La presencia de la República Popular China en el Continente Blanco ha evolucionado drásticamente, pasando de una participación incipiente en los años 80 a consolidarse como un actor de vanguardia tecnológica y logística.
En entrevista con Efecto China, la abogada Giovannina Sutherland, investigadora del Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE) y coordinadora del Programa de Estudios Antárticos de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, explicó que este interés, aunque de larga data, ha dado un giro notorio hacia la robustez de su infraestructura y su proyección polar integral.
"En las últimas décadas, principalmente en virtud de lo que declara en el Libro Blanco de China en Antártica, que es del año 2017 (...), lo que pretende China es consolidar su investigación científica, pero no solo en torno a Antártica; habla siempre de los espacios polares, así que también abarca principalmente el Ártico", destacó la experta.
Sutherland resaltó que este crecimiento se manifiesta en hitos como los rompehielos Xuelong 1 y 2, además del uso pionero de energías limpias. "El avance que ha tenido tanto en aeronaves como en rompehielos e incluso en el uso de energías renovables es significativo. En 2025, se probó por primera vez en su base Qinling el uso de pilas de hidrógeno para establecer toda la energía del verano", añadió, subrayando que este despliegue fortalece su capacidad real para hacer ciencia de alto nivel.
Cooperación científica y gobernanza
Actualmente, la relación entre Chile y China se mantiene firme mediante acuerdos entre el Instituto Antártico Chileno (Inach) y su par chino, encontrando un punto de unión crítico en el estudio de la crisis climática.
Según Sutherland, "la principal investigación que tiene China es en torno al cambio climático dentro de los espacios polares. Casi todas sus líneas tienen que ver con esto: la inestabilidad de la capa de hielo, el cambio en el nivel del mar, la circulación del Océano Austral e incluso también aspectos astronómicos. Eso es bien interesante, porque Chile también tiene una línea en torno al cambio climático en sus investigaciones prioritarias y también coincide con las investigaciones astronómicas. Así que ahí creo que también hay un punto en donde podrían generarse nuevas ideas y cooperaciones".
No obstante, advirtió que la cooperación aún debe trasladarse a los organismos deliberativos, como la Convención para la Conservación de Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), donde las posturas diplomáticas no siempre coinciden.
"El desafío creo que está orientado a la gobernanza, no solo quedarnos en investigación cooperativa por el hecho de llegar a Antártica. El desafío es poder alinear las propuestas que se presentan ante las reuniones consultivas del Tratado Antártico y la comisión CCRVMA; ahí no se ha demostrado un apoyo tan significativo a Chile aún. Esa es una brecha y al mismo tiempo una puerta de oportunidad", afirmó la experta.
El horizonte de esta alianza podría expandirse con la proyectada sexta base china en la Tierra de Marie Byrd, una zona que abriría nuevas puertas para profundizar nexos en este territorio estratégico, sugirió Sutherland.
Como concluyó la investigadora: "Antártica no sólo es el refrigerador de la Tierra, sino que tiene las claves para entender toda la vida e incluso el cambio climático".