En su declaración final, la cumbre número 16 de la Liga Arabe condenó el terrorismo y afirmó que los países de la organización siguen dispuestos a combatirlo bajo los auspicios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Respecto del conflicto entre palestinos e israelíes, la "Declaración de Túnez" rechazó, sin distinción, la violencia contra los civiles, tanto palestinos como israelíes.
"Condenamos las operaciones militares contra los civiles y los dirigentes palestinos, y condenamos las operaciones contra los civiles sin discriminación", subrayó el documento, lo que a juzgar de uno de los participantes constituye un hecho sin precedentes en la historia de la Liga.
En el capítulo sobre terrorismo, la cumbre expresa, sin embargo, la necesidad de diferenciar entre las acciones terroristas y "el derecho legítimo de los pueblos a condenar el colonialismo".
La declaración pide a la comunidad internacional que redoble sus esfuerzos para una solución justa, global y duradera del conflicto entre árabes e israelíes, conforme a la iniciativa presentada por Arabia Saudita en la cumbre celebrada en Beirut en 2002.
El plan saudí contempla el reconocimiento de Israel por los países árabes a cambio que se retire de todos los territorios que ocupó en la guerra de 1967, incluido el sector oriental de Jerusalén. Añade que la cuestión de los refugiados palestinos debe ser resuelta en conformidad con la resolución 194 de la Asamblea General de ONU, que les reconoce el derecho a regresar a sus tierras de origen.
El documento final de la cumbre incluye una referencia a las armas de destrucción masiva, al abogar por su eliminación total en Medio Oriente, aludiendo explícitamente a Israel. Sobre Irak, la Liga Arabe subrayó la necesidad de que se preserve la unidad de su territorio y su soberanía nacional e independencia, comprometiéndose a respetar el principio de no injerencia.
Además, los dirigentes árabes denunciaron los "crímenes y actos inmorales e inhumanos" perpetrados por "los soldados de la ocupación" contra los detenidos iraquíes, y exigieron que los autores de esos actos sean juzgados y castigados.
Asimismo, la cumbre de Túnez estableció el compromiso de los dirigentes árabes de llevar a cabo reformas políticas, sociales, económicas y educacionales, en consonancia con sus valores religiosos y según sus condiciones y posibilidades.
La declaración fue suscrita por 20 países miembros y la Autoridad Nacional Palestina (ANP), ya que Libia abandonó la reunión durante la primera sesión y anticipó nuevamente que dejará la organización.
Para satisfacer una exigencia de Siria, el documento sobre las reformas se denomina "Proceso de desarrollo y modernización" y afirma que éstas "deben proceder del propio interior" del mundo árabe y sin injerencias, en alusión al proyecto estadounidense de Gran Medio Oriente.
Aunque la Liga Arabe no rechazó tácitamente ese proyecto, que será presentado por el presidente George W. Bush en la próxima cumbre de las siete naciones más industrializadas del planeta más Rusia, G-8, en junio próximo, los árabes no lo consideran apropiado para aceptarlo en todas sus coordenadas.
"Las reformas deben ser el hecho de los países árabes" con sus propias particularidades, sentenció la resolución adoptada por la cumbre, en la que aparece, asimismo, el compromiso de profundizar la democracia. (EFE)