue comunista durante 15 días y yo durante 15 años, Chirac defendió casi todas las ideologías del abanico político francés, salvo las ideas del partido de Marine Le Pen".

Empezó siendo comunista en la época del Llamado de Estocolmo, luego fue calificado de camaleón político y se volvió gaullista.

Clément reconoce que Chirac "tuvo otro momento muy reaccionario. Pienso por ejemplo en sus frases, que luego lamentó mucho, en las que dice que comprende el fastidio de los franceses que se quejan del ruido y de los olores de sus vecinos inmigrantes".

"Y fue este mismo Chirac que mandó a construir el Museo del Quai Branly y que reconoció la responsabilidad del Estado francés en la redada del Vel d'Hiv contra los judíos los franceses en 1942", recalcó Catherine Clément.

Pruebas nucleares y reformas neoliberales

Chirac llegó a la presidencia francesa en 1995, con la promesa de luchar contra las desigualdades sociales. Pero una de sus primeras decisiones fue la reanudación de las pruebas nucleares en los atolones franceses del océano Pacífico. La decisión generó indignación en el mundo. Entre quienes lo apoyaron está Pascal Drouhaut, entonces encargado de Relaciones Internacionales del partido de Chirac.

"Fue una decisión absolutamente vital para Francia. Durante seis meses hubo 9 ensayos que permitieron acabar con un dispositivo tecnológico y pasar a una tecnología de laboratorios".

En materia de política interior, el primer mandato de Chirac empezó mal. La inspiración liberal de su política social y económica suscitó un gran descontento entre varios sectores.

En el invierno del año 1995 una de las huelgas más duras de la historia reciente de Francia: tres meses de bloqueos contra la reforma del sistema de protección social.

Al cabo de 2 años de mandato, Chirac disolvió la Asamblea Nacional como lo prevé la Constitución para convocar elecciones y reforzar una mayoría parlamentaria de derecha que hasta el momento no le era favorable.

Sin embargo, perdió la apuesta y una coalición de izquierda llegó al poder relegando a una función protocolar.

El año 2002 fue un terremoto político. El líder de extrema derecha populista Jean Marie Le Pen se calificó para la segunda de la elección presidencial.

Chirac se convirtió entonces en la única opción para muchos sectores que querían impedir la llegada al poder de la ultraderecha. Fue elegido con el 82% de los votos en la segunda vuelta.

El hito de su segundo mandato fue sin duda la negativa de apoyar a EEUU., un viejo aliado militar de Francia para una segunda invasión de Irak.

En marzo 2003, el presidente francés se opuso a George W. Bush, quien bajo el pretexto de la supuesta presencia de armas masivas en Irak, derrocó a Sadam Husein.

El admirador de las culturas antiguas

El otro gran legado de Chirac es el museo de las culturas antiguas del Quai Branly, a unos metros de la Tour Eiffel.

Según la historiadora y filósofa Catherine Clément, Chirac fue un gran aficionado de las culturas antiguas. En 1992, entonces alcalde de la capital, decidió no participar en las celebraciones del primer viaje de Cristóbal Colón a América.

"En 1992 su decisión causó el enfado del Rey de España de la época, Juan Carlos", recuerda Clément.

Sobre la pasión de Chirac por las culturas antiguas, Clément añade otra anécdota: la del encuentro del ex presidente francés con representantes indígenas de América latina.

"Tenía una inclinación por los pueblos colonizados y los pueblos originarios del mundo. Chirac apoyó a todos los héroes de América Latina como Rigoberta Menchú o el jefe Raoni de Brasil que recibió varias veces en el Eliseo".

"Yo he visto a Chirac participar en ceremonias de bailes en el Eliseo con representantes indígenas de América del Norte cuyo penacho de plumas no cabía en las puertas del palacio presidencial. He visto a Chirac como si hubiera nacido Sioux o indígena del Altiplano", añadió Clément, en una entrevista con RFI.

El viejo Sioux de la política francesa terminó sin embargo su segundo mandato recluido en el Palacio del Elíseo, sobrepasado por la agitación política y social.

En 2006, a sus 74 años, parecía cada vez más desconectado de las inquietudes de la sociedad francesa. Durante un programa en el que responde a un grupo de jóvenes, Chirac admitió que no entendía el pesimismo de la juventud de su país.

El mismo año, Chirac enfrentó otro gran movimiento social de millones de jóvenes que salieron a las calles para bloquear un proyecto de reforma que flexibilizaba las condiciones laborales. El proyecto finalmente fue abandonado.

El rostro del inmovilismo francés

"A lo largo de medio siglo de carrera política, Chirac ha sido de todo, desde socialdemócrata a libre cambista pasando por gaullista", según Juan Pedro Quiñonero, corresponsal del diario español ABC en Francia.

"De esa carrera la síntesis es: uno, su paso por la alcaldía de París que acaba con escándalos y corrupción. No sé si fue buen alcalde o mal alcalde, pero una veintena de personas fueron condenadas por corrupción. Y por vez primera en la historia de la Quinta República un presidente de Francia fue condenado a posteriori por aquellos escándalos", observa Quiñero.

"Su segundo mandato presidencial fue un mandato de inmovilismo. No hubo grandes reformas llamativas, Francia incumplió una y otra vez todos los compromisos de Estado con la zona euro y siguió endeudándose y el paro creció", agrega.

"En resumen, Chirac, fue un hombre simpático, agradable y popular y al mismo tiempo es el rostro amable del inmovilismo profundo de una Francia profunda", concluye el periodista español.

En 2001 tres jueces franceses declararon culpable a Jacques Chirac de desvío de fondos públicos, adquisición ilícita de intereses y abuso de confianza favor de su partido político cuando era alcalde de París en los años 90.

Chirac pasó finalmente a la historia por haber sido el primer jefe de Estado condenado a dos años de cárcel. Una pena que no tuvo que cumplir por su estado de salud.

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