Cada cambio de mando presidencial en Chile tiene un momento central: cuando el mandatario saliente coloca la Piocha de O'Higgins en el pecho del presidente entrante.
Ese gesto simboliza el traspaso del poder y forma parte de una tradición que se remonta a los primeros años de la República.
El historiador y académico de la Universidad de las Américas José Pedro Hernández explicó en Cooperativa que este símbolo tiene su origen en la abdicación de Bernardo O'Higgins en 1823.
"Cuando O'Higgins abdica le entrega esta piocha a José Gregorio Argomedo para que él continúe en el mando", relató. Sin embargo, el uso de la insignia como parte formal del cambio de mando se institucionalizó más tarde.
"La piocha toma relevancia recién en 1846, durante el gobierno de Manuel Bulnes, y desde ahí en adelante hasta el día de hoy tiene mucha importancia", señaló.
El misterio de la piocha original
Aunque la insignia sigue siendo parte esencial de la ceremonia presidencial, la pieza que se utiliza actualmente no es la original vinculada a O'Higgins.
Según explicó el historiador, la pieza histórica se perdió tras el Golpe de Estado de 1973.
Sobre su desaparición existen distintas versiones. Una sostiene que habría sido destruida durante el bombardeo al Palacio de La Moneda el 11 de septiembre de ese año, mientras que otra plantea que simplemente desapareció en medio de los acontecimientos de la época.
Desde entonces, la insignia que se utiliza en los cambios de mando es una réplica.
El símbolo central del cambio de mando
Más allá de la pieza en sí, la piocha se consolidó como el principal símbolo del traspaso del poder presidencial en Chile.
El gesto de colocarla sobre el presidente electo marca oficialmente el inicio del nuevo mandato y representa la continuidad institucional del país.
Para Hernández, se trata de un momento cargado de significado dentro de una tradición republicana que se mantiene desde los inicios de la República.
"Es el principal símbolo del traspaso del poder", subrayó.
Supersticiones y anécdotas
La historia de la Piocha de O'Higgins también ha dado lugar a diversas leyendas.
Una de las más conocidas sostiene que si la piocha se cae durante la ceremonia del cambio de mando, sería un mal augurio para el gobierno que comienza.
Según Hernández, esto ocurrió en algunas ocasiones históricas. Le pasó a José Manuel Balmaceda en 1886, a Arturo Alessandri Palma y también a Salvador Allende, recordó el historiador.
Estos tres casos coincidieron con períodos de fuerte crisis. Balmaceda, cuya piocha cayó en 1886, terminó enfrentando la Guerra Civil de 1891, conflicto que dividió al país y culminó con su caída y posterior suicidio. Alessandri Palma, en su primer mandato iniciado en 1920, vivió una etapa de gran inestabilidad política y social que derivó en la crisis institucional de 1924 y su salida temporal del poder. En tanto, Salvador Allende, cuya piocha también se habría caído en 1970, gobernó en medio de una profunda polarización que culminó con el Golpe de Estado de 1973.
"O sea, cuando se cae es un presagio de crisis", comentó el historiador.
Una tradición que se remonta a 1826
El cambio de mando presidencial en Chile tiene sus raíces en el 9 de julio de 1826, cuando el Congreso Nacional invistió a Manuel Blanco Encalada como el primer Presidente de la República, tras la renuncia de Ramón Freire como director supremo.
Ese momento marcó el inicio de una tradición republicana que ha evolucionado con el tiempo.
Las ceremonias han cambiado de fecha, de lugar e incluso de protocolo. Durante el siglo XIX, por ejemplo, muchos cambios de mando se realizaban el 18 de septiembre, mientras que posteriormente se fijó el 3 de noviembre y, desde el retorno a la democracia en 1990, el 11 de marzo.
También hubo ocasiones excepcionales en que la ceremonia se realizó fuera del Congreso, como en la Universidad de Chile en 1896 o en el Colegio Sagrados Corazones de la Alameda en 1906, tras el terremoto de Valparaíso.
A pesar de estas variaciones, el historiador subrayó que el sentido de la ceremonia se mantiene, por lo que afirmó que hoy "debería ser lo más tradicional posible, lo más republicano posible como ha sido generalmente".
Así, cada cambio de mando no solo marca el inicio de un nuevo gobierno, sino también la continuidad de una tradición institucional en la que la Piocha de O'Higgins sigue ocupando un lugar central.