"No es tu culpa": Nutrióloga explica por qué la obesidad debe tratarse como una enfermedad crónica
Tres de cada cuatro chilenos viven con exceso de peso, pero muchos abandonan el tratamiento cuando empiezan a ver resultados.
Una especialista advierte que suspender los medicamentos sin consultar al médico puede echar por tierra meses de avance.
La obesidad dejó de ser una cuestión de voluntad. Así lo plantea la médico nutrióloga Magdalena Farías, quien llama a abordar esta condición con la misma lógica que la hipertensión o el colesterol alto: como una enfermedad crónica que requiere tratamiento sostenido y supervisión médica permanente.
"No es tu culpa, es una condición médica", dijo Farías en conversación con Una Nueva Mañana de Cooperativa, dirigiéndose directamente a quienes padecen obesidad.
"Como toda enfermedad, hoy día tiene tratamiento", remarcó.
Una enfermedad que va mucho más allá del peso
Durante décadas, el modelo dominante redujo la obesidad a una ecuación simple: comer mucho y moverse poco. Hoy, explica Farías, la ciencia da una imagen muy distinta. La enfermedad involucra factores biológicos, genéticos, ambientales y psicológicos, y afecta prácticamente todas las especialidades de la medicina.
En Chile, la magnitud del problema es considerable: tres de cada cuatro adultos tienen exceso de peso. En niños y adolescentes, la cifra ronda el 50%, tendencia que se agudizó tras la pandemia.
El tratamiento, por tanto, no puede reducirse a una dieta restrictiva. Según Farías, ese tipo de intervenciones sólo logra bajas de entre el 5% y el 10% del peso, genera pérdida de masa muscular y termina provocando el temido efecto rebote.
El abordaje debe ser multidisciplinario: nutricionistas, kinesiólogos, psicólogos y médico tratante trabajando en conjunto.
El error más frecuente
Farías identifica un patrón que se repite en su consulta y que considera uno de los principales obstáculos del tratamiento: los pacientes suspenden los medicamentos justo cuando empiezan a notar avances.
"Algo pasa con los tratamientos para la obesidad, que cuando los pacientes ven resultados sienten que ya no los necesitan", advirtió. "Y es muy triste, porque vuelven habiendo recuperado la mayor parte del peso perdido, habiendo invertido tiempo y recursos".
Para ilustrarlo, la especialista usó una comparación directa: "¿A alguien se le ocurre suspender el antihipertensivo a ver si la presión arterial sigue baja? Con la obesidad es un poco parecido".
La razón es biológica. Los medicamentos disponibles hoy no modifican de forma permanente la biología del paciente: la controlan mientras se usan.
Al suspenderlos, los mecanismos que regulan el apetito y el metabolismo vuelven a su estado anterior. "El medicamento controla la enfermedad", precisó Farías.
Fármacos que cambian la vida, pero requieren supervisión
En los últimos años llegaron a Chile medicamentos inyectables que actúan sobre el GLP-1, una hormona intestinal responsable de generar saciedad.
Estos fármacos pueden lograr reducciones de peso de entre el 15% y el 22,5%, y han demostrado además reducir el riesgo cardiovascular en torno a un 20%, mejorar la resistencia a la insulina y frenar la progresión hacia la diabetes y el hígado graso.
Sin embargo, Farías es enfática: son medicamentos de prescripción médica y automedicarse con ellos "pone en riesgo la salud". Los efectos adversos existen, pero son manejables bajo supervisión profesional.
Algunos de estos fármacos están aprobados desde los 12 años, aunque en menores siempre se prioriza primero el cambio de hábitos.
El rol del farmacéutico en el tratamiento largo
La especialista también destacó el papel de los químicos farmacéuticos como un apoyo clave en tratamientos de largo plazo, favoreciendo que los pacientes mantengan sus controles médicos y no abandonen las terapias.
Para quienes padecen obesidad y no saben por dónde partir, Farías tiene un punto de partida claro: consultar al médico y no rendirse.
"Estamos en un buen momento para esta enfermedad", dijo.
"Tenemos alternativas y podemos dar a los pacientes soluciones efectivas", resaltó y citó algo que escucha cada vez más seguido en su consulta: pacientes que le preguntan si pueden sostener el tratamiento para siempre. Su respuesta, hoy, es sí.