Este miércoles es la última oportunidad para ver la ópera "El caballero de la rosa"

Publicado:
| Periodista Digital: Joel Poblete

Luego de 32 años de ausencia, la obra de Richard Strauss se ha estado presentando con dos repartos en el Municipal de Santiago, en coproducción con la Ópera de Colombia. Hoy finalizan las funciones, con la última representación a cargo del elenco internacional.

Este miércoles es la última oportunidad para ver la ópera
 Patricio Melo
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Hubo que esperar más de tres décadas, y el resultado, sin ser perfecto, de todos modos ha estado a la altura de las circunstancias. Luego de 32 años, la ópera de Richard Strauss "El caballero de la rosa" (Der Rosenkavalier) volvió a presentarse en Chile. Y considerando las altas exigencias musicales y teatrales que demanda a cualquier teatro que se anime a escenificarla, es un verdadero lujo que el Municipal de Santiago -en coproducción con la Ópera de Colombia, y el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, donde esta producción debutó originalmente el año pasado- la haya podido ofrecer al público como segundo título de su temporada lírica no sólo en uno, sino en dos repartos distintos, uno de ellos, el llamado elenco estelar, compuesto casi por completo por intérpretes locales. La última de las seis funciones programadas para este título, con el elenco internacional, se realizará este miércoles 19 a las 19:00 horas, y aún quedan entradas disponibles.

Tras impactar a las audiencias con las rupturistas e intensas partituras de las óperas "Salomé" (1905) y "Elektra" (1909), el compositor germano abordó otros territorios con esta obra. De los dramas ambientados en tiempos antiguos se trasladó a un pasado más "reciente", en este caso la Viena del siglo XVIII, con un tono más cómico, pero de todos modos dando realce nuevamente a la profunda psicología de sus personajes. Gracias al magnífico e inteligente libreto del poeta y dramaturgo austriaco Hugo von Hofmannsthal (con quien ya había trabajado en "Elektra", iniciando una estimulante y fructífera colaboración en conjunto), su composición contribuyó a una de las más certeras fusiones entre música y texto en la historia del género lírico, equiparable a la lograda precisamente a fines del siglo XVIII por Mozart y sus óperas sobre textos de Lorenzo Da Ponte, una de las cuales, "Las bodas de Fígaro", con su reflexión sobre las relaciones de pareja, comedia de enredos y mirada al paso del tiempo, tiene más de una conexión con "El caballero de la rosa".

Desde su estreno en 1911, es considerada una de las obras maestras operísticas del siglo XX. En Chile recién debutó en 1937, pero cantada en italiano, y hubo que esperar 50 años para que en 1987 al fin el Teatro Municipal de Santiago la ofreciera en su idioma original, por lo que esta es la tercera temporada en que se programa en nuestro país, pero sólo la segunda vez en que los espectadores la pueden apreciar en alemán, un aspecto muy importante considerando que además del canto tradicional, la partitura tiene la complejidad de recurrir bastante al uso del canto hablado.

En esta historia, la Mariscala debe aceptar el paso del tiempo y comprender que su amante adolescente, Octavian, se enamore de Sophie, la joven a la que a modo de mensajero éste lleva la rosa de plata que simbolizaba el compromiso entre ella y el primo de la Mariscala, el impetuoso barón Ochs de Lerchenau. La trama ofrece humor y sensualidad, pero también una importante cuota de lirismo y en particular melancolía, por parte de la Mariscala, quien luego de sus reflexiones al final del primer acto, recién regresará en el tercero, trazando un arco muy interesante y conmovedor para su personaje.

En lo escénico, este regreso de "El caballero de la rosa" funcionó en términos generales, y si bien considerando las enormes exigencias eso ya debería ser bastante, de todos modos se echaron de menos más sutilezas y matices en la dirección teatral del argentino radicado en Colombia Alejandro Chacón, quien regresó a este escenario luego de su "Traviata" de 1994 repuesta en 1998 y 2002, y su "Ernani" de 2001. Es muy complejo manejar lo teatral en esta obra, en especial en algunos momentos que requieren muchos personajes en escena -¡incluso animales!- interactuando al mismo tiempo, y ese aspecto fue bien resuelto por Chacón, pero los instantes más íntimos y sensibles no siempre tienen todo el relieve escénico requerido, y algunos segmentos cómicos rozan a menudo la caricatura exagerada, un riesgo habitual en este título. La escenografía del español Sergio Loro, más sencilla de lo habitual para "El caballero de la rosa", luce mejor en el primer acto, mientras la propuesta y uso del espacio del tercero es bastante particular y menos convincente. El vestuario del fallecido diseñador uruguayo Adán Martínez fue efectivo sin ser particularmente atractivo ni elegante, aunque el atuendo del cantante italiano no fue demasiado afortunado. Buen apoyo visual ofreció la iluminación de Ricardo Castro, en especial en los momentos más íntimos.

La extensa partitura de "El caballero de la rosa" se extiende por más de tres horas, por lo que considerando los dos intermedios, en total el espectáculo en el Municipal llega casi a las cuatro horas. Pero el deleite que puede provocar a una audiencia sensible va más allá del minutaje implicado, porque la cantidad de detalles de timbres y colores es inagotable, y la belleza de algunos instantes en verdad parece de otro mundo: mientras en el hermoso y etéreo dúo de la presentación de la rosa en el segundo acto el tiempo parece suspenderse, en el trío cercano al desenlace, la forma en que las voces de la Mariscala, Octavian y Sophie van entrelazándose y subiendo de intensidad al mismo tiempo que la orquesta, conforman uno de los pasajes más sublimes y conmovedores en la historia de la ópera. Y no se puede olvidar la frecuente aparición a lo largo de la obra, de contagiosos sones de vals, incluyendo por supuesto la emblemática canción del barón Ochs.

