Una investigación de un equipo internacional liderado por la española Universidad de Valencia (UV) desveló que el Niño del Cerro El Plomo, en la Región Metropolitana y cuyos restos se conservan en el Museo de Historia Natural del país, no murió de hipotermia, sino por un sacrificio ritual.
Desde el hallazgo del Niño del Cerro El Plomo en 1954, a más de 5.400 metros de altitud, su muerte había sido explicada principalmente como consecuencia de hipotermia durante una ceremonia inca de alta montaña.
Sin embargo, la tomografía computada y el análisis forense permitieron identificar evidencia compatible con un trauma craneal ocurrido en el contexto de un sacrificio ritual de la ceremonia de la Capacocha, según publican en un artículo en la revista Science Advances, informó la universidad.
Los expertos determinaron que la causa de muerte no fue hipotermia, como se creyó desde su descubrimiento en 1954. (FOTO: Museo Nacional de Historia Natural)
La Capacocha fue una de las ceremonias más importantes del Tawantinsuyu o Imperio inca en quechua. En ella, niños, niñas y mujeres jóvenes eran seleccionados para ser ofrendados a las montañas sagradas o apus, en un proceso que vinculaba sacrificio, peregrinaje, poder político, religión y expansión imperial.
El Niño del Cerro El Plomo es el cuerpo liofilizado naturalmente de un niño de unos 8 años, como explica el Museo Nacional de Historia Natural de Chile en su página web.
Los objetivos de la investigación
La investigación -liderada por Verónica Silva Pinto, investigadora doctoral del Departamento de Prehistoria, Arqueología e Historia Antigua de la UV, y Domingo C. Salazar-García, profesor titular del departamento y director de la tesis de Verónica Silva- reconstruye peregrinajes rituales de varios meses y muestra que la Capacocha no fue solo una ceremonia de alta montaña, sino también un proceso ritual estatal de larga duración, vinculado a la expansión política y simbólica del Tawantinsuyu en los Andes meridionales.
Según Silva Pinto, este estudio permitió volver a mirar contextos patrimoniales extraordinariamente importantes con nuevas preguntas, nuevas tecnologías y criterios éticos de conservación.
En el caso del Niño del Cerro El Plomo, "la evidencia nos llevó a revisar una interpretación sostenida durante décadas y a proponer una explicación distinta sobre las circunstancias de su muerte".
El estudio reconstruye peregrinajes de meses que conectaban el poder político con el sacrificio religioso. (FOTO: Museo Nacional de Historia Natural)
El artículo desvela otro misterio
En el artículo también se reevalúa el caso de Cerro Esmeralda, donde investigaciones previas habían planteado que dos jóvenes murieron por estrangulación.
Las marcas observadas en el cuello son más compatibles con compresión producida por textiles o vestimenta, mientras que la tomografía computada mostró que los huesos hioides se encontraban preservados, en posición anatómica y sin fracturas ni desplazamientos.
Al mismo tiempo, el estudio reconoce que la causa exacta de muerte no puede establecerse de forma concluyente debido a alteraciones ocurridas tras el hallazgo, autopsias y pérdida de algunas estructuras anatómicas.
La investigación integró tomografía computada, análisis bioantropológico y forense, dermatología, histología, modelamiento biomecánico, análisis de elementos finitos, isótopos estables y datación radiocarbónica.
Este hallazgo ofrece una nueva perspectiva sobre la expansión del Imperio Inca en los Andes meridionales. (FOTO: Museo Nacional de Historia Natural)
Para Domingo C. Salazar-García, uno de los aportes centrales de la investigación es el uso de análisis isotópicos: "Los isótopos estables permiten acceder a información muy fina sobre la vida de las personas en el pasado, especialmente sobre dieta, movilidad y cambios ocurridos durante los últimos meses de vida", explica.
Además de la Universidad de Valencia, el estudio ha sido financiado por el Fondo de Apoyo a la Investigación Patrimonial (FAIP) del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural de Chile, a través del Museo Nacional de Historia Natural, y contó con la colaboración científica de instituciones nacionales e internacionales, entre ellas la Clínica Alemana de Santiago, el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Alemania, y la Universidad de Bradford, en Reino Unido.