Fumar es un hábito íntimamente relacionado con la pobreza, que además agrava esa condición, según afirmó la Organización Mundial de la Salud (OMS) en un informe presentado con motivo del Día Mundial sin Tabaco, que se celebra este lunes. En el documento, la OMS advierte que "en la mayoría de los países, y en particular en los países en desarrollo, la mayor parte de las personas que consume tabaco es pobre y a duras penas se permite consagrar una parte de sus pequeños ingresos familiares al tabaco".
En esta ocasión, en vez de intentar concientizar a la comunidad internacional de los efectos perniciosos de fumar sobre la salud, la OMS ha optado por denunciar el "círculo vicioso" que forman el tabaco y la pobreza. En muchos países, advierte, "el dinero que se dedica al tabaco no puede dedicarse a necesidades esenciales como la alimentación, el alojamiento, la educación y los cuidados sanitarios".
La organización no sólo denuncia esta "cultura del tabaco", que puede "agravar la pobreza de los fumadores y de sus familias", sino que establece, a partir de datos estadísticos, el principio de que el consumo generalizado de este producto "agrava la pobreza de los países", ya que les supone una enorme carga financiera, un aumento de la inversión sanitaria, una pérdida de productividad debido a la muerte prematura y a la enfermedad y un incremento de los daños sobre el medio ambiente.
A escala mundial, asegura la OMS, el 84 por ciento de los fumadores vive en países en desarrollo mientras que a nivel nacional el consumo varía en función de los grupos socioeconómicos. En muchos países, independientemente de su desarrollo, el consumo de tabaco es más elevado entre los pobres, para los que las repercusiones económicas y sanitarias del tabaquismo son especialmente graves.
Un estudio realizado en 1997 sobre la prevalencia del tabaquismo entre los hombres de Chennai, en India, mostró que los analfabetos representan las tasas más altas de consumo, de hasta el 64 por ciento. Este porcentaje se reduce en función de los años de escolarización, hasta situarse en el 21 por ciento en el caso de las personas que han estudiado más de 12 años.
En los países del primer mundo ocurre algo parecido. Un estudio llevado a cabo en el Reino Unido muestra que la proporción de fumadores en los estratos socioeconómicos más elevados es de apenas el 10 por ciento en el caso de las mujeres y del 12 por ciento en el caso de los hombres, mientras que alcanza el 35 por ciento en mujeres y el 40 por ciento en hombres de los grupos más desfavorecidos.
En Bangladesh, las personas con menos ingresos dedican 10 veces más al tabaco que a la educación y a nivel nacional los 10,5 millones de personas que sufren malnutrición podrían tener un régimen alimentario adecuado si dedicasen el dinero que gastan en tabaco a alimentos, señala la OMS. En India, muchos niños de la calle y sin hogar dedican más dinero a fumar que a la educación, la alimentación o el ahorro.
Marruecos es otro ejemplo de este desajuste. Allí, en el año 1999, el gasto doméstico en tabaco fue similar al gasto en educación. En Vietnam, los fumadores dedicaron 3,6 veces más al tabaco que a la educación, 2,5 veces más que a comprar ropa y 1,9 veces más que a cuidados sanitarios. (Agencias)