Un nuevo horizonte de la relación China-Chile: exportación de servicios

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La exportación de servicios exige una mayor adaptación normativa, contractual y operativa, especialmente en un entorno regulatorio exigente y en constante evolución.

Un nuevo horizonte de la relación China-Chile: exportación de servicios
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Por: Felipe Enero Segovia*

Desde la reforma y apertura impulsada en los años 80, la importación de servicios en China se ha consolidado como un componente estructural de su inserción en la economía global, posicionando al país como uno de los mayores importadores mundiales de servicios.

Tan solo en 2025, de acuerdo con datos del National Bureau of Statistics of China, las importaciones de servicios ascendieron a 4.455,5 mil millones de yuanes (aproximadamente US$630 mil millones). Este nivel de importación confirma además una característica estructural del modelo chino: el país mantiene un déficit persistente en el comercio de servicios, importando más de lo que exporta.

En términos sectoriales, actualmente la estructura de importación de servicios en China presenta tres grandes bloques. Primero, los servicios de viaje, como el turismo, educación internacional y consumo en el extranjero. Segundo, los servicios empresariales y profesionales, incluyendo consultoría, ingeniería, logística y servicios financieros, asociados a la internacionalización de empresas chinas y la sofisticación de su economía.

Tercero, y cada vez más relevante, los servicios intensivos en conocimiento, como propiedad intelectual, software, investigación y desarrollo (I+D), los cuales ya representan más del 40% del comercio total de servicios.

Respecto a los mercados de origen, la importación de servicios de China sigue estando dominada por economías avanzadas. Estados Unidos, la Unión Europea (especialmente Alemania, Francia e Irlanda) y Japón se posicionan como los principales exportadores de servicios hacia China, mediante grandes compañías globales como Microsoft, IBM, Accenture.

Ahora bien, el 25 de febrero de 2026, el Ministerio de Comercio de China (MOFCOM) ha publicado un nuevo "Catálogo para el fomento de importación de servicios 2026" (Catalogue of Encouraged Service Imports), una gigantesca ventana de oportunidad que marcará la pauta para una relación más simétrica entre el Gigante Asiático con economías desarrolladas o de desarrollo medio, como es el caso de Chile.

La diferencia principal que introduce el nuevo Catálogo frente a políticas anteriores es un cambio cualitativo en el criterio de apertura: China pasa de importar servicios principalmente por demanda pasiva o déficits estructurales (turismo, educación en el extranjero, servicios digitales vitales para los inversionistas extranjeros) a promover una importación activa y selectiva de capacidades estratégicas.

En ese marco, el documento orienta al mundo público y privado a importar capacidades estratégicas para desarrollar las nuevas fuerzas productivas, priorizando en primer lugar, la importación de servicios intensivos en conocimiento, que incluyen tecnología, software, investigación y desarrollo (I+D) y propiedad intelectual.

Este grupo refleja la estrategia de China de acelerar su transición hacia una economía basada en la innovación, incorporando capacidades externas en áreas donde aún existen brechas tecnológicas y culturales.

A su vez, se destacan los servicios ligados al bienestar social, como salud, cuidado de personas mayores y educación especializada, en respuesta a transformaciones estructurales como el envejecimiento de la población, la expansión de la clase media y la creciente demanda por servicios de alta calidad.

En conjunto, estos sectores apuntan tanto a mejorar la productividad como a fortalecer la cohesión social, integrando desarrollo económico y bienestar.

En paralelo, el catálogo otorga especial relevancia a los servicios verdes, asociados a la transición energética y la sostenibilidad, alineados con los compromisos de neutralidad de carbono y la necesidad de modernizar la matriz productiva hacia estándares ambientales más exigentes.

Finalmente, se priorizan los servicios empresariales avanzados, como consultoría, logística global y gestión de cadenas de suministro, que resultan fundamentales para la internacionalización de las empresas chinas y la optimización de su inserción en las cadenas globales de valor.

En cuanto a incentivos, cabe señalar que el catálogo se articula con un ecosistema más amplio de políticas de "sectores fomentados", donde las actividades incluidas suelen beneficiarse de mejores condiciones regulatorias, facilidades administrativas, incentivos fiscales y mayor previsibilidad institucional.

A partir de este nuevo escenario, se abre una ventana particularmente relevante, tanto para las pymes, así como para las empresas chilenas consolidadas. En particular, Chile cuenta con un ecosistema robusto en minería y sostenibilidad, que puede traducirse en soluciones exportables en ámbitos como eficiencia hídrica, gestión de recursos naturales o tecnologías limpias, todos ellos alineados con las prioridades del nuevo catálogo chino.

Asimismo, el desarrollo de servicios fintech y soluciones digitales abre oportunidades para integrarse en la creciente demanda china por servicios de pagos transfronterizos, marketing internacional, entre otros. Incluso, empresas emergentes que han desarrollado complejos servicios para la tercera edad (la llamada "silver economy"), también podrían desembarcar en el mercado chino.

No obstante, el aprovechamiento efectivo de estas oportunidades requiere superar barreras estructurales que han limitado históricamente la internacionalización de las pymes chilenas en mercados complejos como el chino. A diferencia de la exportación de bienes, la exportación de servicios exige una mayor adaptación normativa, contractual y operativa, especialmente en un entorno regulatorio exigente y en constante evolución. En este sentido, se vuelve fundamental fortalecer la asesoría especializada en ámbitos legales y contables, así como en la comprensión de marcos regulatorios locales, modelos de asociación (como joint ventures) y mecanismos de protección de propiedad intelectual.

Finalmente, existe una dimensión igualmente crítica: la brecha idiomática y cultural. La prestación de servicios requiere altos niveles de confianza, comunicación fluida y comprensión contextual del cliente. Por ello, el desarrollo de capacidades en idioma, negociación intercultural y adaptación al rigor y confucianismo empresarial chino será determinante para consolidar una inserción sostenible en este mercado.

Perfil de Felipe Enero
Doctorando en Negocios Internacionales en Southeast University of China (Nanjing). También. Máster en Administración Pública (MPA) de Renmin University of China (Beijing) y Analista en Políticas y Asuntos Internacionales de la Universidad de Santiago de Chile.
Ha sido asesor de diversas carteras Ministeriales y Gobiernos Regionales, principalmente en materias vinculadas a las relaciones internacionales y asesoría estratégica. A su vez, ha sido consultor en estudios políticos y de mercado, así como en asuntos públicos, de diversas instituciones y empresas de Chile, China y España, como es el caso de Instituto Igualdad, China University of Political Science and Law, el Centro Latinoamericano de Estudios Políticos y Económicos de China CLEPEC y la Fundación Pablo Iglesias.
Actualmente es profesor colaborador y encargado de vinculación con la República Popular China, de la Universidad Tecnológica Metropolitana UTEM. También, es coordinador académico de la Red Internacional de Modernización e Innovación Pública, REMINGEP.

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