Senado de EE.UU. votará enmienda que prohíbe matrimonios homosexuales
La decisión enfrenta a republicanos y sectores religiosos contra gran parte de los legisladores demócratas, organizaciones homosexuales y liberales.
La decisión enfrenta a republicanos y sectores religiosos contra gran parte de los legisladores demócratas, organizaciones homosexuales y liberales.
El Senado de Estados Unidos votará este miércoles una enmienda constitucional que prohíbe los matrimonios homosexuales con el sentimiento de que la iniciativa, promovida por los sectores más conservadores del país, será derrotada.
Con la votación, que ha polarizado al país y podría incidir en las elecciones de noviembre, culmina un agrio debate protagonizado por organizaciones liberales y homosexuales en su mayoría demócratas y sectores religiosos y conservadores republicanos.
Enfrentados a la imposibilidad de reunir los dos tercios de los votos necesarios para la reforma en un Senado de 100 miembros, legisladores republicanos propusieron el martes una opción menor, que diría que "el matrimonio existe sólo entre un hombre y una mujer".
El principal promotor de la enmienda, el senador republicano Wayne Allard, admitió el martes que en el mejor de los casos podría lograr una mayoría simple.
"La incansable propaganda homosexual en la televisión y el cine ha dado dividendos, de modo que hasta la defensa del matrimonio pareciera ser un acto de intolerancia", manifestó Robert Knight, director del Instituto para la Cultura y la Familia.
La enmienda señala que "el matrimonio en EE.UU. consistirá en sólo la unión de un hombre y una mujer. Ni esta Constitución, ni la constitución de los estados podrán exigir que el matrimonio o sus incidencias jurídicas provengan de otra unión que no sea la de un hombre y una mujer".
Según el senador Rick Santorum, presidente de la Conferencia Republicana, la enmienda busca proteger al matrimonio y a la familia, no negar los derechos de nadie y es necesaria "para impedir el ocaso de nuestra sociedad".
Pero la senadora demócrata Dianne Feinstein calificó el debate como "una pérdida de tiempo", ya que no existe posibilidad de que los republicanos consigan los 67 votos necesarios para aprobarla, ni el concurso de al menos 38 de los 50 estados para ratificarla.
Feinstein agregó que el objetivo de los republicanos ha sido "provocar una división" entre los electores del país.
Según señaló, la idea ha sido aprovechar el debate para beneficiar la campaña reelectoral del presidente George W. Bush, su principal promotor.
La última encuesta realizada sobre el tema hace dos meses indicó que un 55 de los estadounidenses se opone al matrimonio homosexual, pero coinciden en que no debe ser prohibido expresamente por la Constitución.
Según el sondeo, los estadounidenses piensan que hay otros problemas más urgentes, como la atención médica, la educación y la seguridad nacional.
Según Karlyn Bowman, analista del Instituto de la Sociedad y la Empresa, "es claro que la gente prefiere que el tema sea sólo competencia de los estados. El matrimonio homosexual es una de las últimas preocupaciones nacionales".
Los candidatos demócratas a la presidencia y la vicepresidencia, John Kerry y John Edwards, respectivamente, también se oponen al matrimonio homosexual y señalan que la solución no está en enmendar la Constitución del país.
Y como la mayoría de los demócratas, denuncian que la intención republicana ha sido aglutinar a los sectores conservadores de cara a los comicios de noviembre.
Bush sugirió la enmienda este año después de que la Corte Suprema del estado de Massachusetts dictaminó que las parejas del mismo sexo tenían derecho a casarse y la ciudad de San Francisco (California) comenzó a emitir licencias de matrimonio a parejas homosexuales.
"Nuestra política debería dirigirse a fortalecer a las familias, no a debilitarlas. Cambiar la definición del matrimonio tradicional perjudicará la estructura familiar", manifestó Bush el pasado fin de semana.
El tema ha puesto contra la espada y la pared al vicepresidente Dick Cheney, una de cuyas hijas es lesbiana, y cuya mujer se sumó al bando demócrata al indicar que el tema es de competencia estatal, negando la intervención federal.
"Deberíamos escuchar sus consejos", dijo Tom Daschle, líder de la minoría demócrata en el Senado. (EFE)