La orquesta que aborde "El caballero de la rosa" requiere concentración, precisión milimétrica y ductilidad, y la Filarmónica de Santiago acometió en buena forma el desafío. En el elenco internacional, la lectura del maestro Maximiano Valdés fue atenta y minuciosa, y alcanzó sus mejores momentos en los acentos de lirismo y melancolía; en el elenco estelar, dirigido por Pedro-Pablo Prudencio fue más ligera y vivaz cuando era necesario y equilibró de manera más natural y fluida la transición entre los instantes cómicos y la efusión sentimental.

Los cantantes convocados son del mejor nivel, y el elenco internacional brilla a gran altura, en especial por su trío protagónico femenino y un auténtico privilegio: contar en el rol de Octavian con la prestigiosa mezzosoprano francesa Sophie Koch en su debut en Sudamérica, no sólo porque vino reemplazando a otra colega -quien a su vez ya era el reemplazo de la anunciada originalmente el año pasado- sino además porque confirmó por qué ha sido considerada una de las mejores intérpretes actuales del personaje -se la puede apreciar también en una versión de 2009 editada comercialmente, donde dirigida por Christian Thielemann interviene junto a Renée Fleming y Diana Damrau- en el que luce creíble y sensible en escena, bien dispuesta al juego cómico y con una hermosa línea de canto.

La soprano irlandesa Celine Byrne es una estupenda Mariscala de atractivo físico, bella voz y sutiles pianísimos, cuyo enfoque de este rol -que preparó con una auténtica experta en esta obra, la legendaria mezzosoprano alemana Christa Ludwig- de seguro irá evolucionando y madurando con el tiempo, pero ya es de un excelente nivel. La soprano kosovar Elbenita Kajtazi debuta en Chile interpretando por primera vez en su carrera a Sophie, y su desempeño es en verdad espléndido por su voz, estilo de canto, volumen y la forma en que emite y proyecta sus cristalinas notas agudas.

Entre los solistas masculinos, encarnando al barón Ochs el bajo-barítono alemán Jürgen Linn demuestra ser un buen cantante, cómodo a lo largo del registro y que domina a la perfección su personaje en lo actoral, al que se retrata a ratos más vulgar de lo necesario, tal vez más por exigencias de la dirección de escena que por el intérprete mismo. El barítono chileno Patricio Sabaté fue un sólido y sonoro Faninal, mientras en su breve pero exigente intervención, el tenor coreano David Junghoon Kim ha participado en cada una de las funciones de ambos elencos, interpretando al cantante italiano con efusión, atractivo material y seguridad en las demandantes notas altas.

El segundo reparto, el llamado elenco estelar, contó con un logrado trío protagónico integrado por tres de las mejores cantantes chilenas de la actualidad: la soprano Paulina González como la Mariscala, la mezzosoprano Evelyn Ramírez como Octavian y la soprano radicada en Alemania Catalina Bertucci como Sophie. Muy bien las tres, en particular González, aunque las notas agudas en Ramírez siempre le exigen más que en el resto del registro. Junto a ellas, el bajo-barítono Johannes Stermann, de impresionante estatura, fue un efectivo Ochs, y el barítono chileno Javier Weibel un aceptable Faninal.

La pareja de intrigantes italianos Annina y Valzacchi está correctamente interpretada en el elenco internacional por la mezzosoprano chilena María Luisa Merino y el tenor alemán Paul Kaufmann, pero por su vivacidad y lo bien que manejan el humor y lo teatral, se lucían más en el otro reparto Francisco Huerta y Gloria Rojas. Y el personaje de Marianne, el ama de llaves que acompaña a Sophie en el segundo acto, destacó más en el elenco estelar interpretado por la soprano Paola Rodríguez con sonora voz y una buena dosis de comicidad, mientras en el internacional Marcela González se ve demasiado joven para el rol y su atractiva voz en esta ocasión se aprecia y escucha menos.

Además de los ya mencionados, el extenso elenco de roles secundarios, también muy demandante incluso en aquellos personajes que aparecen brevemente en escena, estuvo muy bien cubierto por una veintena de intérpretes nacionales, algunos de ellos participando en ambos elencos. Destacaron especialmente el bajo Jaime Mondaca y el barítono Cristián Lorca como el comisario de policía, los tenores Pedro Espinoza y Rony Ancavil como el mayordomo de la Mariscala, y los también tenores Claudio Cerda y Brayan Ávila como el mayordomo de Faninal, y el bajo-barítono Francisco Salgado, que lució muy distinto como el veterano notario y en el último acto como un criado. Por su parte, encarnando al vendedor de animales del primer acto y al tabernero del tercero, el tenor Gonzalo Araya estuvo tan solvente como siempre, mientras su colega Pablo Ortiz no sonó tan bien como debiera. María José Uribarri interpretó a una modista, y también se desempeñaron muy bien las tres huérfanas nobles (Francisca Muñoz, Constanza Olguín y Florencia Romero), el cuarteto de solistas que encarnaron tanto a los lacayos de la Mariscala como a los camareros del tercer acto (Jorge Cumsille, Gonzalo Quinchahual, David Rojas y Felipe Ulloa) y los seis intérpretes del exagerado y desordenado grupo que acompañaba al barón Ochs (Pedro Alarcón, Diego Álvarez, Nelson Durán, David Gáez, Ismael Latrach y Cristián Moya).

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