A 120 años del terremoto de Valparaíso: las lecciones que transformaron a Chile
El desastre del 16 de agosto de 1906 impulsó la creación del Servicio Sismológico, nuevas normas de construcción y avances en salud pública.
Expertos de la Universidad de Chile destacaron los aprendizajes y desafíos que siguen vigentes.
Personas recorren una de las zonas de Valparaíso destruidas por el terremoto de 1906.
Este domingo se cumplen 120 años del terremoto de Valparaíso, uno de los desastres socionaturales más destructivos de la historia de Chile y un acontecimiento que modificó la forma en que el Estado enfrentaba los sismos, la construcción y las emergencias sanitarias.
El movimiento ocurrió el 16 de agosto de 1906, a las 19:55 horas, con epicentro frente a las costas de Valparaíso. Estudios recientes estiman que alcanzó una magnitud de entre 8,2 y 8,6, tuvo una duración cercana a cuatro minutos y fue seguido por un segundo temblor, más intenso, a las 20:06 horas.
De acuerdo con un análisis publicado por la Universidad de Chile, el terremoto destruyó entre el 60% y el 80% de las edificaciones de Valparaíso, provocó un tsunami y generó incendios que afectaron manzanas completas de la ciudad.
El sismo se percibió desde Tacna hasta Puerto Montt y también causó daños en Viña del Mar, Illapel y Talca. Las estimaciones históricas sitúan el número de fallecidos entre 3.000 y 4.000 personas.

El origen de la institucionalidad sismológica
La magnitud del desastre llevó al Estado a crear el primer organismo oficial dedicado al estudio de los terremotos: el Servicio Sismológico de Chile, antecedente del actual Centro Sismológico Nacional (CSN), alojado en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.
El organismo fue fundado el 1 de mayo de 1908, durante el gobierno de Pedro Montt, con la participación de especialistas de la casa de estudios encabezada entonces por el rector Valentín Letelier.
El director del CSN, Sergio Barrientos, explicó que, aunque el evento no estuvo entre los mayores registrados en el país, sus graves consecuencias hicieron que las autoridades comprendieran la necesidad de estudiar los terremotos y sus efectos.
El terremoto también impulsó la instalación de estaciones sismológicas en distintos puntos del territorio. En 1927, el servicio pasó formalmente a la Universidad de Chile y, en 2013, se convirtió en el actual Centro Sismológico Nacional.
Nuevas normas para construir en un país sísmico
Otro de los principales aprendizajes estuvo relacionado con la infraestructura. El desastre permitió comprobar que las estructuras construidas con muros de hormigón resistían mejor que aquellas de adobe o albañilería simple.
El académico del Departamento de Ingeniería Civil Rubén Boroschek señaló que la experiencia acumulada tras los terremotos de Valparaíso de 1906 y Talca de 1928 llevó a la aparición de las primeras regulaciones de diseño sísmico a mediados de la década de 1930.
Según el especialista, los registros obtenidos en eventos posteriores, como los terremotos de 1985 y 2010, permitieron seguir perfeccionando la normativa chilena.
El decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Jorge Inzulza, sostuvo que la reconstrucción también introdujo el hormigón armado, los refuerzos de muros cortafuegos y las estructuras metálicas mixtas.
Sin embargo, advirtió que la experiencia de Valparaíso demuestra que la seguridad no depende únicamente de las edificaciones, sino también de una planificación urbana que considere la geografía, las amenazas naturales y la relación entre las zonas habitadas y su entorno.

El impacto en la salud pública
La emergencia dejó además importantes lecciones sanitarias. La falta de agua potable, el hacinamiento y las deficientes condiciones de saneamiento favorecieron la aparición de enfermedades y obligaron a organizar puestos médicos, brigadas sanitarias y espacios de atención para la población damnificada.
La académica de la Facultad de Medicina y subdirectora del Programa de Reducción de Riesgos y Desastres (Citrid), Viviana Ulloa, explicó que la crisis evidenció la necesidad de profesionalizar la atención sanitaria y contribuyó a sentar las bases de la enfermería comunitaria.
Según la Universidad de Chile, el desastre también aceleró la elaboración del Código Sanitario de 1918 y motivó la creación de la Escuela de Enfermería del plantel.
Estudiantes universitarios participaron como voluntarios en las tareas de asistencia, una experiencia vinculada con el surgimiento de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh), fundada también en 1906.
Los desafíos que siguen vigentes
A 120 años del terremoto, Chile cuenta con una red nacional de monitoreo, normas de construcción y un sistema público de prevención y respuesta ante desastres que no existían a comienzos del siglo XX.
La Universidad de Chile destacó que esa evolución ha sido posible por la colaboración entre el Estado, la academia y la sociedad civil, aunque advirtió que persisten desafíos relacionados con la planificación urbana, las desigualdades territoriales y los efectos del cambio climático.
La experiencia de emergencias posteriores, como el terremoto y tsunami de 2010, también ha reforzado la necesidad de abordar los riesgos desde distintas disciplinas y preparar a las comunidades frente a escenarios de multiamenaza.