En la Catedral de Santiago, la Vicaría de la Solidaridad celebró sus 50 años con una interpretación de la Cantata por los Derechos Humanos, en un acto que homenajeó el rol humanitario que tuvo la institución religiosa -liderada en ese entonces por el cardenal Raúl Silva Henríquez- durante la dictadura militar.
El acto, que contó con un millar de personas, se desarrolló el miércoles, donde la Cantata fue interpretada por la Orquesta Sinfónica Estudiantil del Departamento de Música de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile y el conjunto de música andina Tempo Sur.
Asimismo, contó con la declamación de la académica y actriz Annie Murath, bajo la dirección del profesor Miguel Ángel Castro.
La Cantata se reprodujo por primera vez en 1978 en la mentada catedral. Su creación fue encargada por el propio cardenal Henríquez para inaugurar el simposio, en un contexto de graves violaciones a los derechos humanos que perpetraba el régimen pinochetista.
En aquella ocasión, contó con la música de Alejandro Guarello y textos del sacerdote Esteban Gumucio; y en su estreno, fue interpretada por el Grupo Ortiga con la narración del actor Roberto Parada, la dirección coral de Waldo Aránguiz y la dirección orquestal de Fernando Rosas.
"Una Iglesia que es madre, que acoge sin preguntar"
La rectora de la Universidad de Chile, Rosa Devés, agradeció la invitación que se hizo a la casa de estudios para unirse al homenaje: "Es emocionante que los jóvenes de hoy canten nuevamente a los jóvenes de ayer, muchos de los cuales están hoy aquí presentes, y especialmente a esos otros y otras que perdieron la vida defendiendo sus ideales", dijo.
En una línea similar, el presidente del directorio de la Fundación de Documentación y Archivo de la Vicaría de la Solidaridad, Javier Luis Egaña, expresó que "es muy emocionante encontrarse con tantos que estuvieron en esas primeras horas, defendiendo a tantos chilenos y chilenas, y también recordar con cariño a los funcionarios que ya partieron".
El cardenal y arzobispo de Santiago, Fernando Chomali, reivindicó el rol histórico de la Iglesia como espacio de acogida y protección y afirmó que "muchos llegan al Arzobispado y me dicen: 'déjeme recorrer esta casa, porque aquí nos sentíamos seguros y llenos de esperanza'. Eso emociona profundamente y habla de una Iglesia que es madre, que acoge sin preguntar".
También asistió al encuentro Mónica Araya Flores, cuya familia fue víctima de la dictadura y su padre, el exparlamentario Bernardo Araya Zuleta, figura como detenido desaparecido.
"Han pasado 50 años y agradezco que recuerden a nuestros familiares. Eso, para nosotros, es muy importante porque no se ha perdido la memoria; y la memoria es fundamental", indicó.