Alexandra Petermann, directora de la Reserva biológica Huilo Huilo y presidenta de Fedetur, conversó con Cooperativa sobre cómo la iniciativa demostró recuperar ecosistemas degradados e impulsar, a la vez, economías locales.
Petermann recordó que sus padres, y fundadores de la reserva, descubrieron que "el desarrollo no era incompatible con la conservación", transformando antiguas faenas madereras en un polo en el que convergen vecinos y ecología.
Esa visión propició el retorno de especies que habían desaparecido del sur valdiviano: "Hoy tenemos más de 50 huemules", subrayó la arquitecta, destacando que el monitoreo científico de anfibios, helechos y bosques genera valor educativo para los 250 mil turistas que reciben al año.
Para Petermann, las actividades recreativas bien planificadas protegen el hábitat sin segregar a los pobladores. "El turismo es una herramienta clave también de conservación", remarcó, argumentando que guiar al visitante por la selva húmeda genera conciencia y financia la preservación de áreas silvestres vulnerables.
Paralelamente, la actividad detonó un encadenamiento comercial en Neltume y Puerto Fuy. De 1.500 camas disponibles, 1.100 pertenecen a emprendimientos locales, confirmando que "el turismo es una cadena de valor" donde cabañas, gastronomía y transportes comunitarios se benefician del flujo de viajeros.
El círculo virtuoso consolidó arraigo juvenil. En vez de emigrar, los jóvenes ahora estudian carreras técnicas para liderar servicios ecoturísticos o científicos. Con escuelas de montaña y centros formativos, el patrimonio natural asegura empleo digno y sustentable para las nuevas generaciones de la zona.