Las personas que siguen una dieta saludable -como la mediterránea- tienen un riesgo entre un 18 por ciento y un 24 por ciento menor de mortalidad, lo que puede suponer entre dos y tres años más de esperanza de vida, según un estudio basado en 103 mil 649 participantes.
Tras analizar durante diez años y medio la información sobre la dieta y las características genéticas de estas personas, los investigadores confirmaron que los que tenían una alimentación saludable -definida de cinco formas diferentes- presentaron menos riesgo de morir prematuramente.
Las cinco dietas saludables eran el Índice Alternativo de Alimentación Saludable-2010, la Dieta Mediterránea, el Índice de Dieta Saludable a Base de Plantas, los Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión y la Dieta para la Reducción del Riesgo de Diabetes (DRRD).
Los detalles del estudio se publicaron en la revista Science Advances. En la investigación participaron expertos de la Facultad de Medicina Tongji de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong, la Facultad de Medicina de la Universidad de Zhejiang, de la Universidad Queen Mary de Londres y de la Universidad de Sydney (Australia).
El análisis observó que seguir una de las cinco dietas saludables mejora la esperanza de vida.
Aunque esta conclusión ya ha sido probada por investigaciones anteriores, la novedad de este estudio es que ofrece estimaciones del número de años de vida ganados durante esa década. Así, las personas de 45 años con las puntuaciones dietéticas más altas ganaron entre 1,9 y 3 años de vida en el caso de los hombres y entre 1,5 y 2,3 años las mujeres.
Además, esta relación positiva fue mayor en los hombres que seguían la dieta DRRD de prevención de la diabetes, y en las mujeres que seguían la dieta mediterránea.
Por último, los autores concluyen que seguir un patrón alimentario saludable es beneficioso para una mayor esperanza de vida, "independientemente de que las personas sean portadoras de genes de longevidad".
La opinión de los expertos
Esther López García, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro del Grupo de Nutrición de la Sociedad Española de Epidemiología, explica que el estudio intentó responder a la pregunta clásica sobre si los estilos de vida, en particular la dieta, son capaces de modificar nuestra predisposición genética a ser más longevos.
Sus resultados muestran que, independientemente de sus genes, una dieta saludable es importante para conseguir "una vida más longeva", resumió.
En la misma línea, Fernando Rodríguez Artalejo, investigador de CIBERESP e IMDEA Food apuntó que, aunque es bien sabido que seguir algunos tipos de dietas muy ricas en alimentos de origen vegetal se asociaba a menos mortalidad, la contribución de este trabajo es presentar los beneficios de estas dietas "en años de vida ganados".
Seguir una dieta mediterránea -que incluye un alto consumo de frutas y verduras, cereales integrales en lugar de refinados, proteínas principalmente de origen vegetal y una reducción de bebidas azucaradas y productos ricos en azúcar o sal- no solo aumenta la esperanza de vida en personas jóvenes de 45 años, sino que puede generar beneficios a lo largo de casi toda la vida, advierte el investigador español.
El estudio muestra que nunca es tarde para mejorar la dieta, ya que una buena alimentación a los 80 años se asocia a una ganancia de hasta dos años de vida para hombres y de hasta un año en mujeres, en comparación con los que tienen una dieta muy mala a esa edad, apunta Rodríguez Artalejo.
Para Dolores Corella, investigadora del CIBEROBN y catedrática de la Universidad de Valencia, lo más importante es tener una esperanza de vida "libre de enfermedad", es decir, lograr que las personas mayores estén sanas y no tengan que consumir demasiados fármacos.
A ello -recuerda- no solo contribuye la dieta, sino también la actividad física, el sueño, no fumar y, en general, practicar un estilo de vida sano.