La Justicia francesa condenó a un total de cuatro años de cárcel -aunque solo 18 meses de cumplimiento efectivo-, al exsenador Joël Guerriau, quien estaba acusado de haber drogado a la diputada Sandrine Josso con fines de agresión sexual en 2023.
En la segunda jornada y final del juicio (iniciado el lunes), el Tribunal Correccional de París impuso también al exlegislador, de 68 años de edad, a una inhabilitación política de cinco años y la prohibición de ponerse en contacto con la víctima, que tiene 50.
Además, deberá indemnizarla con 9.000 euros (9,3 millones de pesos chilenos), de los cuales 5.000 corresponden a daños morales.
La ejecución de la pena no será inmediata, como solicitaba la Fiscalía (que había pedido cuatro años de cárcel, pero tres de ellos en firme), y el exsenador adelantó inmediatamente, por boca de sus abogados, que recurrirá la sentencia.
El caso se remonta a noviembre de 2023 y marcó uno de los primeros episodios en Francia que visibilizó el fenómeno de la sumisión química en agresiones sexuales, antes de que el tema adquiriera dimensión internacional con el caso de Gisèle Pelicot, drogada durante años por su marido para ser violada por terceros.
"La versión parlamentaria" del caso Pelicot
Los hechos ocurrieron el 14 de noviembre de 2023, cuando Guerriau, entonces senador del partido centroderecha Horizons, invitó a la diputada Sandrine Josso a su domicilio para celebrar su reelección. Según la acusación, durante esa cena le administró una droga con fines sexuales.
"La señora Josso fue envenenada de forma intencional con un objetivo sexual", afirmó el fiscal Benjamin Coulon, que planteó como "evidente" que Guerriau era culpable del delito de "administrar a una persona, sin su conocimiento, una sustancia que puede afectar su juicio o el control de sus acciones con el fin de cometer una violación o agresión sexual", lo que en Francia se castiga con una pena de hasta cinco años de prisión y una multa de 75 mil euros (77 millones de pesos chilenos).
La diputada relató que tras beber una copa de champán con sabor extraño comenzó a sufrir mareos, palpitaciones y náuseas, lo que, sumado a la actitud extraña del acusado, la llevó a abandonar el lugar y acudir a un hospital. Un análisis de sangre reveló una concentración elevada de (éxtasis) MDMA, superior a la habitual en contextos recreativos.
Guerriau negó haber actuado de forma intencional, y sostuvo que se trató de un error, atribuyéndolo a un periodo de estrés y afirmando que la sustancia provenía de otra persona, y que acabó accidentalmente en la copa de la diputada.
Durante el juicio, Josso describió las secuelas físicas y psicológicas que arrastra desde entonces, entre ellas trastornos del sueño, hipervigilancia y diversos problemas de salud.
La defensa, en tanto, cuestionó la falta de pruebas concluyentes y denunció el "clamor mediático" de presentar este juicio como "la versión parlamentaria" del caso Pelicot.