El presidente de Taiwán, Chen Shui-bian, juró su cargo para un segundo mandato de cuatro años con un discurso de investidura dirigido a reconciliarse con China, la oposición política y Estados Unidos. El mandatario aseguró que sus objetivos primordiales en este período serán unir Taiwán, apaciguar las tensiones políticas y étnicas, estabilizar los lazos con China e impulsar la prosperidad económica.
La mayor parte de su intervención de 20 minutos la dedicó a China y a la reforma constitucional que impulsa.
Sin mencionar la promesa de hace cuatro años de no declarar la independencia ni convocar un referendo de autodeterminación, aseguró que su "política hacia China no ha cambiado en los últimos cuatro años ni cambiará en los cuatro siguientes".
"Los dos gobiernos (el chino y el taiwanés) deben aprovechar esta oportunidad para afrontar los desafíos mundiales, defender el progreso y el desarrollo en vez de centrarse en un debate político sin salida", manifestó Chen.
En una actitud reconciliadora, el independentista Chen no descartó ningún nuevo tipo de relación política con el régimen comunista de Pekín, incluido la unificación, "si la acepta el pueblo taiwanés", puntualizó.
Las autoridades pequinesas consideran a Taiwán una provincia "rebelde", mientras que Chen ha hablado los últimos años de dos Estados iguales y diferenciados a ambos lados del antiguo estrecho de Formosa.
Temas de soberanía no serán incluidos en nueva Constitución
Otra concesión pacificadora del mandatario taiwanés en su discurso constituyó su renuncia a redactar una nueva Constitución para el 2006, medida que además del rechazo de China recibió el de Estados Unidos, el principal defensor de la isla ante los ímpetus bélicos chinos.
El Gobierno de Washington se opone a cualquier modificación del statu quo en el estrecho de Taiwán.
Chen ha optado por modificar o enmendar la presenta Carta Magna y adelantó en su intervención que el trabajo estará concluido para el año 2008. Opinó que la reforma constitucional es una exigencia para profundizar la democracia y para elevar la competitividad de Taiwán, y apuntó que cuenta con el apoyo popular y el acuerdo de los grupos políticos.
"Soy consciente de que aún se necesita alcanzar consenso sobre temas tales como la soberanía, territorio, unificación o independencia, por lo que explícitamente declaro que estos temas serán excluidos de la reforma constitucional", precisó el mandatario.
El acto de investidura se efectuó en medio de extremas medidas de seguridad, en un estrado rodeado de cristales blindados y bajo la vigilancia de unos 8.000 policías y 6.000 soldados.
Chen, del Partido Demócrata Progresista (PDP), fue objeto de un intento de asesinato el pasado 19 de marzo, la víspera de las elecciones presidenciales, del que salió con una herida leve de bala en el estómago.
La oposición impugnó el resultado de los comicios, en los que perdió por sólo 29.518 votos, y actualmente la Corte Suprema realiza un recuento de los votos, por lo que Chen no tiene totalmente garantizado sus cuatro años de mandato. (EFE)