Es julio de 1982, y el vecindario de la calle Oak se presenta en pantalla celebrando una fiesta que congrega a las familias que allí viven. Parrillas, galletas, niños jugando con sus mascotas y globos con agua, una postal muy normal en este barrio de los suburbios... hasta que, de un momento a otro, deja de serlo en la película "El final de la Calle Oak" ("The End of Oak Street").
"Greg" (Ewan McGregor) y "Denise" (Anne Hatthaway) son un matrimonio pasando por una gran crisis y, a pesar de sus mejores esfuerzos, sus hijos adolescentes, "Audrey" (Maisy Stella) y "Brian" (Christian Convery), notan lo compleja que es la situación familiar mientras también tratan de solucionar sus propios problemas.
De la nada comienzan a suceder cosas extrañas en distintos sectores del barrio, hasta que estos hechos aislados se transforman en uno solo, uno gigante y sin explicación clara, que termina de romper la aparente calma del sector. De la noche a la mañana, la Calle Oak desaparece de su línea temporal y aparece en medio de la prehistoria. Es como "El Mundo Perdido" de Sir Arthur Conan Doyle, pero a la inversa.
A pesar de lo que se aprecia en el tráiler, la amenaza jurásica no es el principal conflicto de la película: el enemigo no son los depredadores que se encuentran en el exterior, sino cómo la falta de comunicación carcome las relaciones humanas.
"Greg" (Ewan McGregor) y "Denise" (Anne Hatthaway) son un matrimonio pasando por una gran crisis cuando ocurre un inexplicable evento. (Foto: Warner Bros. Pictures)
Hatthaway es el pilar de vulnerabilidad y fortaleza de la historia, interpretando a una "Denise" que definitivamente es el mejor personaje de la cinta. Por otro lado, McGregor es un hombre atrapado en su inseguridad y la necesidad de que todo funcione dentro del statu quo, haciendo un contrapeso de emociones que chocan constantemente hasta que deben enfrentarse a lo inevitable que es solucionar sus problemas para poder sobrevivir en este atípico fin del mundo.
La mayor ventaja que tiene la película es lo inesperado. Definitivamente, nunca se sabe qué vendrá después, y esa es lejos su mejor virtud. Es un mejor thriller de aventuras y drama familiar que humorístico. Saca pocas risas, y la verdad es que más por incomodidad que por otra cosa.
Donde sí flaquea es en explicar el gran misterio de por qué sucede todo, lo que más parece una excusa para nombrar a Carl Sagan que otra cosa. No es realmente una película que responda acertadamente todas las preguntas que plantea.
A primera vista, la premisa puede parecer absurda, pero la cinta logra salir bastante airosa de esa batalla.
Es como "El Mundo Perdido" de Sir Arthur Conan Doyle, pero a la inversa. (Foto: Warner Bros. Pictures)
Comparar "Oak Street" con "Jurassic Park" está a la orden del día, ya que no oculta en ningún momento la influencia que Steven Spielberg y Amblin en los ochenta, además de "Poltergeist", la serie "The Twilight Zone" e incluso "Señales" de M. Night Shyamalan, han tenido en el director y escritor David Robert Mitchell ("It Follows").
Se pueden encontrar pequeños fósiles de inspiración en varios momentos y el hecho de que esté producida por J.J. Abrams ("Super 8") abrió el debate de si pertenece a la saga "Cloverfield", ya que encaja perfecto en dicho universo. Sin embargo, estas teorías han sido negadas por el mismo Abrams.
La fotografía de Mike Gioulakis ("It Follows") logra capturar muy bien la esencia de su inspiración ochentera, y la música de Michael Giacchino ("The Incredibles") se encarga de crear atmósferas perfectas para trasmitir la emocionalidad de los personajes al espectador.
Si bien se agradece que los dinosaurios sean más científicamente correctos a la luz de las últimas investigaciones de la paleontología, claramente podría haber sido mejor si se apoyaba también en efectos prácticos y no tanto en lo digital.
"El final de la Calle Oak" está en cartelera en los cines chilenos.