Juicio contra Nicolás Zepeda por crimen de Narumi entra en fase final
El proceso en Francia incluyó el relato del novio de la víctima, la defensa del padre del acusado y evaluaciones psiquiátricas divergentes.
El caso se remonta a 2016 y enfrenta un tercer juicio tras la anulación de la condena previa por un defecto de forma.
Peritajes psiquiátricos apuntaron a rasgos manipuladores y a la normalidad del acusado, favoreciendo a la defensa.
El tercer juicio contra el chileno Nicolás Zepeda, acusado de asesinar a la estudiante japonesa Narumi Kurosaki en 2016, avanza hacia su desenlace en el Tribunal de lo Criminal del Ródano, en Lyon.
El proceso se realiza tras la decisión del Tribunal Supremo de Francia, que en febrero de 2025 anuló la condena a 28 años dictada en 2023 -que confirmaba la sentencia de 2022- por un defecto de forma en la presentación de pruebas, lo que abrió paso a su repetición.
Kurosaki, estudiante de francés de 21 años, desapareció en la ciudad de Besançon entre la noche del 4 y 5 de diciembre de 2016. Aunque su cuerpo nunca fue hallado, la investigación centró desde un inicio las sospechas en Zepeda, su expareja, con quien había mantenido una relación en Japón.
La sesión estuvo dominada por el testimonio de Arthur del Piccolo, pareja de la joven al momento de su desaparición. Visiblemente afectado, el ingeniero respaldó la tesis de la acusación y apuntó directamente al imputado.
"Sé desde hace tiempo lo que ocurrió", afirmó, convencido de que Kurosaki fue asesinada la noche de su desaparición. También rechazó la hipótesis de una fuga voluntaria, subrayando que la estudiante tenía proyectos personales y familiares incompatibles con una huida.
Del Piccolo relató además que, tras conocer la presencia de Zepeda en Francia, sintió haber sido "manipulado", ya que -según sostuvo- el acusado habría enviado mensajes haciéndose pasar por la joven para simular que seguía con vida.
Reconoció que esta situación lo llevó a pensar que ella se había trasladado a Lyon con otra persona, lo que retrasó su alerta a las autoridades.
Durante la tarde, el foco se trasladó a los peritajes psiquiátricos, que evidenciaron fuertes discrepancias. Un primer experto describió al acusado con rasgos manipuladores y una tendencia a respuestas evasivas, considerando que ese perfil es "compatible" con las acusaciones.
En contraste, un segundo especialista situó a Zepeda dentro de la "normalidad" y descartó trastornos relevantes, señalando que, de ser culpable, habría actuado con plena lucidez, lo que la defensa usó para descartar premeditación.
La jornada concluyó con la declaración de Humberto Zepeda, quien defendió la inocencia de su hijo y aseguró que siempre negó cualquier implicación.
"Me miró a los ojos y me dijo: 'Papá, no soy responsable", relató. También lo describió como un "hijo ejemplar" y negó cualquier influencia sobre la justicia chilena, así como supuestos privilegios económicos o sociales de la familia.
Asimismo, señaló que su hijo rechazó oportunidades de abandonar Chile antes de su extradición, optando por enfrentar el proceso judicial. Ante la posibilidad de que pudiera haber mentido, admitió que, "como todo el mundo", eso sería posible, aunque reafirmó su respaldo: "Es mi hijo y lo seguirá siendo mientras yo viva".